sábado, 7 de junio de 2008

Una propaganda de los 70

La persona que se llevó el Valet, que se lo entregue al marido en la puerta, pedían, si mal no recuerdo, desde los altoparlantes de la terminal de un aeropuerto. Ofrecían así una hipótesis razonable: la gente que desaparecía por acá y por allá no hacía otra cosa que llevarse el desodorante a un lugar seguro y secreto, donde no tuviera la necesidad de compartirlo con nadie. La logia de los fanáticos del Valet era muy numerosa y muy consecuente: 30.000 personas que no han regresado hasta hoy, tal vez porque no pudieron soportar que su desodorante predilecto haya dejado de fabricarse.

(De La vergüenza nacional, inédito.)

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