lunes, 27 de enero de 2014

Taller de lectura de Daniel Riera

Taller de lectura de Daniel Riera
Marzo a diciembre de 2014
Informes e inscripción:
danielcriera@gmail.com
Compartan, difundan, y sobre todo... anótense. 


viernes, 27 de diciembre de 2013

Dr. Tangalanga (1916-2013)




Este hombre es feliz cuando lo putean. Si lo putean mucho, quiere decir que ha hecho bien su trabajo; si lo quieren cagar a trompadas, mucho mejor todavía, quiere decir que lo ha hecho de manera inmejorable. Este hombre toma el teléfono, llama al prójimo y lo vuelve loco y así se gana la vida, y así ha grabado veinte discos con sus llamados y así se presenta en público, sentado frente a un teléfono, camuflado por una gorra, un par de anteojos y una barba postiza. Este hombre, según las estadísticas de su club de fans, ha usado más de setenta apellidos y estoy autorizado a revelarlos: el único de sus apellidos que no puedo revelar es el que figura en su documento nacional de identidad. El más famoso de sus setenta apellidos es, acaso, el más inverosímil, porque se supone que nadie puede creer que alguien se apellide Tangalanga y sin embargo este hombre, frente al teléfono, ha pronunciado con tal convicción su falso apellido que algunos interlocutores le han creído, y semejante proeza lo decidió a adoptar Dr. Tangalanga como su nombre artístico, aunque para eso debiera renunciar a seguir usándolo en sus bromas telefónicas y reemplazarlo por Tarufetti, Quintana, Gandolfi, Cantalupi, o algún otro que se le ocurra en el momento. Este hombre tiene ochenta y seis años, sesenta y dos años de casado, hijos, nietos y bisnietos. Este hombre atesora 1.200 grabaciones con sus bromas telefónicas.

El humor como alivio para el dolor.
Empecé en 1964, para levantarle el ánimo a un amigo que agonizaba en un hospital. Sixto estaba postrado, muy bien de la cabeza, pero postrado, las 24 horas en cama. Entonces lo iba a ver tres o cuatro veces por semana y él la pasaba bien, yo le contaba algún chiste... Sixto tenía un perrito y un día me dice este perrito, sabés la guita que nos cuesta, el veterinario nos cobra cualquier cosa, y me cuenta dos o tres cosas y yo le dije dame el número del veterinario que lo voy a llamar, y entonces él me dijo cuándo llames te va a atender la esposa, te va a decir está atendiendo a un paciente, el doctor está operando, y el doctor seguro que está con un perro. Entonces le dije mirá, me regalaron un grabador que tiene un aparatito que permite las grabaciones telefónicas, lo voy a estrenar mañana con el veterinario. Y llamé al día siguiente y fue tal cual me había avisado: cuando le dije a la mujer que quería hablar con el veterinario, el doctor Tarasiuk, me dijo que el doctor estaba atendiendo a un paciente, yo le dije:
–Bueno, dígale que habla Fiorito, porque él me dijo que el perro no tenía nada y el perro se está muriendo.
Y el tipo vino al teléfono.
–¿Quién habla?
–Fiorito, doctor. Usted me dijo que el perro no tenía nada y el perro se está muriendo.
–Yo no sé de qué animal me habla.
–No, no. Más animal será usted.
–Pero cómo me dice...
–Pero sí, usted qué va a ser veterinario, usted es un talabartero. Yo sé de un amigo que le llevó a revisar un canario y usted le dijo que tenía ictericia.
–Mire, dígame dónde está, que voy para allá y lo cago a patadas...
–Bueno, venga...  No, mejor no venga que tengo que salir.

Le llevé la grabación a mi amigo, y a él le sirvió para no tener que explicarle a las visitas cómo estaba. Ni bien entraba una visita, para que no le preguntaran, decía, escuchá esto... terminaban hablando del veterinario, de la mujer, del perro, pero al poco tiempo estaban podridos de escuchar siempre lo mismo y me dieron datos de otra gente: los empleados de un sanatorio, una partera, y así un año hasta que Sixto falleció.
Tras la muerte de su amigo, Tangalanga abandonó las bromas telefónicas. Tenía un buen empleo, como gerente de planificación de una empresa de jabones, desodorantes y pasta dental. Llevaba cuatro décadas en el rubro: entre 1938 y 1972 en una empresa; desde 1972, en la competencia, hasta que...

El humor como automedicación.
En 1980 enfermó de hepatitis y, si las bromas telefónicas habían servido para levantarle el ánimo a su amigo enfermo, Tangalanga pensó que ahora podría usarlas para levantarse el ánimo a sí mismo. Entonces arrancó de nuevo con sus grabaciones.
En 1985, alguna multinacional tuvo la feliz idea de inventar la doble casetera y los casetes del doctor Tangalanga comenzaron a circular en forma casera. En 1994, la primera empresa en la que trabajó el doctor absorbió a la segunda y así, a los 79 años, Tangalanga se quedó sin trabajo mientras su fama crecía boca a boca, casete a casete.

El humor como remedio contra la desocupación.
Un productor discográfico le propuso editar un CD con sus charlas. Tangalanga aceptó. Al poco tiempo había vendido ciento cuarenta y cinco mil copias. En la pared de su casa están los discos de platino que lo atestiguan. Grabé más discos que Luis Miguel, me dice, orgulloso, el doctor Tangalanga, y en ese mero dato estadístico no hay ningún motivo de orgullo. Lo verdaderamente importante es que los discos del doctor Tangalanga son mucho mejores que los de Luis Miguel. Luis Alberto Spinetta, por ejemplo, no invitaría a Luis Miguel a comer a su casa, pero a Tangalanga sí. Spinetta es un reconocido fanático del doctor, la única persona en el mundo con la que puede sostener un diálogo cómo el que sigue.
Spinetta: Hola, cómo está, lo llamo para contarle que voy a estar en el teatro Colón.
Tangalanga: ¿Vas a barrer?
Spinetta (muerto de risa): No, voy a estar de acomodador. ¿Quiere que guarde algunas entradas?
Tangalanga: Bueno, guardame treinta, cuarenta... Yo las revendo.

Desde mediados de los 90, Tangalanga se gana la vida con sus conversaciones. Su último cd, grabado este año, se llama ¿En qué sentido me lo dice? Le pido que me revele una conversación inédita. Me muestra una con el infortunado dueño de un taller mecánico.

–Mire, un hermano mío le llevó a arreglar el auto la semana pasada, porque el tren delantero no andaba bien. Y ahora anda con unas dificultades bárbaras, se mueve el volante para todos lados.
–¿Cómo se llama?
–Quintana.
–Yo no recuerdo ningún Quintana.
–Claro, a usted no le conviene recordar ningún Quintana, porque usted el arreglo lo hizo para la mierda.
–No, mire, yo estoy hablando correctamente. De manera que usted fíjese cómo me habla.
–Le dije “mierda”, porque lo arregló cómo la mierda.
–No ve que usted me habla de una manera que...
–Y cómo mierda le voy a hablar, querido amigo, le arregló el tren delantero que... Yo creo que el tren delantero del auto lo hubiera arreglado mejor un dentista.
–¿Cómo me dice esa barbaridad?
–¿Qué barbaridad? Si este coche que tiene mi hermano es un cochazo. Es para cinco pasajeros: uno maneja y los otros cuatro empujan.
–¿Cómo que...
–Sí, lo único que no hace ruido en el auto es la bocina.
–¿Pero por qué no se va a la puta que lo parió?
–¿En qué sentido me lo dice?

El más inofensivo y simpático de los psicópatas revela sus secretos y hay que aprovechar esta oportunidad. Le pregunto cómo encara un llamado cuando carece de datos sobre sus interlocutores. La pinturería, me responde, la pinturería no falla. Es más o menos así:

–Hola...
–Hola, cómo le va, le hablo de la pinturería, por el presupuesto que usted pidió...
–Disculpe, señor, debe ser número equivocado, porque aquí no pedimos ningún presupuesto...
–Bueno, me refiero al presupuesto que usted pidió más o menos hace quince días...
–Disculpe señor, le repito que no hemos pedido ningún presupuesto...
–Mire, yo entiendo la situación económica. Si usted me pidió ese presupuesto hace quince días y ahora tiene problemas para pagarme, no se haga problemas que nosotros vamos a entender su situación y lo puede pagar en cuotas...
–No, señor, a ver si nos entendemos, yo no pedí ningún presupuesto...
– Mire, no se haga el pelotudo, le repito que si tiene algún inconveniente...

... y ahí el tipo, como es lógico, empieza a engranar. Alguien que no conoce lo trata de pelotudo y le quiere sacar plata.

El humor de y para los reverendos hijos de puta.
Un cardenal primado de la Argentina, monseñor Antonio Quarracino, cuestionado por su complicidad con la última dictadura militar y por muchas otras cosas, pasó sus últimos días escuchando un casete light de Tangalanga preparado a pedido, sin puteadas.

En los viajes internacionales de Carlos Menem podían faltar, a veces, los best sellers de Morris West, pero jamás podían faltar los casetes de Tangalanga. Un semanario argentino publicó fotos de Menem en el avión presidencial que prueban lo que digo. Tangalanga me mostrará esas fotos, pero al día siguiente –acaso para dejar en claro que no lo enorgullecen demasiado– me contará el siguiente chiste:
Un hombre se disfraza con una sotana y una máscara con la cara de Menem. Cuando llega a la fiesta, el anfitrión le pregunta:
–¿De qué te disfrazaste?
–De reverendo hijo de puta.

El humor y la fama.

De la mano del éxito de sus grabaciones, a los 80 años, el doctor Tangalanga llegó a la radio y a la televisión. Se puso una gorra con su nombre, un par de lentes y una barba postiza. Recaló con sus llamados y sus chistes en algunos programas muy populares de la televisión argentina: Peor es nada, Teleshow, Café Fashion, y en diferentes ciclos de la FM Rock & Pop. Hasta el año pasado estuvo en tevé. Lo malo de la fama, dice, es que tres de cada diez personas que llamo me reconocen la voz, pero bueno, todavía me queda un margen para trabajar.
Antes, mucho antes que sus grabaciones se hicieran públicas, el hombre que ahora conocemos como Doctor Tangalanga debutó en el teatro de revistas. En 1984, desde el escenario del mítico teatro Maipo, la actriz y vedette Norma Pons preguntó algo si no habría entre el público un caballero que se animara a contar un cuento. Él, desinhibido gerente de planificación de una prestigiosa compañía, se animó. Arrancó con el de un amigo que le pregunta al otro:
–Cuando vos terminás de hacer el amor, ¿hablás con tu mujer?
–Y, mirá, si tengo un teléfono a mano...

Entonces, ante las carcajadas del público, Norma Pons dijo bueno, señor, era uno solo, pero si tiene otro tan bueno y tan cortito como ese, cuéntelo.
Esa noche, diez años antes de ser famoso, Tangalanga contó cuatro cuentos más, que se acuerda de memoria. Por estrictas cuestiones de espacio, me limitaré a transcribir dos, tal cual él me los contó.

Había un tipo que iba a 1000 kilómetros por al Panamericana, agarró la banquina, dio cuatro vueltas en el aire y fue a parar al hospital. Pobre tipo, le tuvieron que amputar ambas piernas. A la mañana siguiente el tipo se despierta sin saber lo que le pasó y ve a su alrededor otra cama, otra cama, otra cama, y entonces entra el médico y le dice:
–Señor le tengo que dar dos noticias: una buena y otra mala. La mala noticia es que le tuvimos que amputar ambas piernas.
–No me diga. Pero cómo...
–Sí, pero ojo, no se me ponga así, le dije que hay una buena: el de la cama 14 le quiere comprar los mocasines.

Entonces, recuerda Tangalanga que alguien dijo, che, pero eso es humor negro, y Tangalanga le contestó:
–No, humor negro, lo que se dice humor negro es el de la carrera de natación para discapacitados, que había un tipo al que le faltaba una pierna, otro al que le faltaba un brazo, otro todo torcido, y en eso aparece uno al que le faltaban los dos brazos y las dos piernas. El organizador, sorprendido, le dice:
–Qué, ¿Quiere participar?
–Oíme, ¿no es para discapacitados? ¿Qué más querés?

Largan, entonces, este va a parar al fondo de la pileta, se hunde, no salía nunca. Se tiran dos tipos, uno de ellos lo agarra, lo saca, lo levanta, le dice:
–¿Qué te pasó?
–Me agarró un calambre.

Estuve muy suelto, muy espontáneo, en la gloria, me hubiera quedado toda la noche arriba del escenario, tanto que la gente me miraba, creo que desconfiaban, que pensaban que estaba todo arreglado, que yo no era alguien del público, y qué va a estar arreglado, si yo soy pelado, con anteojos, sin maquillaje, cara de boludo...

El humor delivery
Todos los meses, el doctor Tangalanga hace espectáculos, teléfono en mano, en un conocido auditorio de la calle Corrientes. Los espectadores le alcanzan al escenario papeles con los teléfonos y los rasgos particulares de quienes serán burlados. Cada tanto, en sus shows participa, también, la señorita Vilma. ¿Quién es Vilma? La dueña de una santería que honró el oficio del bromista puteándolo durante exactos ocho minutos y medio durante los cuales Tangalanga casi no pudo meter ni un bocadillo. Tanto lo impresionó el enojo de esta mujer y la inventiva enorme que desplegaba para injuriarlo de todas las maneras posibles (escuché la grabación: ruego me disculpen la pudorosa decisión de no reproducirla) que Tangalanga la quiso conocer personalmente y se hicieron amigos. 
A su vez, Tangalanga anima casamientos, cumpleaños, fiestas privadas, lo que venga. En este caso, la mecánica es distinta: durante la semana previa a la fiesta, el o los anfitriones le proporcionan datos sobre cuatro o cinco invitados, y Tangalanga los llama, los graba, los hace enojar todo lo que puede. Durante la fiesta, las víctimas conocerán en persona a su victimario y serán, de paso, el hazmerreir de sus amigos. Como le pasó hace poco, en una reciente fiesta de médicos, a un pobre cardiólogo.
–Sí, señor, ¿usted es el cardiólogo?
–Así es. ¿Qué desea?
–Mire, lo estoy llamando porque me dice mi mujer que al momento de auscultarla usted le apoyó la oreja sobre la teta...
         –Mire, me está ofendiendo, yo soy un profesional con más de treinta años...
         –Me imagino entonces la cantidad de veces que habrá apoyado la oreja sobre alguna teta...
          –Señor, por favor...
           –La cantidad de tetas...

El humor como alivio para el dolor (II).

Se me ocurre decirle que no advierto en él nada parecido al mito del payaso Garrick, nada de eso del humorista como un tipo triste, un amargo irredimible que hace reír a los demás y no puede con sí mismo. Nada que ver, dice, nada que ver. Lo que pasa es que yo no soy un humorista, soy un laburante que se metió a hacer esto de casualidad. Además, durante toda la vida integré cooperadoras de hospitales. Por lo menos una vez por semana, entre 1946 y 1990, visité un hospital, y pasé tres fines de año en el Hospital de Radiación, rodeado de gente con cáncer a la que le llevábamos champagne, sandwiches, bombones, un tipo que tocara la guitarra. Todo eso enseña a vivir: en los hospitales ves cosas que evitan que seas un pelotudo que se hace mala sangre porque llega tarde al cine o porque hay un embotellamiento de tránsito. Todo eso enseña a vivir, repite, y evita que seas un pelotudo que se hace mala sangre por cualquier cosa. 

(Publicado en Soho, Colombia, en algún momento de 2003)

jueves, 26 de diciembre de 2013

lunes, 16 de septiembre de 2013

La Anticlase 2013 (falta menos y quedan pocas vacantes)

Ojalá que nos veamos en octubre. La Anticlase. Algunas ideas sobre la crónica periodística. Seminario/taller de Daniel Riera. Octubre y noviembre. Los Chisperos. Carlos Calvo 240.
Informes e inscripción: danielcriera@gmail.com

sábado, 10 de agosto de 2013

La Anticlase 2013


La Anticlase
Algunas ideas sobre la crónica periodística
Seminario/taller de Daniel Riera
En Los Chisperos
Carlos Calvo 240

Octubre y noviembre
Informes e inscripción: danielcriera@gmail.com

jueves, 20 de junio de 2013

¡Mavrakis contra el establishment!

Leo que Nicolás Mavrakis escribió esto:
http://revistapaco.com.ar/2013/06/19/la-cronica-esta-desnuda-2/




Una amiga me da manija para que le conteste. En general no le doy bola a las cosas que se dicen sobre mí, cada cual tiene derecho a pensar lo que quiera, pero hoy no andaba con ganas de comerme galletitas, así que va la respuesta.


Escribí sobre los obreros del algodón explotados en el Chaco, sobre los ex combatientes de Malvinas que se suicidaban y los que estaban en eso (fuimos los primeros en hacer una nota al respecto, con mi amigo Juan Ayala), sobre el apagón de Ledesma durante la dictadura, sobre el Operativo Independencia y sus ecos en el siglo XXI en Famaillá , sobre El Perro Santillán, sobre la CTA en un día de paro nacional, sobre la huelga de hambre de los presos de La Tablada, sobre el asesinato de Kosteki y Santillán, sobre la explotación de los obreros de la vendimia mendocina y un largo etc. Cofundé y coedité la revista Barcelona durante 10 años. Dirijo una colección de crónica periodística en una pequeña editorial independiente. El primer título que edité fue La patria fusilada, de Francisco Urondo. La edición original la había hecho la revista Crisis, en 1973. Cuando la reedité, en 2011, el libro llevaba 23 años fuera de catálogo.
 En 2011 me invitaron a un encuentro sobre crónica periodística denominado Narrativas de la realidad, en el Centro Cultural de España. Un día antes, me enteré que estaría presente en la sala el ministro de Cultura de la ciudad, Hernán Lombardi: de haberlo sabido antes, no habría asistido. El día del encuentro distribuí entre el público el listado de asesinados el 20/12/01 por el gobierno de De la Rúa y una nota sobre la escandalosa cesión del edificio del Padelai al CCEBA, me levanté y me fui. El video está en Internet. 
Me tengo que fumar que un boludo que no sabe nada sobre mí califique a mi trabajo de apolítico y solipsista solo porque escribí un libro sobre los ventrílocuos argentinos y sobre mi propia experiencia como ventrílocuo. Todo bien, Mavrakis, hacé lo que quieras: los periodistas que tratamos de ejercer nuestro oficio (fijate que no le pongo itálica como vos: no me molesta para nada que se trate de un oficio)  preferimos tomarnos el laburo de averiguar antes sobre qué estamos hablando. Si eso es "amor por el conocimiento", ponele, tenemos más amor por el conocimiento que vos. 
Dentro de dos meses me voy a hacer, de onda, un documental sobre un pibe al que mató la policía y sobre la complicidad del poder político y judicial para encubrir el crimen.  Esto último no tenías por qué saberlo, claro. Todo lo anterior, ya que me ibas a poner en la bolsa de los “apolíticos”, sí. A lo mejor me llamaste así porque te resultaba funcional a la idea de la crónica periodística como aristocracia de la subjetividad financiada por el poder, enfrentable desde tu lógica binaria al “espíritu ácrata del escritor” (¿¿¿???) (¿De cuál escritor? ¿Todos tienen espíritu ácrata? ¿Estás muy seguro?)
Es curiosa esta defensa de  Twitter y YouTube, los drones y sarasa como los únicos lugares por donde pasa la vida, fuente central de tus argumentaciones, desde una revista fundada hace cuatro décadas por Eduardo Galeano y Juan Gelman, una revista contra la cual no tengo nada, en la medida en que yo mismo fui uno de los editores de los primeros 3 números de la etapa actual. ¿Por qué las publicás en Crisis y no solo en Paco? Porque te da un poquito de prestigio y porque te tiran unos mangos. Es corta la bocha.
Deberías ponerle, de todos modos, un poco más de onda a tus ensayitos.  La disquisición entre  “los escritores que hacen periodismo” y “los periodistas que hacen literatura” es desopilante.  (¿Cómo se medirá, digo yo?¿Quién tiene la vara para medir esas cosas? ¿Vos? Sonia Budassi, por ejemplo, que escribió dos libros de cuentos y dos libros periodísticos y trabaja en Anfibia: ¿qué sería? ¿Una escrirista, una periotora?)  La vida y el laburo de la gente son  un poco más complejos que los casilleros donde intentan meterla los Mavrakis de este mundo.
No me interesa nada defender  a Anfibia, un sitio en el cual escribí una vez una nota (fijate que no la llamo “crónica”: como ves, no pertenezco a una secta fundamentalista).  Repito -con un énfasis que sabrás entender- que no tengo nada que ver con Anfibia, pero ¿no es un poco deshonesto intelectualmente, un poco manipulador, digo, contar que allí solo escriben sobre coleccionistas de acordeones? ¿No salió ahí la mejor nota que se hizo denunciando que la cantidad de muertos de las inundaciones de La Plata era mucho mayor que la que daba el gobernador Scioli?
 Pero realmente, Mavrakis,¿no es un poco botón, en el mejor de los casos, discutir sobre el uso del dinero de los contribuyentes en un producto periodístico? Suena a tía cacerolera que se queja de que 6/7/8 esté en la tv pública. Decís que mantienen el dato en secreto. Entro en el sitio para ver si es cierto, y veo que en el ángulo superior derecho están los logos de la FNPI y la UNSAM. ¿Qué más querés que hagan? ¿Qué digan: “Estos logos están acá porque esta gente nos pone la tarasca”? Chequeá un dato, Mavrakis, uno. Yo sé que eso lo hacen los periodistas y que el periodismo ya fue, pero copate, dale. Chequeá un dato, dale, porque si no cualquiera podría pensar que estás mandando fruta.
El sistema de becas, clínicas y fundaciones que “denunciás” cual Elisa Carrió  rige en todos los ámbitos de la vida cultural.  No hay inocencia, claro: se usa para lavar plata, para mejorar la imagen de las empresas, para hacer política, etc. Bienvenido al capitalismo. ¿Preferías a los mecenas?  Apuesto a que las fundaciones  gastan más guita en “Instalaciones” o en “Música contemporánea” que en crónica periodística. No me parece bien, no me parece mal, no me parece nada.
Debo decirte para que te quedes tranquilo que los Reyes Magos no existen y que no hay tal caja financiadora de crónicas, al menos no en la Argentina. La gente que labura todos los dias en un diario o en una revista no tiene tiempo para escribirlas: se las piden a colaboradores externos a los cuales rara vez les paguen más de $1500 por no menos de dos o tres semanas de trabajo. Y estoy hablando de un pago top pero top: según leo, en la discusión paritaria actual las empresas periodísticas ofrecieron un mínimo de $150 (la décima parte) a los colaboradores. Como ves, los números no dan.
Cada cual labura dónde puede y cómo puede. Nadie tiene por qué hacerse cargo de quiénes ponen la guita, porque esto se llama capitalismo y si nos ponemos en brígidos nadie podría laburar en ningún lado. Desde el año pasado, mi amigo Juan Ayala , con el cual –te había contado más arriba- escribí una apolítica crónica sobre el suicidio de los excombatientes de Malvinas, viene reclamando con los vecinos de su barrio, Valentín Alsina, que se investigue si en las instalaciones de la vieja fábrica de frazadas Campomar funcionó un Centro Clandestino de Detención.  Juntó un montón de testimonios, entre ellos el de un sobreviviente que fue torturado allí. Pero nadie le da bola. Hay una empresa que está construyendo un complejo inmobiliario sobre las ruinas del centro clandestino de detención. Se llama Electroingeniería y financia la revista Crisis.  Me parece que no lo dice en ningún lado, pero creéme, es posta, yo laburé ahí hace un par de años. De ahí va a salir la guita que pagará tu denuncia sobre el establishment de la crónica.


martes, 18 de junio de 2013

El diálogo cortés

"

   En su libro Las sagradas escrituras, Héctor Libertella analiza el párrafo del prólogo de Borges a Las ratas (la novela de José Bianco) citado en el post anterior. Escribe Libertella: "Ese lector deseante -mecenas, Papa, rey, cacique, dictador- viene a definir otro modo de leer que hace de la literatura una práctica silenciosa entre dos en un palacio. No la comunicación generalizada, de mercado, que va de mí a mi público, sino el diálogo cortés entre un escritor y las expectativas sintácticas y dispositivas de quien decidió acomodarse a él."

lunes, 17 de junio de 2013

Jorge y Pepe





   "Todo, en Las ratas, ha sido trabajado en función del múltiple argumento. Es de los pocos libros argentinos que recuerdan que hay un lector: un hombre silencioso cuya atención conviene retener, cuyas previsiones hay que frustrar, delicadamente, cuyas reacciones hay que gobernar y que presentir, cuya amistad es necesaria, cuya complicidad es preciosa. 'Necesito pensar en un lector, en un hipotético lector, que se interese en los hechos que voy a referir', leo en el segundo capítulo. ¿Cuántos escritores de nuestro tiempo sospechan esa necesidad? ¿Cuántos, en vez de interesar al lector, no se proponen abrumarlo e intimidarlo?"

Jorge Luis Borges, en el prólogo a Las ratas, de José Bianco.

domingo, 16 de junio de 2013

¿Los culpables de cuál crimen?



 No me importa demasiado si el asesino de Ángeles Rawson, la adolescente de la calle Ravignani, fue el padrastro o el portero o Mauro Viale o Cadorna.
O por lo menos, no tanto como para vivir en Cadena Nacional a la espera de la aparición definitiva del asesino y la resolución del caso. O por lo menos, no tanto como el asesinato del hincha de Lanús Javier Martín Gerez a manos del capitán de policía Roberto Lezcano, quien le disparó a quemarropa hace menos de una semana en la puerta del Estadio Único de la Plata y ya está en libertad porque la jueza Marcela Garmendia juzgó que lo suyo había sido un "homicidio en legítima defensa".
O por lo menos, no tanto como el choque de trenes que dejó tres muertos en Castelar, un año y cuatro meses después de la tragedia de Once. (Los muertos se llaman Ezequiel Agustín Vargas, María Laura del Zompo y Cristian Darío Núñez, y a casi nadie le resultan tan familiares sus nombres como el de Ángeles Rawson.)
 O por lo menos, no tanto como la denuncia de Paolo Menghini, según la cual el mantenimiento de los trenes del Sarmiento está a cargo de la empresa Enfer, propiedad de los hermanos Cirigliano, ex dueños de TBA. Al cabo de 25 años de periodista y de 10 en la revista Barcelona, no voy a descubrir con ingenuidad adolescente, cual si fuera la pólvora, que los medios orientan nuestra sensibilidad y nuestros intereses. Pero el terrorismo de Estado y la negligencia que provoca muertes siguen pareciéndome más, mucho más importantes que el "caso Ángeles", que dicho sea de paso hoy salió en la tapa del siempre tan progre Página/12. A veces la lobotomía se nota demasiado y entonces uno se hincha las pelotas, recuerda que tiene un blog medio olvidado, y ya que está, lo usa.

martes, 16 de abril de 2013

10 años, hasta siempre

Yo estuve allí. Fue un placer, un honor y un orgullo. La vida traerá otras aventuras, pero nunca olvidaré ésta, la mejor revista en la que trabajé jamás, que seguirá sorprendiéndome, ahora en mi nuevo papel de simple lector. 

viernes, 28 de diciembre de 2012

Libros

Libros para escribir, libros para publicar y, sobre todo, libros para leer. En los tres casilleros hay libros. No pinta mal el 2013. De a poco se irán acomodando los melones en el carro.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La Vanguardia de la Ventriloquia despide el año

Paco y Oliverio Enterprises
presenta
a sus artistas exclusivos
Paco y Oliverio
en:
World Tour Interruptus
Viernes 23 de noviembre, 21 hs.
Actrimúsicas: Ivanna Candela Olsen, Candela Reynoso
Guitar Hero: Marcos Matarazzi
Fotos video: Mariano Lucano
Asistente de Dirección: Rodrigo Moloney
Dirección: Milagros Ferreyra

¡Si no venís, estás en cualquiera!
Los Chisperos. Carlos Calvo 240
Reservas: loschisperos@gmail.com

martes, 13 de noviembre de 2012

Estefania Heit: archivos desclasificados.

To: danielcriera@gmail.com
Subject: RE: consulta
Date: Thu, 11 Oct 2012 17:30:05 +0000

Daniel: te cuento.... te reserve el viernes 10 hs de la mañana para que presentes tu libro y realices algún espectáculo pequeño te parece?... despues un stand para que muestres tus libros. Necesitaria que vengas el viernes (saldrias de B.A. el jueves a la noche, llegas a las 6 hs) te busco, te llevo al hotel y a las 9, 930 vas a la feria. Dormis en el hotel, tenes un stand si queres y volverias el sabado a las 21 hs en el micro.

Todo bien, o sea, Estefania Heit me hubiera pasado a buscar el viernes 12 de octubre a las 6 de la mañana por la terminal de Coronel Suárez. Hubiéramos viajado en su auto: tal vez la hubiera acompañado su inquietante esposo, tal vez no.