jueves, 19 de junio de 2008

Una guía perdible

Por Javier Aguirre
¿Cuántos recorridos permite la Ciudad de Buenos Aires? ¿Y cuántos de ellos valen realmente la pena? Aquí hay muchos que sí, y están todos entrelazados en el minuciosísimo libro Buenos Aires Bizarro, la más extraviada de todas las guías, de editorial Aguilar, flamante obra del poeta y periodista (uno de los fundadores de la revista Barcelona) Daniel Riera. Se trata de un catálogo detallista de sitios, personajes y servicios que cuesta imaginar dentro de una guía urbana (sin embargo, aquí están), y que demuestra cuán rica, aunque se trate de una riqueza con muchos sabores distintos, puede ser la oferta de la Ciudad: de los talladores de nabos a la estatua de Mostaza Merlo, de los gurúes sexuales a los campeones de metegol, de los ventrílocuos agremiados a los profetas que auguran una aliencracia, de los santuarios rockers a los sitios con fantasmas, de los domicilios de asesinos seriales a... a... a... ¿dónde parar de buscar rincones porteños que merezcan la cucarda de “bizarro”? Contesta Riera al NO: “En algún momento tenés que cortar... Por distintas cuestiones quedaron afuera el Museo de Urología, que estaba suspendido; la vendedora de réplicas de artesanías de la Atlántida, que estaba de vacaciones; o el Bar El Titán, de memorabilia de Titanes en el Ring, que estaba en plena mudanza”. El nivel de los bonus tracks bizarros que quedaron afuera es parámetro de lo que sí hay dentro, un Magical Mystery Tour periodístico cuyas escalas fueron testeadas una a una por Daniel en carne propia. Y aparecen descriptas con rigor, detallismo y en conveniente proporción de ingenuidad y malicia. El trabajo de campo (que no es “del campo”) que se desprende de Buenos Aires Bizarro... es descomunal (si los colectivos porteños sumaran millaje como las aerolíneas, Riera habría acumulado suficientes millas como para visitar cualquier lugar del mundo), bien documentado y, encima, cuenta con el apoyo visual del fotógrafo Diego Sandstede, lo cual llevó a Daniel a viajar durante meses por la Ciudad, siguiendo pistas dictadas –según el caso– por su propio olfato o por cuanto chisme, sugerencia social o flyer bizarro cayera en sus manos. ¿Tantos hallazgos habrán alcanzado el pronóstico inicial que movilizó al autor? Riera responde: “Superó lo que esperaba, aunque tenía buenas expectativas, porque Buenos Aires es alucinante. Seguramente si en un par de años volviera a hacer una búsqueda, aparecerían muchísimas cosas nuevas”. Es que si en algo se parecen la Ciudad y la más extraviada de las guías es en lo inquietante, lo hilarante y lo sorprendente.
(Publicada hoy en el suplemento "No" de Página/12)

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