viernes, 26 de diciembre de 2008

viernes, 12 de diciembre de 2008

¡Aguante Sergio!

PROTESTA ANTE UN ACTO DE CENSURA OFICIAL

El diario El País de Madrid ha iniciado la publicación de una serie de antologías de los más renombrados poetas hispanoamericanos, bajo la dirección de José Manuel Caballero Bonald. Entre los poetas escogidos para tener un libro en esta serie, se hallaba el nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998), y el prólogo correspondiente fue encargado a su compatriota Sergio Ramírez.
El gobierno de Nicaragua, que reclama ser dueño de los derechos de autor del poeta fallecido, ha vetado a Sergio Ramírez como prologuista, condicionando la autorización de la publicación de la obra a que sea sustituido. Tanto el diario El País, como el propio Caballero Bonald, han rechazado esta pretensión, y en consecuencia la antología de Martínez Rivas ha sido retirada de la serie, con lo que su espléndida poesía es impedida, por causa de una acción arbitraria, de llegar a decenas de miles de lectores.
Los participantes en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que firmamos este pronunciamiento, denunciamos este inaudito acto de censura oficial al escritor Sergio Ramírez, que de paso lo es a la obra de Carlos Martínez Rivas, y lo condenamos con toda energía. Ningún gobierno puede arrogarse la potestad de vetar o prohibir la palabra de un escritor, y un acto semejante no puede calificarse sino de totalitario.
Invitamos a otros escritores, intelectuales, artistas, periodistas y editores, a sumarse a este pronunciamiento.

Guadalajara, diciembre de 2008.

(Los nombres aparecen en el orden en que las adhesiones se han sumado)



Gabriel García Márquez (escritor, Colombia)
Carlos Fuentes (escritor, México)
Fernando Savater (filósofo, España)
Juan Gelman (poeta, Uruguay)
Gonzalo Celorio (escritor, México)
Tomás Eloy Martínez (escritor, Argentina)
Carlos Monsivais (escritor, México)
Joaquín Sabina (cantautor, España)
Ángeles Mastreta (escritora, México)
Basilio Baltasar (escritor, España)
Antonio Skarmeta (escritor, Chile)
Luis Yánez (eurodiputado socialista, España)
Héctor Aguilar Camín (escritor, México)
Luisa Valenzuela (escritora, Argentina)

Eliseo Alberto (escritor, Cuba)
Adolfo Castañón (escritor, México)
Julio Ortega (Universidad de Brown; crítico literario, Perú)
Rosa Regás (escritora, España)
Marco Antonio Campos (poeta, México)
Ariel Dorfman (Universidad de Duke; Chile)
Santiago Roncagliolo (escritor, Perú)
Margot Glantz (escritora, México)
Jorge Volpi (escritor, México)
Sealtiel Alatriste (escritor, México)
Francisco Goldberg (escritor, Guatemala/Estados Unidos)
Hernán Lara Zavala (escritor, México)
Héctor Abad Faciolince (escritor, Colombia)
Alberto Ruy-Sánchez (escritor, México)
Natalio Botana (periodista, Argentina)
Carlos Franz (escritor, Chile)
Rogelio García Lupo (periodista Argentina)
Hermenegildo Sabat (periodista, Uruguay)
Rosa Conde (socióloga, España)
Alma Guillermo Pietro (periodista, México)
Nuria Amat (escritora, España)
Marcelo Uribe (escritor, México)
Luis García Montero (escritor, España)
Carmen Boullosa (escritora, México)
Carla Guelfenbein (escritora, Chile)
José Miguel Oviedo (crítico literario, Perú)
José Claudio Escribano (periodista, Argentina)
Juan Gabriel Vásquez (escritor, Colombia)
Xavier Velasco (escritor, México)
Almudena Grandes (novelista, España)
Arturo Lafontaine (escritor, Chile)
Horacio Castellanos Moya (escritor, El Salvador)
Carlos Wynter (escritor, Panamá)
Luis Rafael Sánchez (escritor, Puerto Rico)
Gioconda Belli (escritora, Nicaragua)
Ignacio Solares (escritor, México)
Edgardo Rodríguez Juliá (escritor, Puerto Rico)
Rafael Rojas (escritor, Cuba)
William Ospina (escritor, Colombia)
Héctor Feliciano (escritor, Puerto Rico)
Gumersindo Lafuente (periodista, España)
Samuel Rovinski (escritor, Costa Rica)
Rosental Calmon Alves (periodista, Brasil)
Ricardo Corredor (periodista, Colombia)
Vittorio Colombo (académico, Italia)
José Carlos Rovira (escritor, España)
Arturo Echavarría (crítico literario, Puerto Rico)
Sergio Michilini (pintor, Italia)
Noé Jitrik (escritor, Argentina)
Seymour Menton (Universidad de California, Irving; Estados Unidos)
Mayra Santos (escritora, Puerto Rico)
Jens Lohmann (Presidente del Pen Dinamarca)
Benjamín Prado (escritor, España)
Abraham Nuncio (escritor, México)
Arcadio Diaz Quiñónez (Princeton University; Puerto Rico)
Daniel Riera (periodista, Argentina)
Alba Scar (Western Connecticut State University, Estados Unidos)
Antonio López Ortega (periodista, Venezuela)
Sheila Candelario (Fairfield University; Puerto Rico)
Francisco Solares Larrave (Universidad de Illinois; Guatemala)
Javier Campos (Universidad de Fairfield; Chile)
P. Ángel Darío Carrero (escritor, Puerto Rico)
Carlos Meneses (escritor, Perú)
Hermann Schulz (editor, Alemania)
Arturo Arias (escritor, Guatemala)
Luce López-Baralt (Puerto Rico)
Francis Pisani (periodista, Francia)
Victoria De Stefano (escritora, Venezuela)
Cristina Peri Rossi (escritora, Uruguay)
Mercedes López-Baralty (crítica literaria, Puerto Rico)
Clara Sánchez (escritora, España)
Antonio Melis (escritor, Italia)
Luis Marcelino Gómez (Universidad de North Caroline; Cuba)
Agata Orzeszek Sujak (traductora, Polonia)
Alexis Márquez (escritor, Venezuela)
Fernando Valverde (poeta, España)
Alicia Borinsky (Universidad de Boston; Argentina)
Miguel Ángel Herrera (crítico literario, Costa Rica)
Edmundo Paz Soldán (novelista, Bolivia)
Gloria Guardia de Alfaro (Vice Presidenta Pen Internacional; Panamá)
Edda Armas (Presidenta del Pen Venezuela)
Festival Internacional de Poesía Ciudad de Granada (España)
Román Piña Vals (escritor, España)
Hortensia Campanella (escritora, Uruguay)
María Lourdes Cortés (cineasta, Cinergia, Costa Rica)
Daniel Rodríguez Moya (poeta, España)
Raquel Huerta Nava (poeta, México)
Freddy Lepage Scribani (periodista, Venezuela)
Julio Mendivil (musicólogo, Universidad de Colonia; Perú)
Emilio Figueredo (periodista, Venezuela)
Francisco Pérez de Antón (escritor, Guatemala)
Luis Beiro (periodista, República Dominicana)
Miguel Ríos (cantante, España)
Milena Rosales (poeta, España)
Carlos Cortés (novelista, Costa Rica)
José Carlos Rosales (poeta, España)
Jorge F. Hernández (poeta, México).
Miguel Huezo Mixco (escritor y editor, El Salvador)
Mecker G. Möller (Universidad de Nebraska; Estados Unidos).
Carlos Armando Figueredo (periodista, Venezuela)
Ricardo Silva Romero (escritor, Colombia)
Daniel Centeno (escritor, Venezuela)
Jaime Ordóñez (sociólogo, Costa Rica)
Nathalie Besse (investigadora literaria (Francia)
Erick Rivera (periodista, El Salvador)
Cecilia Palma Jara (escritora, Chile)
Roberto Díaz Castillo (escritor, Guatemala)
Ana Gabriel (escritora, México)
Ione Carvahlo (activista cultural, Brasil)
Juan Cameron (poeta, Chile)
Leda García (poeta, Costa Rica)
Winston Manrique Sandoval (periodista cultural, España)
Juan Carlos Gómez Recinos, escritor, (México)
Manuel Castro Rodríguez (periodista, Panamá)
David Unger (City College, Nueva York)
Francisco Javier Sancho Mas (escritor, España)
Soledad Altamirano Murillo (poeta, Honduras)
Ricardo Alfaro (jurista, Panamá)
Ruth Toledano (periodista, España)
Francesc Puértolas (escritor, España)
Roberto Lovera De-Sola (critico literario, Venezuela)
Jacinta Escudos (escritora, El Salvador)
Gisela Kozak (escritora, Venezuela)
Ilca López (cantante lírica, Puerto Rico)
Juan Antonio Medina (Universidad Pedagógica, Honduras).
Raúl Figueroa Sarti (escritor, Guatemala).
Luis Cárcamo Huechante (Universidad de Harvard; Perú)
Erick Nepomuceno (escritor, Brasil)
June Erlick (Universidad de Harvard; Estados Unidos)
Sylvia Molloy (Universidad de Nueva York; Argentina)
José Javier Villarreal (poeta, México)
Guillermo Jaim Etcheverry (académico, Argentina)
Lucrecia Méndez de Penedo (escritora, Guatemala)
Marisol Palés (editora, España)
Roberto Cohen (escritor, Estados Unidos)
Thelma Nava (poeta, México)
Peter Hattink (periodista, Bélgica)
Oscar Castillo Rojas (editor, Costa Rica)
Saúl Sosnowski (Universidad de Maryland; Argentina)
José Zepeda (periodista, Holanda)
Rafael Cadenas (escritor, Venezuela)
Anabella Giracca (escritora, Guatemala)
Minerva Villarreal (poeta, México)
Rafael Ángel Herra (filósofo Costa Rica)
Daniel Santoro (periodista, Argentina)
Iosu Perales (periodista, España)
Julieta Dobles (escritora, Costa Rica)
Jaime Francisco Barba (escritor, El Salvador
Oscar Castillo (cineasta, Costa Rica)
Héctor Perea (escritor, México)
Francisco Alarcón (poeta, Venezuela)

La fiesta de los ciclos literarios

Lucas Funes Oliveira, factótum de esta saludable movida, me invitó en mi carácter de ministro de Relaciones Exteriores de LeeMUs. Allí estaré. Paso la invitación a todo el mundo.


¿Qué tenés en la cabeza?
Cierre de ciclos literarios 2008 o La noche de las lecturas.
En la ciudad de Buenos Aires hay más de cuarenta ciclos literarios hechos por la voluntad de personas que se toman el trabajo de organizarlos y por la del público que elige asistir. Estos ciclos tienen en común tres palabras: público + organizadores + literatura.Y los eventos que se generan son de todo tipo. Hay de los que toman agua mineral y tosen; que se emborrachan y no se les entiende; que incluyen música en vivo, teatro, performance; que incluyen entrevistas; que leen; que cuentan; que discuten; que tienen autoras y autores consagrados o que no los va a ver ni la novia, que no los lee ni el novio, que se hacen en bibliotecas, en museos o en centros culturales; en bares, esquinas, boliches, casas; que son de poesía, cuento o novela; que son gratis; que cobran; que son divertidos; que no.Son ciclos literarios, hechos para que escritores y lectores se junten, se conozcan, se escuchen, se mezclen, para que no sean siempre los mismos libros los que circulan, para que también se vendan y se lean los que las librerías no exhiben, para que se caigan las barreras, los prejuicios, la invisibilidad. Por todo esto, y porque nos gusta festejar un año de encuentros, decidimos juntarnos a celebrar y darnos abrazos. El martes 16 de diciembre, desde las 19 hs., estaremos en el Centro Cultural ZAS (Moreno 2320, Balvanera), compartiendo la fiesta que pudimos construir. Ojalá vengan y se sientan parte.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Carne argentina en La Tribu


Anoche la pasé fantástico leyendo el Bizarro en el ciclo Carne Argentina,en el auditorio de La Tribu. Le robo una foto a los organizadores: el resto se puede ver en la página de ellos. Un amigo prometió videos. Aquí, la gente que hace el ciclo cuenta cómo fue todo. Al final, además, me regalaron un ejemplar del Manual sadomasoporno, de Alberto Laiseca. ¡Muchas gracias!

Lesbianismo y represión en El pozo de la soledad

Alguna vez escribí una monografía para Literatura inglesa, en la Uba, sobre esta novela. Luego intenté convertir aquel texto en una nota periodística, sacarle un poco de Academia y ponerle un poco de onda para publicarla en una revista. La carta del editor, justificadamente espantado, me hizo notar que no lo había logrado. De tanto en tanto, vuelvo a intentarlo: esta debe ser la cuarta o quinta versión. Lo importante son las razones por las que vuelvo: El pozo de la soledad es una novela imprescindible, a mi entender una de las obras fundamentales del siglo XX. Como la gente que discrepa de mi opinión es tanta y tan importante, trato de esmerarme para defenderla. Ahí va.


Convengamos que Radclyffe Hall no es una figura simpática. Esa mujer que se vestía de hombre, esa antifeminista que creía en la superioridad masculina, que simpatizaba con los movimientos fascistas, que detestaba por igual a los negros y a los judíos, no es del tipo de personas que uno invitaría a tomar un café. Convengamos, también, que no hace falta invitarla a tomar un café para leerla y disfrutarla, y que vale la pena leerla porque Radclyffe Hall escribió uno de los libros necesarios del siglo XX. Me refiero a El pozo de la soledad, la primera novela lésbica de la historia, la más maldita y la más perseguida. Cuando digo que es un libro necesario, quiero decir que no es una de esas intrascendencias “bien escritas” con las que nos topamos de tanto en tanto. El pozo de la soledad es todo lo contrario de eso. Es una apasionada y apasionante novela escrita para molestar.

Stephen, la invertida

Stephen Gordon es una mujer. Sus padres soñaban con un varón, pero la tuvieron a ella. Le pusieron a su hija el mismo nombre que habían elegido para su hijo. Desde el momento preciso de su nacimiento, Stephen no es la persona que sus padres hubieran deseado. Es otra. El nombre “de varón” prefigura su destino: desde niña sentirá rechazo por la indumentaria femenina y preferirá los pantalones a los vestidos, los caballos a las muñecas, su padre a su madre.
Se enamorará de otras mujeres. Y se dedicará a la literatura.
El pozo de la soledad es, probablemente, la novela más controvertida del siglo XX. El juez Charles Biron la juzgó obscena y prohibió su venta en Inglaterra. La intelligentsia literaria británica la defendió de la censura judicial, pero cuestionó su valor artístico. Algunas feministas lesbianas –no todas, ya veremos– la rechazan por reaccionaria: se sienten más a gusto, por ejemplo, con Orlando, de Virginia Woolf, también publicada en 1928.
Ochenta años después de su publicación, nadie sabe del todo bien en qué estante de la biblioteca colocar El pozo de la soledad. El debate acerca de la sexualidad de Stephen, su personaje protagónico, ha llegado hasta nuestros días. Los intentos por definir la visión del mundo subyacente en la novela tienden a fracasar. Ni conservadora ni libertaria, ni puritana ni radical ( o todo eso al mismo tiempo, o nada de eso al mismo tiempo), El pozo de la soledad no parece encajar fácilmente en ningún clisé ideológico, excepto, quizá, el de “políticamente incorrecta”. Novela de aprendizaje, melodrama, confesión culposa o herramienta liberadora (o todo eso al mismo tiempo, o nada de eso al mismo tiempo), el texto de Radclyffe Hall escapa a toda definición categórica. En esa dificultad para clasificarlo, en esa incomodidad que despierta entre sus lectores de todas las épocas, está, acaso, el secreto de su eficacia literaria.

Radclyffe, la invertida

En 1934, en respuesta a un cuestionario que le enviara el estudiante de Letras Gorham Munson, Radclyffe Hall escribió:

Ofrecí mi nombre y mi reputación literaria en defensa de la causa de los invertidos. Sabía que estaba corriendo el riesgo de lastimar mi carrera como escritora afrontando la tempestad de la controversia, pero estaba preparada para hacerle frente a esta posibilidad porque, siendo yo misma una invertida congénita, entendía “desde adentro” la cuestión, más allá de los libros médicos y psicológicos. Sentí, por ende, que nadie estaba mejor calificada para escribir una obra de ficción sobre el asunto que una experimentada novelista como yo, que a la vez era como la misma gente acerca de la cual estaba escribiendo y estaba en posición de entender sus reacciones espirituales, mentales y físicas, sus alegrías y sus angustias, y a la vez toda la incesante batalla contra un mundo frecuentemente cruel y a menudo ignorante e irracional, un mundo que clasifica un hecho de la naturaleza como “antinatural”, como un pasaporte al ridículo o la condenación...

De acuerdo con su autora, El pozo de la soledad es una novela escrita con un objetivo político, a favor de una buena causa: “ayudar a los invertidos a hacerle frente a un mundo hostil, con dignidad y coraje”, y al mismo tiempo, “guiar a los hombres y mujeres de bien ‘normales’ hacia una comprensión más acabada de los invertidos y una actitud más tolerante con ellos.” Quien espere, sin embargo, una obra didáctica y edificante, está equivocadísimo, tan equivocado como quien espere encontrarse con lo que hoy llamaríamos “una intelectual progresista”. “Los judíos nos odian y nos quieren llevar a una Guerra Europea y después a una Revolución Mundial para destruirnos”, escribió Radclyffe Hall en 1938. “Sus ojos tenían la paciente, interrogante expresión común en los ojos de la mayor parte de los animales y a todos los de aquellas razas que se desarrollan lentamente”, narra en un pasaje de El pozo... en referencia a un joven negro. Vale decir: el hecho de que comprendiera la situación de marginación de las minorías sexuales lejos estaba de significar que comprendiera, y muchísimo menos que hiciera causa común con todos los marginados y sometidos de este mundo.

“Inversión” y tradición

La heroína de El pozo de la soledad no reconoce que elige su sexualidad: sostiene que la naturaleza la eligió por ella. Al nacer, Stephen Gordon tiene las caderas angostas y los hombros anchos. A los siete años, no se parece en nada a su madre. Tiene el cabello rojizo y los ojos castaños como su padre.
Parecíale a Anna que iba a volverse loca, porque este parecido de la niña con su marido la hería como un ultraje, como si la pobre e inocente Stephen de siete años fuera en cierta manera la caricatura de sir Philip; una reproducción imperfecta, inmerecida y mutilada, a pesar de que sabía que la criatura era hermosa.

Las teorías de la “inversión congénita” fueron desarrolladas por los sexólogos Richard von Kraft Ebing y Havelock Ellis. Kraft Ebing es mencionado en la novela: Stephen descubre uno de sus libros en la biblioteca de su padre. La lectura la ayuda a establecer su identidad y a comprender por qué es tan distinta al resto de las mujeres que conoce. Sir Philip, el padre de Stephen, lee, además, a Karl Heinz Ulrich, el maestro de Kraft Ebing. Havelock Ellis escribió el prólogo de la primera edición de la novela.

He leído El pozo de la soledad con gran interés porque –además de sus refinadas cualidades como la novela de una escritora de consumado arte– posee una notable relevancia psicológica y sociológica. Según entiendo, es la primera novela inglesa que presenta, de un modo completa y estrictamente fiel, un aspecto particular de la vida sexual tal cual existe entre nosotros hoy en día.La relación de cierta gente –que, si bien es diferente de otros seres humanos, es a veces del carácter más elevado y las aptitudes más refinadas– con la frecuentemente hostil sociedad en la cual se mueve, presenta problemas difíciles y aún no resueltos. Las amargas situaciones que atraviesan están aquí expuestas tan vívidamente, e incluso con tal completa ausencia de resentimiento, que debemos colocar el libro de Hall en un alto nivel de distinción.

Es necesario aclarar que la “inversión congénita” no era, para ninguno de los dos sexólogos mencionados, la única posibilidad para que una persona se sintiera atraída hacia otra de su mismo sexo. Tanto Kraft-Ebing como Ellis, reconocen, al menos tres grados de invertidos: 1) el congénito; 2) la persona que sufre por haber adquirido la inversión; y 3) el libertino ocasional. En El pozo de la soledad, Stephen Gordon se enamora y se relaciona con dos mujeres a las que caracteriza como “normales”: vale decir, dos mujeres que se visten “de mujer” y tienen “modales femeninos”, que no son “invertidas congénitas” como ella. Tales definiciones resuenan como arcaicas en el siglo XXI, pero al momento en que Radclyffe Hall escribió su novela representaban las teorías más avanzadas acerca de la homosexualidad. Mientras que los “sodomitas” eran intrínsecamente “pecadores, inmorales, depravados y, en algunos casos, criminales”, los “invertidos”, al menos, tenían la posibilidad de ser buenas personas. En palabras de Jonathan Dollimore, “Hall se apropia de la ‘autoridad’ del discurso médico imperante transfiriendo la homosexualidad desde el dominio del crimen al de la naturaleza”
La palabra “invertidos” aparece recién en el tramo final de la novela, en labios del propietario de un sórdido bar para homosexuales de París. El término significa para Stephen una novedad en el camino hacia la adquisición de una conciencia de sí. Hay un nombre, un modo de denominar a los que son como ella. En la atmósfera excéntrica y exótica del mundillo artístico de París, Stephen reconoce que no está sola, que hay muchos como ella, y concluye que las historias de amor “anormales” no suelen terminar con final feliz.
A los siete años, la pequeña Stephen Gordon se enamora de su mucama. En ese contexto, expresará por primera vez su visión de género. “Usted sabe, Collins, que debo ser un muchacho, porque siento que lo soy”. “¿Crees que podría llegar a ser un hombre, si lo pensara con fuerza o rezara, papá?”, le preguntará a su padre. Philip Gordon decidirá criar a su hija como “un muchacho” y hasta se lo comunicará solemnemente. Las respuestas que ofrecen la propia protagonista de El pozo... y la narradora de la novela a la pregunta: “¿Cuál es el género de Stephen Gordon?” parecen negarle toda identidad femenina a Stephen y la sitúan o bien como un hombre envuelto en un cuerpo de mujer o bien como un freak, un fenómeno circense en el límite de lo que usualmente denominamos “seres humanos”. Si nos guiamos por quién Stephen dice ser o quien la narradora de la novela dice que Stephen es, creeremos que es un “monstruo”, una “abominación”, una “equivocación de Dios”, una “pobre criatura monstruosa”, “inhumana”, que “no es una mujer”, que es “el más inexplicable aborto de la naturaleza”, que lleva “el instinto que mora en el alma del macho” y “la arrogancia del macho que había en ella”. La violencia gráfica de estas categorizaciones llevó a algunas teóricas feministas a impugnar el texto de Hall y a considerar a Stephen Gordon y, por añadidura, a El pozo de la soledad, de los delitos de traición al género y lesa misoginia. Si Stephen desea ser un hombre, razonan, es porque reniega de su propio sexo.
En defensa de la sufrida Stephen y de la novela que la cobija, me permito, sin embargo, sugerir otra perspectiva. Stephen no nació de un repollo: es la heroína de una novela de amor de una escritora inglesa y, como tal, se inscribe en una tradición literaria determinada, la riquísima tradición de la literatura inglesa escrita por mujeres. Las heroínas de estas novelas son mujeres que se enfrentan a su entorno y que no encajan con el destino que otros escogieron para ellas. Stephen no reniega de su sexo sino, más bien, del paradigma establecido por la cultura dominante para su sexo. Relacionemos, por ejemplo, El Pozo de la soledad con una novela victoriana clásica: Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen. Descubriremos que la afinidad de Stephen con su padre y el fastidio que le producen las ideas de su madre la emparentan con Elizabeth Bennett, la protagonista de Orgullo y prejuicio. Elizabeth no se subleva contra el mandato social de casarse, pero se permite al menos objetar los mecanismos que determinan la elección (posición económica, apellido, etc.) y elegir ella misma al hombre con el cual se casará de acuerdo con otra escala de valores (sus sentimientos, la inteligencia del candidato). Elizabeth, además, se da el lujo de expresar en voz alta algunas ideas que cuestionan la lógica de la época. Y si en Orgullo y prejuicio subyace un clima asfixiante ante las enormes dificultades de la mujer para tener algo así como una vida propia, en El pozo de la soledad, la sexualidad de Stephen determina, directamente, la expulsión de su propio hogar y la marginación de la protagonista en el mundo de los “normales”, un mundo en el que las mujeres usan vestido, llevan el cabello largo, se casan con hombres y no escriben libros.
Educar a Stephen como “un muchacho” consiste, para su padre, en aceptar y estimular la vocación de su hija por los deportes (la caza, la equitación, la esgrima) y en procurarle una formación intelectual. El diálogo entre Philip Gordon y su esposa acerca del posible futuro de Stephen es revelador acerca del modelo femenino que Stephen rechaza, representado aquí en la figura de su madre:
Quiero que Stephen tenga la mejor educación que el cuidado y el dinero pueden darle.
–Pero, de nuevo, Anna empezó a protestar:
–¿Qué ventajas tiene la instrucción para una niña? –arguyó–. ¿Me amaste menos porque yo no podía con las matemáticas? ¿Me amas menos ahora, porque cuento con los dedos?
[1]

En su artículo “The Mythic Mannish Lesbian: Radclyffe Hall and the New Woman”, Esther Newton señala la paradoja que convirtió a El Pozo de la soledad en una novela “maldita”: “Los conservadores heterosexuales –escribe Newton– condenaron El Pozo... por defender el derecho de las lesbianas a existir; las feministas lesbianas la condenaron por presentar a las lesbianas como diferentes de las mujeres en general.” Para Heather Love, “Newton señala la necesidad histórica de la masculinidad de Stephen: le reconoció a Hall su papel en la destrucción del ‘modelo asexual de amistad romántica’ del siglo XIX y el hecho de que nos dio el primer personaje lésbico autodefinido y completamente sexual de la literatura”[2].
Y si desde las páginas de El pozo de la soledad, tanto la narradora como Stephen Gordon reclaman una y otra vez que una sociedad más comprensiva reconozca el derecho a existir de los “invertidos”, un periodista escribirá una columna incendiaria negándole ese derecho a la novela. Y un juez obrará en consecuencia.

El juicio como crítica literaria
El 19 de agosto de 1928, tres semanas después de la aparición de El pozo de la soledad, el editor del Sunday Express, James Douglas, publicó en su diario una editorial con el título Un libro que debe ser suprimido. “Preferiría darle arsénico a un muchacho o a una chica saludables antes que esta novela. El veneno mata el cuerpo, pero el veneno moral mata el alma”, escribió. Douglas definió a El pozo... como “una pieza seductora e insidiosa, un alegato diseñado para presentar la decadencia de los pervertidos como un martirio infligido por una sociedad cruel sobre estos degradados.”[3] La mecha estaba encendida. Poco después, el Juez Charles Biron inició en Londres un proceso judicial contra la novela, bajo el cargo de “obscenidad”. La acusación no recayó sobre Radclyffe Hall ni sobre Pegasus Press, la editorial que publicó la novela, sino sobre El Pozo de la Soledad, que se convirtió, de este modo, en una suerte de persona jurídica. No se discutía en el juicio la moralidad de la homosexualidad femenina: para el juez estaba claro que el lesbianismo era una inmoralidad absoluta. Lo que el juez se proponía establecer era si la novela de Radclyffe Hall defendía a los “invertidos”.
No hay una sola palabra desde el principio hasta el final de este libro que sugiera que alguien con estas tendencias horribles es al menos censurable o que debería resistirlas de algún modo. Los personajes de este libro que se entregan a estos vicios horribles son presentados a nosotros como gente atractiva y promovidos para nuestra admiración; y aquellos que objetan estos vicios son estigmatizados en este libro como prejuiciosos, tontos y crueles.
Eso no es todo, sino que hay una cuestión mucho más grave, los actos físicos de estas mujeres entregadas a sus vicios antinaturales son descriptos en los términos más tentadores; sus resultados son descriptos como algo que les otorga sosiego, contento y placer; y eso no es todo, sino que además se insiste en que mejora su equilibrio mental y su capacidad.
[4]

En otras palabras, lo que al juez Biron le resultaba inaceptable no era la mera existencia de personajes homosexuales sino el hecho de que éstos fueran presentados en El Pozo... como personas honorables, de buenos sentimientos, inteligentes y talentosas.
Radclyffe Hall intentó defender a su obra durante el juicio, pero el juez Biron no se lo permitió.

Miss Radclyffe Hall: Protesto, protesto enfáticamente.
Sir Charles: Debo pedirle que se calme.
Miss Radclyffe Hall: Soy la autora de este libro.
Sir Charles: Si no puede comportarse en esta corte, deberé pedir que sea retirada.
Miss Radclyffe Hall: ¡Vergüenza! ¡Una novela condenada!
[5]

El proceso judicial funcionó, entonces, como una operación crítica sobre la novela, una operación crítica ejercida desde un poder autoritario que se negó sistemáticamente a escuchar otras voces. El juez Biron, de hecho, le negó a Virginia Woolf –que a pesar de sus reservas con El Pozo... se presentó como testigo en defensa del derecho de Hall a la libre expresión– el derecho a discutir en la corte el concepto de “obscenidad”.
En los Estados Unidos tuvo lugar otro proceso judicial similar al que el juez Biron llevaba adelante en Inglaterra. El tribunal estaba presidido por una mujer: la jueza Bushnell. Los argumentos de la jueza en contra de la novela eran parecidos a los de Biron. La doctora Bushnell observó: “frecuentemente, las atractivas cualidades literarias son el vehículo a través del cual se arriba a la meta de la ilegalidad.”
Las consecuencias jurídicas de los procesos contra la novela fueron, sin embargo diferentes en ambos países. En los Estados Unidos, la condena a El pozo... fue revertida durante la apelación. La Corte de Sesiones Especiales consideró que, si bien la “inversión” (las comillas son mías) era un “problema social delicado”, ese solo hecho no bastaba para convertir al libro en cuestionable. Con astucia comercial, la editorial Covici-Fried publicó la “edición de la victoria” con el agregado de una síntesis del juicio.
En Inglaterra, en cambio, El Pozo de la soledad fue declarado “libelo obsceno” en primera y segunda instancia y permaneció prohibido hasta 1949. Los ejemplares existentes en librerías fueron decomisados y destruídos.
Muchos de los más importantes escritores ingleses y norteamericanos de su época se solidarizaron con Hall, aunque los términos en que esta solidaridad fue expresada no siempre satisficieron el considerable ego de la autora de El pozo... “Hugh Walpole, Desmond MacCarthy y Virginia [Woolf] estaban dispuestos a presentarse a declarar en su favor. La dificultad, como veremos, era que Miss Hall quería que sus testigos declararan que The Well Of Loneliness no sólo era un libro serio, sino una gran obra de arte. Esto parecía un sacrificio demasiado considerable por la causa de la libertad.”[6]
E.M. Forster visitó a Hall para proponerle una carta de protesta en contra de la supresión de El Pozo... Ella deseaba una reivindicación de sus méritos artísticos de su novela, pero la buena voluntad de Forster no excedía el marco de la defensa de la libertad de expresión.[7]
George Bernard Shaw y H.G. Wells, en cambio, coescribieron para el Daily Herald un artículo en el cual ponderaban la “sinceridad” y la “mente abierta” de Hall. Más allá de su artículo, “Shaw dijo que él era demasiado inmoral para ser un buen testigo, y pensaba que la definición legal de obscenidad era estúpida, pero que era tan general que eso la hacía inatacable.”.[8] En los Estados Unidos, declararon a favor del libro como testigos algunos escritores norteamericanos que habían tenido problemas con la censura, como Sherwood Anderson, John Dos Passos, Theodore Dreiser y Ernest Hemingway, y se publicó en los diarios una “Protesta” firmada por setenta y cuatro “hombres de letras, educadores, editores, artistas y publicistas.”[9] La discusión sobre la calidad del libro pasó a segundo plano ante la lucha contra la prohibición.

Hall desde Woolf

En octubre de 1928, Virginia Woolf pronunció dos conferencias sobre “Las mujeres y la novela” en la Arts Society de Newham y la Odtaa de Girton. De la unión, reescritura y ampliación de esas dos conferencias surgió el ensayo que hoy conocemos como “Un cuarto propio”. Ni el nombre de Radclyffe Hall ni El pozo de la soledad aparecen mencionados en el ensayo que llegó hasta nosotros. Habían pasado apenas tres meses desde la aparición de El pozo... y faltaban pocos días para la iniciación del juicio promovido contra la novela en Inglaterra. En dos conferencias que tomaban especialmente en cuenta las dificultades que el entorno social suscitaba entre las escritoras, Woolf no mencionó a Hall, aunque, como veremos, sí habló sobre ella.
De acuerdo con las ideas de Woolf, la exposición apasionada de los sentimientos (o la exposición de los sentimientos apasionados) en un texto literario, puede afear el estilo del escritor, muy en especial si tales sentimientos devienen resentimiento. Por esa razón, precisamente, Woolf opina, por ejemplo, que Charlotte Bronté no ha logrado ser una gran escritora: Woolf puntualiza que en ciertos pasajes de Jane Eyre, “se advierte que la ira estaba afectando la integridad de la Charlotte Bronte novelista.”[10] La contrafigura de Charlotte, la mujer capaz de sobreponerse al contexto opresivo y concebir, a pesar de todo, una gran obra, es, para Woolf, Jane Austen, “una mujer que alrededor del 1800 escribía sin odio, sin amargura, sin miedo, sin protesta, sin sermones.” .
. Radclyffe Hall –felizmente, se los juro– no coincidía con este paradigma de la escritora aséptica. No hay un solo pasaje de El pozo de la soledad en el que las pasiones de los personajes y las de su autora sean disimuladas, camufladas o escondidas. Si aceptamos como razonables las definiciones que Woolf ofrece acerca de Jane Austen y de Charlotte Bronte, pues entonces la propia Woolf se parece más a Jane Austen y Hall se parece más a Charlotte Bronte. En El pozo de la soledad, Stephen Gordon se muerde la lengua hasta que le brota la sangre para detener un ataque de histeria. Una escena semejante es inimaginable en una novela de Woolf o en una de Jane Austen, pero es perfectamente posible en Jane Eyre.
En busca de la novela lésbica soñada, Woolf imagina en Un cuarto propio que se topa con un libro llamado La aventura de la vida, de una tal Mary Carmichael.
¿No hay ningún hombre presente? ¿Me prometen que detrás de aquella cortina roja no se oculta la figura de sir Charles Biron? ¿Me aseguran que somos todas mujeres? Entonces puedo contarles que las palabras que leí a continuación eran éstas: “A Chloe le gustaba Olivia.” No se sobresalten. No se ruboricen. Admitamos en la intimidad de esta reunión que estas cosas suceden. A veces a las mujeres les gustan las mujeres.[11]

La ominosa figura del juez que ordenaría la destrucción de El pozo de la soledad se hace presente en el discurso de Woolf. Charles Biron acecha: si escuchara esta conferencia, podría complicarnos la vida como se la complicó a Radclyffe Hall. Luego de la advertencia, continúa el análisis. “Si a Chloe le gusta Olivia y Mary Carmichael sabe cómo expresarlo, encenderá una antorcha en esa vasta cámara donde nadie ha estado todavía.”[12] El eco de El pozo de la soledad resuena en Woolf y en el público de sus conferencias. Y Woolf simula que El pozo... no existe. O, si acepta que existe, afirma por omisión que Hall no sabe “cómo expresarlo”, por lo cual no ha logrado “encender la antorcha en esa vasta cámara donde nadie ha estado todavía” (en ese lugar a oscuras, ese “pozo” donde la luz no llega). La gran novela de amor lésbico que Virginia Woolf espera no ha sido escrita aún. No es El pozo de la soledad, porque, para Woolf, “la torpeza de la novela es tal que cualquier indecencia queda oculta en ella. Simplemente, uno no puede mantener un ojo en la página.”[13] Y así, “Entonces, nuestro ardor en la defensa de la causa de la libertad de expresión se va enfriando gradualmente, y en lugar de ofrecernos a republicar la obra maestra, hemos empezado a desear que no hubiese sido escrita”[14].
Mientras Stephen Gordon es una mujer que desearía ser un hombre, tenemos, en Orlando, un hombre que se convierte en una mujer. Si el proyecto político implícito en El Pozo... es la afirmación de una identidad negada por el otro y el deseo de ser reconocida, aceptada, integrada con su singularidad al mundo de “los normales”, Orlando, en cambio, “rechaza las certezas tradicionales. Woolf usa la novela para deconstruir las categorías de género y de biografía, para jugar y fantasear con ellas”.[15]
Las objeciones de Woolf a El pozo... no se limitaban a la ostensible esfera estética; había, además, diferencias cruciales acerca de las mujeres en cuestiones de políticas sexuales, cuestiones que eran inseparables de las estéticas. [...] Mientras El Pozo... presenta al lesbianismo como un descargo para una mesa de debate, Orlando traslada a sus lectores al reino de la imaginación, la región de la fantasía y de lo aparente. Pero Orlando no es la evasión estética de una realidad ingrata. Por el contrario, Woolf transforma la realidad y la historia en un teatro de apariencia infinita, una posibilidad mutable que trae aparejada otras series de preguntas: ¿Qué es el género? ¿Qué es la sexualidad? ¿Cuál es la diferencia entre la normalidad y la desviación? [16]

La mayor parte de los seres que ama Orlando van mutando, como él/ella, una y otra vez de género y por momentos no es sencillo discernir a cuál pertenecen, a tal punto que pueden engañar al otro. En este mecanismo lúdico de la novela, la sorpresa ante el engaño dura un segundo y luego la vida sigue como si nada. Ningún proyecto romántico se suspende o se abandona ante el descubrimiento de que el género del interlocutor no es el previsto.
“¿Estás segura de no ser un hombre?”, le preguntaba ansiosamente, y ella repetía como en un eco:
“¿Será posible que no seas una mujer?”, y acto continuo hacían la prueba. Pues cada uno de los dos se asombraba tanto de la rápida simpatía del otro, y sentía como una revelación que una mujer pudiera ser tan tolerante y tan libre en su manera de hablar como un hombre, y un hombre tan extraño y tan sutil como una mujer, que en seguida tenían que hacer la prueba.
[17]

Al igual que para Stephen Gordon –que detesta los vestidos desde su más tierna infancia, y cuando deviene adulta, utiliza hasta ropa interior masculina–, para Orlando, “los trajes no son otra cosa que símbolos de algo escondido muy adentro”. Y sin embargo, “por diversos que sean los sexos, se confunden. No hay ser humano que no oscile de un sexo a otro, y a menudo sólo los trajes siguen siendo varones o mujeres, mientras que el sexo oculto es lo contrario del que está a la vista” Stephen utiliza trajes de varón para manifestar quién es: la narradora de Orlando opina que la configuración de una identidad es un proceso mucho más complejo y que la cuestión del género no es tan importante como parece.
Dios y la patria
La primera guerra mundial es un escenario saludable para Stephen Gordon, que sirve a Inglaterra socorriendo a los heridos en una ambulancia. Ante la emergencia nacional, nadie le pregunta a nadie su identidad sexual: todos los que quieren colaborar son útiles y bien venidos. La guerra interrumpe la marginalidad de Stephen. Para entonces, ella tiene 29 años y se enamora de una chica más joven: Mary Llewellyn. Terminada la guerra, Stephen regresa a París con Mary, a quien clasifica como una chica “normal”. Las amistades de la pareja se reducen al mundo de la intelectualidad homosexual de París; cuando quieren salir van a bares para “invertidos”, lugares sórdidos que Stephen detesta. La muerte de Bárbara, una amiga de la pareja, y el suicidio inmediato de Jamie, su compañera, quien no podía compartir su dolor ante la pérdida con el mundo de los “normales”, siembran dudas en Stephen sobre si su amor es lo mejor para Mary. Bastará que reaparezca en su vida Martín Hallam –el único hombre que se enamoró de Stephen, el hombre que la llevó involuntariamente a comprender su condición de “invertida” – para que Stephen lo entregue en sus brazos y renuncie, por amor, a Mary. En El pozo de la soledad, la renuncia es una decisión unilateral e inconsulta, que flagela a la vez al ser amado y al renunciante. El miedo a la muerte del otro en un futuro lejano anula la vida en el presente. Mary Llewellyn goza de buena salud, pero Stephen ha visto morir a una joven en las mismas condiciones que Mary –una “normal” que estaba en pareja con una “invertida” – y está asustada.
Valerie Seymour en El pozo de la soledad opera como vocera de la desesperación de los lectores, para advertirle a Stephen que están cometiendo un error grave.

[...] ¡Por el amor de Dios, conserve esa muchacha a su lado y consiga toda la felicidad que pueda en este mundo!
–No puedo hacer eso –dijo Stephen, torvamente.
Valerie se levantó:
–¡Siendo como es usted... supongo que no! ¡Usted fue hecha para mártir!


Valerie Seymour es una escritora reconocida , una “mujer culta y encantadora” y bisexual, a quien Stephen respeta y con quien suele reunirse para conversar sobre asuntos relativos a la “inversión”. Valerie no cree en el martirio de Stephen ni en el sentido trágico de la vida, y tiene un sentido del humor del que la protagonista carece. “Pero trate de recordar esto: ni siquiera el mundo es tan negro como lo pintan.”, le dirá a Stephen. Valerie no pretende que nadie la acepte ni la deje de aceptar, no ruega por la “comprensión” ni por la “tolerancia” de nadie. Está mucho menos pendiente de la mirada ajena y sufre mucho menos que Stephen.
El mundo de religiosidad judeocristiana es un instrumento de opresión destinado a martirizar a Stephen. Los “invertidos” han sido marcados en la frente, como Caín, necesitan que Dios los perdone, como a Daniel; son “legión”, como los demonios; han cometido “el pecado de la desesperación”y, deben levantarse para reclamar “compasión y justicia”. El libro concluye con una súplica.
”-¡Dios mío! –gimió –. Nosotros creemos, nosotros te hemos dicho a Ti que creemos. No te hemos negado: levántate y defiéndenos. ¡Reconócenos, Señor, a la faz del mundo! ¡Dadnos también a nosotros el derecho a la existencia!

[1] Ibidem. Pág 76.
[2] Love, Heather. “Hard Times and Heartaches: Radclyffe Hall’s Well Of Loneliness”, en http://www.queertheory.com/histories/h/hall_radclyffe.htm
[3] Douglas, James. “A Book Must Be Suppressed” on Sunday Express. August 19th, 1928. Citado en Knauer, Nancy. Op.Cit. Pág.438.
[4] Fallo del juez Charles Biron. Citado en Knauer, Nancy. Op.Cit. Pág.446.

[5] Ibidem.
[6] Bell, Quentin. Virginia Woolf. Volumen II 1912-1941.Barcelona: Editorial Lumen, 1980. Pág. 219
[7] Parkes, Adam. Op.Cit. Pág 4.
[8] King, Steve. “The Well of Loneliness, a ‘phial of prussic acid’”, en www.todayinliterature.com
[9] Knauer, Nancy. Op.Cit. Pág 444.
[10] Ibidem. Pág 96.
[11] Woolf, Virginia. Op.Cit. Pág 107.
[12] Ibidem. Pág. 110.
[13] Carta de Woolf a Lady Ottoline Morrell. Citada en Hemmings, Clare. “Lesbian (Anti-)Heros and Androgynous Aesthetics: Mapping the Critical Histories of Radclyffe Hall and Virginia Woolf.”, en http://www.rbleditora.com/revista/ingles/clare2.html#clara
[14] Woolf, Virginia. (Letters 3: 520). Citado en Parkes, Adam. Op.Cit. Pág.4.
[15] Whitlock, Gillian. “’Everything is out of place’: Radclyffe Hall and the lesbian literary tradition”. Feminist Studies 13, no.3. (Fall 1987). Pág. 561
[16] Parkes, Adam. Op Cit. Pág. 3
[17] Woolf, Virginia. Orlando. Traducción de Jorge Luis Borges. Buenos Aires: 1999. Sudamericana. Pág 187.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Oliverio

Ya está decidido: mi muñeco se llama Oliverio. El otro día, el señor Miguel Ángel Lembo, presidente del Círculo de Ventrílocuos Argentinos, me avisó que tengo que ponerme en contacto con la artesana, Jesús de la Cruz Rivera, para que me otorgue el certificado de nacimiento. "Hay muchos muñecos dando vueltas por ahí y no se sabe quién los hizo, porque no tienen el certificado", me explicó. Voy a hacer lo que me dice: quiero que Oliverio tenga todos sus papeles en regla.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡Habemus Muñeco!


El lunes pasado me gané el premio más fabuloso que el azar me haya deparado. Alguna vez me había ganado 486 pesos en un bingo, cuando era niño me gané en una kermesse una picadora de hielo analógica que no servía para nada. El lunes pasado llegó, al fin, la fortuna: dudo mucho que en toda mi vida vuelva a obtener un premio semejante.
Me invitaron a la cena anual del Círculo de Ventrílocuos Argentinos (Civear). Allí me trataron maravillosamente, me dieron una estatuilla y un diploma en agradecimiento a la inclusión del Civear y su gente en Buenos Aires Bizarro. Según el presidente del Civear, Miguel Ángel Lembo, la repercusión del libro sirvió para que se acercaran muchos interesados en el arte de la ventriloquia, y también para que los ventrílocuos tuvieran más laburo a lo largo del año.
Durante la cena, cada uno de los ventrílocuos presentes hizo su propio minishow. ¡Espectaculares! Luego sortearon un muñeco de ventrílocuo. Cada uno de los asistentes a la cena tenía un número: el mío era el 30. Salió el 30. Me gané el muñeco, una obra de arte realizada por la señora Jesús de la Cruz Rivera, que me dijo muy emocionada que cada muñeco que hacía era como un hijo para ella, y que sabía que había caído en buenas manos. Ahora tengo que ponerle nombre y enseñarle a hablar.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Auxilio

El 30 de julio pasado me escribió la periodista Socorro Estrada para pedirme una entrevista para la revista Ñ a propósito de mi libro Buenos Aires bizarro. Acordamos hacerla el 13 de agosto, pero quedamos en que ella me escribiría un par de días antes para confirmar y fijar un lugar. El 12 de agosto, ante la falta de noticias, le escribí a Socorro para saber en qué había quedado el asunto. No obtuve respuesta. El 28 de noviembre, después de tres meses y medio, reapareció Socorro. El intercambio epistolar que sostuvimos (combinado con la nota que publicó ayer Clarín y que linkea este blog en el post anterior) es, creo, sumamente útil para los estudiosos de la lógica clarinesca.


De:"Estrada, Maria del Socorro"
Para:"danielriera"
Fecha:Fri, 28 Nov 2008 06:34:04 -0200
Asunto:bs as bizarro
Hola, Daniel, como te habrás dado cuenta, al final decidieron no publicar la entrevista en Ñ fundamentalmente por cuestiones de espacio y notas ya hechas que estaban esperando para salir. Sin embargo, este domingo saldrá en la página de cultura del diario (Clarín) una nota que reúne varios libros sobre Buenos Aires que salieron este año para la cuál me gustaría hacerte dos preguntas.El cierre es hoy viernes, si podés contestarme bien. Sino, no te preocupes. De todos modos está incluido el libro y citados algunos de sus ítems.Un beso, Socorro.
PREGUNTAS
1) Cada vez son más los libros que muestran una mirada no convencional sobre Buenos Aires que se publican/ venden en el país. ¿A qué creés que se deba el interés de editores, autores y público por esta otra mirada sobre la ciudad?
2) En ese sentido, ¿creés que Buenos Aires tiene algo de especial para estos abordajes o trabajos como el tuyo pueden hacerse sobre cualquier urbe, con resultados igualmente ricos? (¿Qué diferencia, si es que algo diferencia, lo bizarro porteño de lo bizarro en otras latitudes?)


De: danielriera
Enviado el: vie 28/11/2008 10:33
Para: Estrada, Maria del Socorro
Asunto: Re:bs as bizarro
Hola Socorro. Aquí tenés mis respuestas. Si van a ser publicadas, quisiera que aparecieran en contexto, junto con las preguntas que les dieron origen. En caso contrario, preferiría que no se publicaran. No quisiera aparecer suspendido en el aire despotricando contra preguntas que los lectores desconocen. Confío en vos. Gracias por el interés. Saludos,Daniel.


1) La pregunta parte del supuesto de la existencia de un supuesto "auge" o "boom" en el cual han reparado los periodistas de (Clarín y/o )la revista Ñ y no yo. No es la primera vez que me ocurre. Ignoro cuál es el corpus que lo compone, más allá de que han incluido mi libro. Ignoro, por lo tanto, si en esa "otra mirada sobre la ciudad" que descubrieron, ustedes mezclan peras con manzanas. No puedo responder con propiedad sobre una hipótesis ajena cuya fundamentación no me ha sido expuesta.

2) No sé si, como dice la pregunta, “trabajos como el mío pueden hacerse sobre cualquier urbe, con resultados igualmente ricos”. Sí se que han sido hechos sobre Santiago de Chile, Bogotá, Lima y Cusco. Los resultados no han sido a mi juicio “igualmente ricos” en los cuatro casos (algunos de esos libros me gustan más que otros), pero supongo que podrían serlo. En el prólogo de Buenos Aires Bizarro escribo que me encantaría leer libros similares sobre Montevideo, Asunción, La Paz, Quito y Caracas. Y si no puse al DF en la lista fue porque me lo comí: en la segunda edición lo voy a agregar. Mi objeto de estudio ha sido sólo Buenos Aires y no ninguna otra ciudad, por lo cual estaría tocando de oído si emprendiera un ejercicio de “bizarría comparada”.

De:"Estrada, Maria del Socorro"
Para:"danielriera"
Asunto: Re:Re: bs as bizarro

Gracias, Daniel.No incluiré tus respuestas en la nota porque el tipo de texto no da para meter las preguntas. Lástima que no hicimos la entrevista, me hubiera encantado discutir mis preguntas y tus respuestas en persona.Un beso.Socorro


De: danielriera
Para: Estrada, Maria del Socorro
Asunto: Re:Re: Re: bs as bizarro

Lo imaginaba. Lo siento.
Saludos,
Daniel.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Un escritor desaparecido en 2007



Hace un año desapareció nuestro amigo Mario Osvaldo Salvino, escritor, crítico de espectáculos y docente. La última vez que lo vimos fue la noche del 28 de noviembre de 2007. La denuncia se formalizó el 7 de diciembre de 2007, en la Comisaría 8va. Fueron publicados avisos, con foto, en las ediciones dominicales de Página 12 y Clarín, en la revista Hecho en Buenos Aires y otras barriales. El 17 de diciembre se realizaron notas en Crónica TV y Canal 7, y en programas de radio. Un amigo común, el Dr. Pablo Kiel, se presentó a la Justicia, tomando el caso la Fiscalía en lo Criminal de Instrucción Nº 11, sita en calle Paraguay 1536 piso 6º, CABA. Causa Nº 1-11-14989/07. Mario, C.I. Nº 5.906.498, tenía 50 años. Vivía en México 2756 de la CABA. En los teléfonos y correos electrónicos indicados para contactarse nunca recibimos un llamado o mensaje. De la "investigación" judicial ni hablar. Como si lo hubiese tragado la tierra o capturado una nave extraterrestre invisible. Lo que indica que los humanos pueden desaparecer sin dejar rastro, la basura no. Sus amigos insistiremos en buscar alguna pista.
Agradecemos la difusión de este llamado solidario, cualquier información a las direcciones de correo y teléfonos que figuran en el archivo adjunto.

Carlos Suárez.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Czeslaw Milosz regresa

Visité el lugar donde nací,
pero no había
casas,
sólo los desnudos
despojos de un parque,
y el río está
contaminado.

(Basado en la entrevista que concediera el poeta a The Paris Review. En Lo cuarto, obra en construcción.)

lunes, 24 de noviembre de 2008

Conversación fastidiada sobre el oficio de periodista

UNO
Hola Daniel Riera.Me llamo xxxxxxxxxxxx, tengo 18 años y estudio en xxxxx. Para la materia xxxxxx a la que vos viniste TAN GENTILMENTE estoy haciendo una nota relacionada con Buenos Aires Bizarro. Así que te mando unas preguntitas, si me las podes responder lo antes posible (por favor!!!!!! me imagino que sos un hombre muy ocupado pero la urgencia del estudiante lleva a medidas desesperadas) estaría buenísimo!Ya lo respondiste muchas veces, incluso cuando viniste, pero bueno:¿Cómo definirías bizarro y qué califica a Buenos Aires como una ciudad bizarra? Desde ya, muchas gracias.

DOS
Hola xxxxxxx, en efecto ya las respondí tantas veces que no tengo ganas de responderlas de nuevo. Un gran ayudante de los periodistas es el archivo. Te sugiero que, salvo casos de fuerza mayor, no hagas nunca entrevistas sin haber hecho antes un poco de archivo. Por dos razones: 1)Las entrevistas son mucho más interesantes cuando el periodista sabe con quién está hablando; 2) En general el entrevistado se hincha las pelotas cuando descubre que el periodista no se tomó el mínimo laburo de averiguar data sobre el motivo de la entrevista que le tocó en suerte. No soy la excepción.
Sobre el caso particular de B.A.Bizarro hay 21 entradas en mi blog y hasta un sitio web específico que se llama www.buenosairesbizarro.com.ar En ese sitio, no sólo hay unas cuantas notas que no están en mi blog, sino que además está el prólogo del libro. Ahí encontrarás -estoy más que seguro- respuestas a las preguntas que estás planteando.
Saludos,
Daniel.

TRES
Desde ya, muchas gracias!!!Yo quería con mi mail avisarte que iba a hacer una nota en parte sobre vos, porque en el trabajo nos especificaron que teníamos que tener "testimonios hechos especialmente para el trabajo". ¡Muchas gracias por los consejos! La verdad es que hice un cambio radical de tema hoy porque me parecía más interesante hablar de esto que de otras cosas y me encontré en un momento de desesperación. muchas gracias por la información!!!Suerte

CUATRO
Hola xxxxx. Toda la vida atendí a estudiantes de periodismo de xxxxxx y otras escuelas cuando lo requirieron y luego de la aparición de este libro, además de ir personalmente a xxxxx, atendí a otros estudiantes de xxxxx, de xxxxx y otras. No tengo problemas en atenderte, sólo que entiendo que no fue muy seria la forma en que te presentaste, y cuando digo "seria", no quiero decir solemne. Me parece que no tiene ningún valor agregado hacerle una entrevista a alguien para pedirle que repita cosas que ya dijo. Para eso alcanza con el archivo. Y, además, no queda bien. Se supone que si querés entrevistar a alguien es porque querés saber algo nuevo además de lo que ya salió publicado.
En fin. Yo no soy tu profesor, pero creo que tenés mucho tiempo por delante para aprender este oficio y me pareció sano no dejarte pasar estas cosas.
Cuando yo empecé a laburar (1988) no existía Internet. Cada vez que le quería hacer una entrevista a alguien, para hacer archivo tenía que ir a un diario, pedir que me permitieran ver el sobre de papel madera con los recortes, fotocopiar lo que me interesaba. A veces ese sobre no existía o los recortes eran escuetos, por lo cual tenía que irme al archivo de otro diario, o averiguar qué colega lo conocía o lo había entrevistado y había guardado data, para pedírsela prestada. Ahora es infinitamente más sencillo, sobre todo desde que existe el súperbuscador Google (1998). Por eso, creo, es inadmisible que alguien vaya a hacer una nota o envíe preguntas sin haber leído lo suficiente.En fin, no me quiero poner plomo. Ojalá tomes en cuenta lo que te digo.
Saludos,
Daniel.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Dos perritas


Me envían esto. Ojalá alguien se cope con estas amigas en apuros.
¡Hola a todos! somos del grupo de ayuda a mascotas TE NECESITAMOS y nos comunicamos con ustedes en esta oportunidad para ofrecerles estas dos cachorras hermosas de 6 meses que nos quedan. Son dos hermanitas, ambas hembras, una cremita como la que se ve en la foto que está aquí adjunta. La otra es igual, pero negra. Tienen 6 meses y son cruza de un pequinés y una perra mediana que no es de raza. Están en una casa de tránsito junto con muchos otros animales, por eso no pueden ser bien atendidas y van a quedar en la calle. Por favor, necesitamos dos familias que las adopten. Son muy cariñosas y juguetonas. Son de raza pequeña (más no van a crecer) y NO están vacunadas. Por favor ayúdenos, estamos hace mas de un mes ofreciéndolas y no tenemos ninguna respuesta, podés mandarnos un mail a tenecesitamoss@hotmail.com y hacernos todas las preguntas que desees. Ayúdenos porque no podemos tenerlas más acá. Muchas gracias de corazón nuevamente por prestarnos su espacio.

"You don 't have to walk that much to find the bizarre"

Me hicieron una nota para la revista The Nose. Hay que entrar donde dice Preview it on-line y luego dirigirse a la página 15.

martes, 18 de noviembre de 2008

Novela subversiva

De tanto en tanto, periodistas y críticos literarios se preguntan cuál es “la” novela sobre la última dictadura militar. La cantidad de ficciones que han abordado el tema es abundante; su calidad, inevitablemente dispar. Hace unos días, de paso por Córdoba, me regalaron Procedimiento. Memoria de La Perla y la Ribera, de Susana Romano Sued. Quien espere, a partir de ese título, un testimonio naturalista y crudo, un “relato de sobrevivientes” apenas ficcionalizado, se equivoca. La palabra “Procedimiento” remite aquí a los siniestros operativos de los “grupos de tareas”, pero también a lo que hace un escritor cuando trabaja sobre la forma y la estructura de sus textos. La mera didáctica de la denuncia hubiera producido un texto muerto, rancia literatura “comprometida”, un apéndice del Nunca más más o menos “bien escrito” según el caso. Romano Sued prefirió hacer lo que proclamaba Néstor Sánchez:“abrir las formas hasta que no quede nada de ellas”.
En Procedimiento, su primera novela, Romano Sued trabaja sobre la sonoridad de las palabras y sobre el ritmo que surge al combinarlas. Atraviesa la narrativa desde la poesía, pone en tensión el concepto mismo de “narrativa”. Si estamos en un tiempo sin tiempo, si el ámbito del relato es una suerte de eternidad infernal, la cronología no tiene ninguna importancia. Por eso, tal vez, la parodia de cronología: aquí vamos del día tres al día ocho, del día ocho al día dos, del día cuatro al día uno y medio y del día uno y medio al cuarenta y seis y así. Y en el marco radical de esa idea del “no tiempo” no hay lugar para las convenciones de la introducción, el nudo y el desenlace. Lo que hay a cambio es una sucesión de párrafos breves, la (re) creación de una atmósfera irrespirable, envolvente, y la preservación de la voz propia como militancia, como ejercicio liberador.

Acá llueven y salpican vómitos de cincuentaydos desparramándose en mareas sucias de acre resaca involuntaria esparciéndose mientras frisos fríos albergan dientes como dijes, muelas como guijarros, campanillas batiendo hemorragias, derramándose sangres como afluentes brotando desde bien de atrás sin eco de calabozos y picanas que tapen cortejos que arrastran pies y ruedas hacia bosques de mármol y granito moradas últimas flanqueadas por pies acompasados, (compañía de marchas trazando itinerarios a panteones que quisiera mi hogar).
Trato de pensar de qué modo interactúa Procedimiento con otros textos que aluden a la dictadura. Voy a la fundamental Carta Abierta a la Junta Militar que Rodolfo Walsh hizo pública el 24 de marzo de 1977, un año después del golpe de estado. Ahí está todo: la Carta es un vademécum conciso y perfecto que permite saber todo lo imprescindible sobre la dictadura: qué hacían los militares, a beneficio de quiénes y para qué lo hacían. Por qué torturaban y cómo lo hacían, por qué mataban y cómo lo hacían, en qué consistía la política económica y quiénes la dictaban. Ahí está todo. O casi todo, porque Procedimiento agrega la dimensión de lo corporal. Es un libro escrito desde el cuerpo, una materia nueva construida a partir de la materia sojuzgada. Donde Walsh pone datos, Romano Sued pone sensaciones. Cada texto es el complemento perfecto del otro. Son dos maneras –ambas eficaces, ambas necesarias– de encarar el relato de la dictadura.

Acá muslos, pantorrillas, muñecas, cuellos arados, rastrillados por hilos vivientes, ardientes, de cobre, por latas llenas de herrumbre dejando su excavadura tallada en tobillos sin piel, sobre ingles lastimadas, desgarrando tela y epitelios. Latones cargados con desperdicios de alimentos flotando listos para penetrar en lóbulos límbicos en vértigos submarinos remando de través por lagunas de olvido.

Lejos, bien lejos de la épica montonera de Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, en Procedimiento no hay héroes. El único gesto heroico posible es la supervivencia. Sólo los sobrevivientes podrán dar testimonio de lo vivido. La voz que narra no habla sólo de la supervivencia del personaje protagónico: habla, también, de la supervivencia de la escritura, de la supervivencia de esa voz particular y única. Por eso, tal vez, sería una injusticia ubicar Procedimiento al lado de Nunca más y/o otros tantos catálogos del espanto: su lugar está, más bien, en otro sector de la biblioteca, cerca de las obras de Néstor Sánchez u Osvaldo Lamborghini, escritores fatalmente más celebrados que leídos, que se ocuparon de diluir las diferencias entre el “narrador” y el “poeta” y escribieron textos inclasificables, incómodos, verdaderos dolores de cabeza para la crítica, momentos de choque entre el arte y la cultura. En su prólogo al tomo I de Novelas y cuentos de Lamborghini, César Aira advierte que “hablar de ‘prosa narrativa’ en Lamborghini es un eufemismo bastante precario, por la omnipresente contaminación de prosa y poesía, por el carácter narrativo de su mejor poesía y por la presencia tenaz de elementos no narrativos en su prosa.” Procedimiento presenta dificultades similares para su clasificación. Es un libro libre, un gran triunfo de la subversión.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Versos imposibles que parecen lindos sólo cuando son cantados por Roberto Carlos

Cada parte de ti
tiene forma ideal
y si estás junto a mí
coincidencia total
de cóncavo y convexo
Así es nuestro amor
en el sexo.

(En Lo cuarto, obra en construcción)

sábado, 15 de noviembre de 2008

Leo en lo de Leo

El jueves 20 de noviembre a las 18:30 en el espacio del taller Poesía con P de Placer, que dicta Leonor Silvestri, poeta amiga, leemos Gabriela Franco, Eduardo Mileo, y yo.
Según dice Leonor en la gacetilla, La cita es en El Gualeguay Libros: Pacheco 2251 - Villa Urquiza - Capital Federal - Tel 4524 3680. Vas con el subte B , 114, 113, 168, 93 y tantos tantos más.
Por favor a no faltar y si tienen ganas de venir a escuchar poesía estan todxs invitadxs sean o no de este taller!!!!!

sábado, 8 de noviembre de 2008

Carta de Daniel Riera

¡¡Hola, qué tal!!Me tomo el atrevimiento de escribir porque ayer una alumna me comentó que había leído un artículo de un escritor argentino llamado Daniel Riera que comentaba la idea de hacer un libro sobre las personas llamadas Daniel Riera y que al final de dicho artículo aparece un link que lleva a un video en donde aparezco. No vi el video, pero me causó gracia. Bueno, en efecto mi nombre es Daniel Riera y soy un bailaor Venezolano. El mote "histeriquín" fue una broma de un programa de mano del espectáculo de una academia, pero la verdad no tengo ningun nombre artístico, sólo Daniel Riera que me gusta jejejeje… Bueno, un placer de verdad que me mencionaras en tu artículo, cualquier cosa estoy a la orden.
Un abrazo.
Daniel Riera

viernes, 7 de noviembre de 2008

La dictadura de Laiseca

No hace mucho leí Su turno para morir, la primera novela de Alberto Laiseca, y –confieso mi ignorancia– también la primera novela de Laiseca que leo. La compré a dos pesos en la librería Libertador, de Corrientes y Talcahuano. Esa librería es para mí una fuente de satisfacción permanente y amerita una larga digresión que no voy a emprender ahora, aunque bien podría, en homenaje a esta novela que es una digresión permanente por la historia, el tiempo y el espacio y que vuelve, al final, al comienzo, cierra no diría el círculo, cierra la cinta de Moebius sobre el poder clandestino y el poder real, los mafiosos oficiales y las instituciones mafiosas. Su turno para morir es una parodia del policial negro, aunque esa definición elemental apenas sirve como punto de partida para su análisis. Es una novela lúdica, vasta en juegos de palabras y situaciones disparatadas, atravesada de tanto en tanto por cierto tono de tragedia shakespeareana. Es una novela de la desmesura, un muy disfrutable ejercicio de la imaginación en acción que le debe mucho al comic y al cine. Hereda de los guiones cinematográficos la convención de los diálogos apenas interrumpidos por paréntesis que marcan las acciones de los personajes. A propósito del cine, tiene indudables ecos de El Padrino, de Coppola: la belleza de algunas masacres, el crimen organizado como herramienta para pensar en la vida y la sociedad contemporáneas.
Es una novela corta, una nouvelle cortísima que empieza en la página 9 y termina en la página 125. Soy incapaz de determinar cuáles rasgos de Su turno para morir serán una constante en la obra posterior de Laiseca. Ya lo dije: es la primera de sus novelas que leo. Su lectura me ha resultado un estímulo formidable para leer las siguientes.
Su turno para morir se publicó en noviembre de 1976. Conociendo la fecha de publicación, la tapa del libro –firmada por C. Quirón– impresiona: es la silueta vacía de un hombre, parada sobre una calle de adoquines. Hacia él, por una calle transversal, viene un auto ominoso, que apenas se ve en la foto. Pero lo importante es la silueta. Es la silueta de un hombre que ya no está. Es lo que ocurría en la Argentina en aquellos días: la gente desaparecía en plena calle, la subían a ominosos autos y se perdía para siempre. La asignación de un valor iconográfico político a la silueta humana es, sin embargo, muy posterior a este libro. Siete años después, el 21 de septiembre de 1983, durante la III Marcha de la Resistencia, las Madres de Plaza de Mayo harán El Siluetazo, una iniciativa de los artistas plásticos Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel. El procedimiento y la obra fueron muy sencillos: siluetas humanas a tamaño natural, miles de siluetas pintadas sobre papeles que luego fueron pegados en las paredes de la ciudad, siluetas que desde entonces se convirtieron en la representación gráfica por excelencia de los desaparecidos.


En la página 45 de la novela, leo el siguiente diálogo:

–¿Ha prestado ya declaración el muerto?
(Jack Mc Grovern):
–Se niega obcecada y de la manera más terminante.
–Continúen el interrogatorio. Traigan más luces. No le den agua y de comida únicamente tocino salado. La fosa y el péndulo. Si continúa, no obstante, atado a viejos esquemas e ideas retrógradas –radio Pekín– le aplicarán la picana en el pupo. Y más abajo.
–Sabe, señor.
–¿Qué cosa?
–No creo que hable, es de los que no hablan.

En la página 46, leo el siguiente párrafo:

Y efectivamente: en sus sótanos privados instaló una silla electrónica para sus condenados a la penúltima pena. Los sentaba y bajando la palanca, muy lejos de sólo quedar atravesando procesos de electrocuciones, los tipos desaparecían desintegrados. Muy poco humo. Cuando el aparato fue perfeccionado, simplemente desaparecían como en las películas.
En la misma página, más adelante, leo:

Cierta vez lo provocaron en una calle oscura –no eran cogoteros, pero si dos borrachones- “¡Eh! vení ¡Qué! ¿dónde vas? eh eh eh”. Lo siguieron durante dos cuadras. “Es puto” “No quiere pelear” “Sí, es puto”. Se paró y dio vuelta. Sólo dijo sacando su silla electrónica: “Ah, sí. Dijo Chuang-Chú”. Y los hizo desaparecer en el más completo silencio. Miró a ambos lados, para ver si debía eliminar además algún molesto testigo, pero la calle estaba vacía. Se marchó.

Su turno para morir no es –por si no ha quedado claro– una novela naturalista, ni mucho menos una novela de denuncia de la dictadura de Videla, Massera y Agosti: de hecho, abundan en el texto las referencias a cierto poder sindical corrupto y omnímodo y hasta las críticas a cierto infantilismo del discurso de izquierda (que contrasta con una irónica pero enfática vindicación de Jean Paul Sartre), que permiten inferir que la primera versión de la obra es anterior al golpe del 24 de marzo de 1976. Y sin embargo, aquí tenemos gente que desaparece en calles oscuras, gente que desaparece gracias a la fabricación de un aparato específico para hacerla desaparecer. Tenemos, también, una desopilante sesión de picana eléctrica con un muerto al que los torturadores acusan de maoísta. Podemos pensar, tal vez, en los 600 desaparecidos de la Triple A, anteriores al golpe de Estado. Se hace difícil, por no decir imposible, leer una novela con ese título, con esa tapa y con los textos citados, desde una perspectiva formalista-estructuralista. Se hace difícil leer una novela argentina publicada en 1976 como si la fecha de su publicación fuese un dato irrelevante. Se hace difícil y un poco pelotudo, digamos. Su turno para morir no es una novela “testimonial”, pero da testimonio de la época que le tocó en suerte. Es una novela “menor” y es justamente su condición de “menor” lo que la hace una gran obra, y el que detecte en esta paradoja cierto parentesco con las ideas expuestas por Baudelaire en el imprescindible El pintor de la vida moderna, tiene toda la razón del mundo. ¡Que vivan, entonces, Laiseca y Baudelaire!

jueves, 6 de noviembre de 2008

Barcelona 147


Viaje al fondo de la ciudad

La editorial Aguilar publicó Buenos Aires Bizarro, del periodista Daniel Riera. Un mapa alucinado con ventrílocuos, restaurantes a oscuras, sacerdotisas paganas y una liga profesional de metegol. Travesía por la ciudad que espera más allá de los circuitos de turismo.

Por Martín E. Graziano

Para un porteño, no hace falta salir de Buenos Aires para viajar. Y ya no para hacerse una escapada, sino para extraviarse lejos, con destinos exóticos, costumbres excéntricas y personajes inverosímiles. El paso cotidiano y el opio de la rutina, dibujan un velo sobre las puertas a los otros mundos que acechan en cada cuadra. Quizás por eso, el periodista y escritor Daniel Riera -secundado por el fotógrafo Diego Sandstede- salió en busca de la travesía: para buscar esas puertas y cruzar su umbral. El diario de todo el periplo quedó registrado en el libro Buenos Aires Bizarro, una asombrosa guía alternativa que explora la ciudad como si se tratara de aquella cosmopista de los autonautas comandados por Cortazar. Buenos Aires como el Aleph de Borges, encerrando en un diámetro el inconcebible espacio cósmico. Buenos Aires como una gigantesca Hidra, bestia mitológica de siete cabezas que, decapitada, de cada cuello degollado afloraban dos nuevas y resplandecientes cabezas.
Daniel Riera salió al ruedo con grabadores y cuadernos para emprender el periplo por su propia ciudad. Como si Marco Polo nunca se hubiera tomado el trabajo de salir de su Venecia natal y los nuevos mundos los hubiera encontrado en la esquina. Los descubrimientos de Riera como avanzado no son poca cosa. Por las páginas de Buenos Aires Bizarro deambulan desde una mujer esculpiendo figuras en nabos y zapallos hasta un viejo restaurador de muñecas de porcelana y un hombre capaz de canalizar espíritus extraterrestres. Hay un atroz museo de cadáveres, una peluquería especializada en futbolistas y un Círculo Chamánico para volar sin psicotrópicos. En Constitución se puede comer al paso en Pancho Sosa, el Varón del Pancho y, en el Paseo de la Recova, se puede visitar una gran estatua para reivindicar al dedo gordo del pie. Una esquina del laberíntico Parque Chas une la calle Bauness con la calle Bauness y, en el Cementerio de la Recoleta, esperan dos fantasmas con el mismo nombre.

LOS PREPARATIVOS

El formato de la guía alternativa por la ciudad –‘la más extraviada de las guías’, según el subtítulo- no es nuevo. El periodista norteamericano Jim Fitzgerald trabajó sobre Los Angeles, y el chileno Sergio Paz hizo lo propio con su Santiago Bizarro. “Fue una propuesta de la editorial –recuerda Riera, actual editor de Barcelona y cronista de revistas como Gatopardo y la colombiana Soho-. Les dije que me interesaba, porque todo ese universo tiene que ver con muchos de mis intereses periodísticos. Era un libro que, a pesar de que me lo habían encargado, podía hacerlo mío tranquilamente, darle mi identidad y mi estilo. Y tenía un gran margen de libertad para laburar”.
Con una perspectiva relajada, pero casi antropológica, el libro se aventura en terrenos extraños. Riera se permite dejarse llevar y asombrar por cada uno de los lugares y los entrevistados: “a veces se usa la palabra bizarro con connotaciones peyorativas o irónicas, y la verdad es que creo que no hay nada más lejano al espíritu de este libro. Me parece que, en este caso, la idea fue muy todo lo contrario: dejar que fluyeran los mundos de la gente que lo protagoniza”. De esa forma, al encontrarse con un peluquero de Chivilcoy, líder del Movimiento Raeliano en la Argentina, el periodista se maravilla con sus revelaciones sobre extraterrestres y clonación humana. “Hubiera sido muy fácil ponerme en Majul, en banana –aclara Riera-. ¡A mi me revienta esa cosa pseudo-incisiva! Yo quería abrirme a cosmovisiones diferentes a la mía y compartirlas con el lector. Me parece que es un libro que tiene cierto espíritu democrático en ese punto. Todo lo contrario al estereotipo televisivo del fachista con la cámara oculta que va a desenmascarar al diferente”.
La estructura, si bien fue cambiando a medida que el trabajo avanzaba, tenía como ejes los capítulos dedicados a los museos menos visitados, las variedades del orbe sexual, los panteones y cultos extraños, deportes inusuales, terapias muy alternativas, comercios extravagantes y fantasmas. “Lo primero que hice fue, quizás para sacarme el tabú de encima, el capítulo Criminal –apunta Riera-. Hice un poco de archivo sobre los lugares donde se habían cometido crímenes famosos y empecé a visitarlos”. Para tratar de eludir la trampa del archivo voluminoso y el poco espacio, se propuso llegar a cada uno de esos sitios y encontrar nuevas lecturas. Así, pudo rescatar perlas que de otra forma se hubieran perdido. Por ejemplo, descubrir que al lado de la casa del Descuartizador de Barracas existe aún hoy un lugar donde se afilan cuchillos. Dice Riera: “ahí estaba la mirada. Observar nuevos detalles que pudieran complementar el relato y disfrutar de ese morbo inocente y aventurero que todos tenemos de estar en el lugar de los hechos. Que también es una de las razones que a veces nos llevan a elegir una profesión como esta”.

EL VIAJE

La travesía discurrió a lo largo de un año. A bordo del Volkswagen Gol del fotógrafo Sandstede recorrían la ciudad con el mapa de los datos que llegaban de maneras insólitas, a menudo fraguados al calor de la improvisación. Durante ese tiempo, Riera, además de obsesionarse y convertirse en el centro de atención en las reuniones con sus amigos, se sometió al aprendizaje con verdadero espíritu explorador: una dominatriz lo encorvó dentro de una jaula redonda con una capucha negra en la cabeza; la doctora Villafañe le sacó una foto a su alma con una cámara Kirlian pero nunca se la entregó (“así que quizás sabe más sobre mí que yo mismo”, sonríe); una especialista en Conciencia Celular interrogó a su cuerpo y, todo parece indicar, su cuerpo contestó.
“Hay un texto muy pequeño en relación con el impacto que me produjo –reconoce el periodista-. Es el dedicado al club swinger. Digamos, yo no soy un tipo tan interesante como para que, si un día me topo con ochenta personas garchando en un mismo sitio, eso no me produzca un impacto duradero. Me quemó la cabeza. Aún así, más allá de que había hablado con el dueño, de que había ido sin fotógrafo y con todas mis reservas, en un momento pensé que no tenía derecho a estar ahí: sentí que estaba participando de una fiesta que no era mía, y que me estaba inmiscuyendo en algo que no me pertenecía”.
Hubo episodios que desbordaron las expectativas. Por ejemplo, el mundo de los ventrílocuos, que terminó ganándose un insospechado capítulo propio en el libro. Riera visitó una de las reuniones semanales del Círculo de Ventrílocuos Argentinos y quedó fascinado: “cuando te encontrás en una misma noche con quince tipos, cada uno con su muñeco, te das cuenta que cada una de esas historias es absolutamente distinta a la del otro, que cada uno de esos mundos tiene una autonomía. Ahora el presidente del Círculo me dijo que querían hacerme Socio Honorario. ¡Será un placer, claro!”

EL RETORNO

Aún cuando finalmente la empresa llegó a su fin, y la editora Aguilar publicó el volumen, continuaron apareciendo lugares y personajes que quedarán para una reedición. La dinámica de Buenos Aires y sus recovecos ocultan siempre una nueva aventura, como la de El Titán, el bar temático del ex-Titanes en el ring Nicky Cruz. “Más allá del stress, siempre sentí que este tipo de cosas enriquecían o embellecían mi vida, en lugar de alienarme o abrumarme. Esos personajes y lugares, a mi me nutren como persona, incluyendo en esto al periodista y al escritor, pero mucho más allá de eso”. Mientras tanto, un rumor permanente, como un mar o un tren lejano, indica que la ciudad sigue andando. Inagotable y secreta.

(En Planeta Urbano, noviembre de 2008)

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Teillier, Mouat

Leo un poema de Jorge Teillier y me lo imagino en la voz de mi amigo Pancho Mouat. Pancho fue la primera persona que me habló de Teillier. Creo que usó la palabra “devoción” para referirse a lo que sentía por la obra del poeta. Este tipo de cosas te unen para siempre a los amigos. Aunque los veas poco, aunque vivan lejos, en un país que no es el tuyo.


domingo, 2 de noviembre de 2008

¡Homero tiene casa!

El amigo en apuros consiguió casa y gente buena que sabrá cuidarlo y quererlo como se merece. ¡Que seas muy feliz, Homero!

viernes, 31 de octubre de 2008

Homero



Mi amiga Leonor Silvestri se encontró a este hermoso amigo en apuros. Si alguien lo quiere, que la llame o le escriba. Ella me escribió esto:

Como no tenía suficientes problemas, me encontré un perrito de menos de un año (aprox) abandonadísimo y me lo traje a mi departamentito de 35 mts con mis tres gatos!!!!Obviamente, necesito de toda tu colaboración para encontrarle urgente un lugar digno para vivir..Mañana lo llevo al veterinario y comienzo a dejarlo un joyita (alguien le cortó la orejita...) Es divino, mansito, y le gusta mucho que lo quieran. Es un perrito chiquito que lo tiraron y esta asustado. Ayudame a que le encuentre una casa, realmente no tengo cómo quedármelo yo, aunque es un perro hermoso y pequeño.Difundi este mail y cualquier cosa llamame o escribime.1562691508 leocatlove@hotmail.com
Tomen nota. Homero espera. Para más datos, entren al blog de Leonor, www.leomiau76.blogspot.com

jueves, 30 de octubre de 2008

Infiernos heredados

En otras palabras… ¡al hermano ni justicia! ¡El Gran Hermano! (¡Orwell!) ¡El Gran Hermano! (¡Endemol!) o sea, es un hecho y a lo hecho pecho si te gusta bien y si no también la geneología genera genitales gordos, globos repletos de pus pues esto es lo que hay, lo que nos ha tocado en suerte, en mala suerte, y estás desorientado sin saber qué trole hay que tomar para seguir (¡Cátulo!) y hacés lo que siempre hay que hacer en estos casos, tomás un libro cualquiera de la biblioteca, en este caso Las sagradas escrituras, de Héctor Libertella, y lo abrís en una página al azar, porque si mirás el índice no tiene gracia, si mirás el índice es una desgracia, o sea no índice y tipiás tipiás sin vergüenza el libro ajeno, a lo Di Nucci, ¿Cómo podrá afectar la crisis de su país el trabajo del escritor argentino, en sus condiciones de producción, presiones lugareñas, modas pasadas de moda, desinformación al día, pobreza de mercado? Para escapar del suicidio-metáfora de esa cárcel será necesario un pequeño desplazamiento que venga a decir: si la literatura en mi sien, entonces el agujero en tu mercado. Porque, en la misma vía de ese deslizamiento, si no hay papel cualquiera puede escribir en las paredes, y si no hay paredes él retendrá en el paladar los restos que le devuelva su propia oración; su canción de ausencia. ¿Así rezaba Cicerón?: –Lanza palabras fuera de la boca, y en la gruta de esa boca [rajadura, unión, juntura, grieta, comisura] escucha como memoria o eco todo lo que evoque ese canto que se va con el viento–.
O sea, bien, muy bien, onomatopeyas variopintas y alborozado aplauso y feliz repetición del recurso (Joy In Repetition, o sea (¡Prince!)) Un poco en la huella de su propia biblioteca, algunos autores parecen estar construyendo El Libro de Los Libros, que sería como una antología armada sobre pedazos, trozos, sonidos, trinos de varias páginas dilectas de este siglo. Bravo bravo bravo bravísimo bravo Libertella. El Libro de los Libros. Trozos, sonidos, trinos. Lo que queda es caminar hacia la cocina, preparar mate, tratar de no caer vencido no dormido justo ahora que se pone bien bueno, jaja, bien bien buena tu te ves bien buena (¡General!) el mate se lavó más temprano que tarde sin reposo (¡Milanés!) Milanés lo que hay, me da pereza arreglarlo con lo que me costó caminar hasta la cocina tomo este mate lavado de palos navegantes este puerto de palos verdes en suma este lavativo que amenaza perforarme este tránsito veloz hacia la Náusea (¡Sartre!) y ahora que lo pienso no leí, aún, la Náusea, es raro porque leí Las Palabras y me gustó y leí El Muro y también, pero la Náusea no, no le entré, como dice el Gato, qué si le entró y dice que es un plomazo.
El programa de la ausencia de programa, el único programa: eludir a los infiernos heredados, eludirnos escribiendo sobre ellos, escribiendo a pesar de ellos, escribiendo mucho y rápido, traqueteando al Packard Bell. Vamos bien vamos bien, por lo menos hay entusiasmo van vienen los dedos los caracteres y eso es más o menos lo que importa, el modo en que uno los ordene es un problema de la crítica juajuajua. El problema mío, el problemón, diría, es que se me cierran los ojos, se cierran solos, me pesan las pestañas y se me cae la cabeza. Este panorama fantasmagórico me arrastra hacia la cama. Al despertar mejoran las cosas, ya no se me cierran los ojos, no solos al menos, ya no me pesan las pestañas ni se me cae la cabeza. Eso es bueno.

(De La venganza del Sea Monkey, inédito)

lunes, 27 de octubre de 2008

El triángulo escaleno

Descubro con mucha emoción, en la librería Lucas, de Corrientes al 1200, algunos cuentos infantiles sueltos de una colección que editó mi padre cuando yo era niño. Están a 12 pesos y conservan la sobrecubierta y el póster originales. Recuerdo que mi mamá se enojó mucho cuando vio los dibujos que ilustraban uno de los cuentos, El triángulo escaleno: no había un solo dibujo donde el triángulo fuese efectivamente escaleno, no había tiempo para cambiarlos, había que mandar a imprimir así como estaban. Recuerdo que pregunté si –considerando que no había tiempo para cambiar los dibujos– no era más fácil pedirle al escritor que cambiara el texto. Mi padre me dijo que era muy difícil, porque el escritor había trabajado el texto jugando con el sonido de la palabra “escaleno”. Fue la primera vez que escuché que los escritores trabajaban sobre la sonoridad de las palabras. Fue la primera clase de literatura que recibí en mi vida y, tal vez, la más importante.

(De Lo cuarto, obra en construcción)