jueves, 6 de noviembre de 2008

Viaje al fondo de la ciudad

La editorial Aguilar publicó Buenos Aires Bizarro, del periodista Daniel Riera. Un mapa alucinado con ventrílocuos, restaurantes a oscuras, sacerdotisas paganas y una liga profesional de metegol. Travesía por la ciudad que espera más allá de los circuitos de turismo.

Por Martín E. Graziano

Para un porteño, no hace falta salir de Buenos Aires para viajar. Y ya no para hacerse una escapada, sino para extraviarse lejos, con destinos exóticos, costumbres excéntricas y personajes inverosímiles. El paso cotidiano y el opio de la rutina, dibujan un velo sobre las puertas a los otros mundos que acechan en cada cuadra. Quizás por eso, el periodista y escritor Daniel Riera -secundado por el fotógrafo Diego Sandstede- salió en busca de la travesía: para buscar esas puertas y cruzar su umbral. El diario de todo el periplo quedó registrado en el libro Buenos Aires Bizarro, una asombrosa guía alternativa que explora la ciudad como si se tratara de aquella cosmopista de los autonautas comandados por Cortazar. Buenos Aires como el Aleph de Borges, encerrando en un diámetro el inconcebible espacio cósmico. Buenos Aires como una gigantesca Hidra, bestia mitológica de siete cabezas que, decapitada, de cada cuello degollado afloraban dos nuevas y resplandecientes cabezas.
Daniel Riera salió al ruedo con grabadores y cuadernos para emprender el periplo por su propia ciudad. Como si Marco Polo nunca se hubiera tomado el trabajo de salir de su Venecia natal y los nuevos mundos los hubiera encontrado en la esquina. Los descubrimientos de Riera como avanzado no son poca cosa. Por las páginas de Buenos Aires Bizarro deambulan desde una mujer esculpiendo figuras en nabos y zapallos hasta un viejo restaurador de muñecas de porcelana y un hombre capaz de canalizar espíritus extraterrestres. Hay un atroz museo de cadáveres, una peluquería especializada en futbolistas y un Círculo Chamánico para volar sin psicotrópicos. En Constitución se puede comer al paso en Pancho Sosa, el Varón del Pancho y, en el Paseo de la Recova, se puede visitar una gran estatua para reivindicar al dedo gordo del pie. Una esquina del laberíntico Parque Chas une la calle Bauness con la calle Bauness y, en el Cementerio de la Recoleta, esperan dos fantasmas con el mismo nombre.

LOS PREPARATIVOS

El formato de la guía alternativa por la ciudad –‘la más extraviada de las guías’, según el subtítulo- no es nuevo. El periodista norteamericano Jim Fitzgerald trabajó sobre Los Angeles, y el chileno Sergio Paz hizo lo propio con su Santiago Bizarro. “Fue una propuesta de la editorial –recuerda Riera, actual editor de Barcelona y cronista de revistas como Gatopardo y la colombiana Soho-. Les dije que me interesaba, porque todo ese universo tiene que ver con muchos de mis intereses periodísticos. Era un libro que, a pesar de que me lo habían encargado, podía hacerlo mío tranquilamente, darle mi identidad y mi estilo. Y tenía un gran margen de libertad para laburar”.
Con una perspectiva relajada, pero casi antropológica, el libro se aventura en terrenos extraños. Riera se permite dejarse llevar y asombrar por cada uno de los lugares y los entrevistados: “a veces se usa la palabra bizarro con connotaciones peyorativas o irónicas, y la verdad es que creo que no hay nada más lejano al espíritu de este libro. Me parece que, en este caso, la idea fue muy todo lo contrario: dejar que fluyeran los mundos de la gente que lo protagoniza”. De esa forma, al encontrarse con un peluquero de Chivilcoy, líder del Movimiento Raeliano en la Argentina, el periodista se maravilla con sus revelaciones sobre extraterrestres y clonación humana. “Hubiera sido muy fácil ponerme en Majul, en banana –aclara Riera-. ¡A mi me revienta esa cosa pseudo-incisiva! Yo quería abrirme a cosmovisiones diferentes a la mía y compartirlas con el lector. Me parece que es un libro que tiene cierto espíritu democrático en ese punto. Todo lo contrario al estereotipo televisivo del fachista con la cámara oculta que va a desenmascarar al diferente”.
La estructura, si bien fue cambiando a medida que el trabajo avanzaba, tenía como ejes los capítulos dedicados a los museos menos visitados, las variedades del orbe sexual, los panteones y cultos extraños, deportes inusuales, terapias muy alternativas, comercios extravagantes y fantasmas. “Lo primero que hice fue, quizás para sacarme el tabú de encima, el capítulo Criminal –apunta Riera-. Hice un poco de archivo sobre los lugares donde se habían cometido crímenes famosos y empecé a visitarlos”. Para tratar de eludir la trampa del archivo voluminoso y el poco espacio, se propuso llegar a cada uno de esos sitios y encontrar nuevas lecturas. Así, pudo rescatar perlas que de otra forma se hubieran perdido. Por ejemplo, descubrir que al lado de la casa del Descuartizador de Barracas existe aún hoy un lugar donde se afilan cuchillos. Dice Riera: “ahí estaba la mirada. Observar nuevos detalles que pudieran complementar el relato y disfrutar de ese morbo inocente y aventurero que todos tenemos de estar en el lugar de los hechos. Que también es una de las razones que a veces nos llevan a elegir una profesión como esta”.

EL VIAJE

La travesía discurrió a lo largo de un año. A bordo del Volkswagen Gol del fotógrafo Sandstede recorrían la ciudad con el mapa de los datos que llegaban de maneras insólitas, a menudo fraguados al calor de la improvisación. Durante ese tiempo, Riera, además de obsesionarse y convertirse en el centro de atención en las reuniones con sus amigos, se sometió al aprendizaje con verdadero espíritu explorador: una dominatriz lo encorvó dentro de una jaula redonda con una capucha negra en la cabeza; la doctora Villafañe le sacó una foto a su alma con una cámara Kirlian pero nunca se la entregó (“así que quizás sabe más sobre mí que yo mismo”, sonríe); una especialista en Conciencia Celular interrogó a su cuerpo y, todo parece indicar, su cuerpo contestó.
“Hay un texto muy pequeño en relación con el impacto que me produjo –reconoce el periodista-. Es el dedicado al club swinger. Digamos, yo no soy un tipo tan interesante como para que, si un día me topo con ochenta personas garchando en un mismo sitio, eso no me produzca un impacto duradero. Me quemó la cabeza. Aún así, más allá de que había hablado con el dueño, de que había ido sin fotógrafo y con todas mis reservas, en un momento pensé que no tenía derecho a estar ahí: sentí que estaba participando de una fiesta que no era mía, y que me estaba inmiscuyendo en algo que no me pertenecía”.
Hubo episodios que desbordaron las expectativas. Por ejemplo, el mundo de los ventrílocuos, que terminó ganándose un insospechado capítulo propio en el libro. Riera visitó una de las reuniones semanales del Círculo de Ventrílocuos Argentinos y quedó fascinado: “cuando te encontrás en una misma noche con quince tipos, cada uno con su muñeco, te das cuenta que cada una de esas historias es absolutamente distinta a la del otro, que cada uno de esos mundos tiene una autonomía. Ahora el presidente del Círculo me dijo que querían hacerme Socio Honorario. ¡Será un placer, claro!”

EL RETORNO

Aún cuando finalmente la empresa llegó a su fin, y la editora Aguilar publicó el volumen, continuaron apareciendo lugares y personajes que quedarán para una reedición. La dinámica de Buenos Aires y sus recovecos ocultan siempre una nueva aventura, como la de El Titán, el bar temático del ex-Titanes en el ring Nicky Cruz. “Más allá del stress, siempre sentí que este tipo de cosas enriquecían o embellecían mi vida, en lugar de alienarme o abrumarme. Esos personajes y lugares, a mi me nutren como persona, incluyendo en esto al periodista y al escritor, pero mucho más allá de eso”. Mientras tanto, un rumor permanente, como un mar o un tren lejano, indica que la ciudad sigue andando. Inagotable y secreta.

(En Planeta Urbano, noviembre de 2008)

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