martes, 20 de mayo de 2008

Los fantasmas de la casa de mi tía

Me dijeron que en la casa de mi tía había fantasmas y yo no lo quise creer, hasta que una vez la visité y vi una manzana que volaba por el comedor y unos dardos que se arrojaban solos y que daban siempre en un blanco que había en la pared del living. El problema mayor estaba en el baño, porque el papel higiénico se me escapaba cuando lo quería agarrar y entonces me tenía que quedar un rato largo sentado en el inodoro hasta que los fantasmas se cansaban y me permitían usarlo. A veces sonaba el timbre y no había nadie llamando a la puerta. A veces alguien se gastaba el dedo apretando el timbre, pero los de adentro no escuchaban ningún sonido. La verdad es que los fantasmas de la casa de mi tía nunca le hicieron daño a nadie, pero a mí me daban mucho miedo. Es lógico: uno está acostumbrado a que las manzanas no vuelen, a que los dardos no se arrojen solos, a que el papel higiénico no se escape cuando uno lo necesita y a que el timbre suene cuando tiene que sonar y no suene cuando no tiene que sonar.
Los fantasmas actuaban cuando alguien estaba solo en alguna habitación de la casa de mi tía: si, por ejemplo, yo veía que una manzana se había echado a volar y la llamaba a mi tía, cuando mi tía llegaba la manzana estaba invariablemente en su sitio y mi tía pensaba que yo estaba loco. Los problemas del timbre, para mi tía, indicaban que el timbre funcionaba mal y que había que llamar a un electricista. Mi tía vivía sola y la molestaban mucho los fantasmas, pero mi tía nunca le contaba nada a nadie porque no lo quería reconocer: pensaba que los fantasmas no existían y que las cosas raras que le pasaban debían tener otra explicación. Hasta que un día me dijo que quería hablar conmigo de tía a sobrino y me lo confesó. Los fantasmas le destejían los abrigos que tejía, le cambiaban de canal el televisor y le agregaban azúcar al café que tomaba. Le pregunté si le daba miedo cuando sucedía todo eso y me dijo que le parecían como travesuras de un niño, que a veces se enojaba y perdía la paciencia con los fantasmas, pero que no les tenía miedo como yo.
Una vez fui a la casa de mi tía a tomar la merienda y mientras charlaba con ella se me ocurrió una buena idea. Le dije: yo les tengo miedo, desde hoy no les tengo miedo; a vos te hacen enojar, desde hoy ya no te hacen enojar. Ellos quieren llamarnos la atención: desde hoy los vamos a ignorar. Y así fue que una vez una manzana se echó a volar, pero yo estaba leyendo un libro y no le hice caso. Y así fue que una vez le destejieron el abrigo a mi tía y mi tía aprovechó para mirar una película en la tele. Y así fue que los fantasmas le cambiaron de canal y mi tía se quedó mirando el programa deportivo que habían puesto. Y así fue que una vez los dardos se arrojaron solos y yo seguí haciendo los deberes de la escuela como si nada. Y así fue que los fantasmas le agregaron azúcar al café que tomaba mi tía y mi tía decidió agregarle más azúcar todavía y tomó una especie de azúcar con café, muerta de risa. Y así fue que me quitaron el papel higiénico cuando estaba en el baño y los dejé jugar hasta que se cansaron y lo pusieron en su sitio (me había llevado un cómic para leer en el baño, así que podía esperar todo el tiempo del mundo). Tanto los ignoramos una y otra vez que al final se fueron y nos dejaron de molestar para siempre.
Ahora las manzanas no vuelan, los dardos no se arrojan solos, el papel higiénico está siempre al alcance de la mano, mi tía teje que te teje y nadie se lo desteje, nadie le cambia de canal y nadie le pone a su café más azúcar de la debida. El timbre suena cuando tiene que sonar y no suena cuando no tiene que sonar. No les voy a negar que a veces me aburro un poco en la casa de mi tía, pero cuando eso sucede, le pido que me cuente un cuento y el aburrimiento se me pasa en seguida.

1 comentario:

Ernesto Gugig dijo...

los fantasmas con los que me tope no son tan divertidos. Se aparecen, los miro se esconden. Una vez uno me sobrevolo cuando paseaba mi bicicleta de madrugada por la calle frente a mi casa. No me consta que sean los que esconden la llave de mi carro. En todo caso, gran blog. saludos.