jueves, 29 de mayo de 2008

Un amigo

Mi amigo Alejandro Agostinelli me sacó una foto con su ejemplar de Buenos Aires Bizarro y la puso acá. Sus opiniones no deben ser tenidas en cuenta porque me quiere.

Citas Sea Monkeys

Así empieza El carácter Sea Monkey.

Querer facilitar la tarea del lector es un error. Éste no se sentirá nada agradecido. No le gusta entender, le gusta estancarse, atascarse, le gusta ser castigado. De ahí el prestigio de los autores confusos, de ahí la perennidad del fárrago.

***

Tal vez sólo habría que publicar lo que brota en un primer momento, antes de saber nosotros mismos adónde queremos llegar.

***

No escribimos porque tengamos algo que decir, sino porque tenemos ganas de decir algo.

E.M.Cioran
Desgarradura

martes, 27 de mayo de 2008

Buenos Aires Bizarro

Salió.


Un sueño

No me lo vas a creer, pero anoche soñé contigo. Ahora que te veo bien, no hay duda de que eras tú, porque en mi sueño lucías exactamente igual a como luces ahora, tal vez usabas un collar, tal vez un sombrero, pero a quién le importa eso... Lo importante es que eras tú y que tenías ganas de jugar, tal vez más que ahora, o tal vez menos, no sé, pero sí sé que tenías ganas de jugar.
Estábamos en la casa de una anciana con cara de buena, una anciana con cara de abuela, que no era mi abuela, que no era tu abuela, pero se comportaba como si lo fuera, porque no era tu abuela ni era mi abuela pero seguro que era la abuela de alguien, seguro que aquella era una buena abuela, pues nos daba dulces, nos daba chocolates, nos contaba cuentos tan buenos como este que te cuento, buenos cuentos con buenos, con malos, con hadas y monstruos, cuentos de niños que estaban en la casa de la abuela o al menos en la casa de una anciana que parecía una abuela y les daba dulces, les daba chocolates...
Si mal no recuerdo, la anciana nos dio de comer un chocolate tan delicioso que nosotros mismos nos convertimos en chocolates y tuvimos que salir de la casa envueltos en hielo seco para que el sol no nos derritiera, y tuvimos que cuidarnos de los niños que querían mordernos hasta que se nos pasó el efecto y aparecimos en una caverna, justo cuando un tiranosaurus Rex despertaba de su letargo y como era más alto que el techo de la caverna, al despertarse se golpeaba la cabeza y al golpearse la cabeza se ponía muy nervioso, y al ponerse muy nervioso lo primero que tenía a mano para hacerle notar cuánto le molestaba golpearse la cabeza contra el techo de una caverna éramos nosotros, que estábamos fascinados porque nunca habíamos visto un dinosaurio de verdad, y a la vez asustados porque temíamos que estuviera interesado en devorarnos o bien en aplastarnos con sus patas enormes, o bien en arrojarnos lejos de la ciudad con sus enormes garras.
Y cuando digo “lejos de la ciudad”, ¿a qué ciudad me refiero? No es que no lo sepa ahora: tampoco lo sabía en el sueño, porque busqué en mi bolsillo un mapa, te pregunté si tú tenías uno y me dijiste que no, que de ninguna manera, y yo te dije qué pena, y entonces no sé cómo pasó pero pasó, porque en los sueños sucede que ahora estás en un lugar y ahora no estás, y lo que a nosotros nos sucedió fue que de pronto estábamos en un avión y sobrevolábamos una zona de montañas, las nubes atravesaban los picos y tuve miedo de estrellarnos, pero el piloto no parecía preocupado. Yo diría que cuando se acercó adonde estábamos nosotros, más bien parecía enojado. Nos dijo qué esperan amigos, no tengo todo el día, y entonces comprendimos que debíamos abrir la escotilla y arrojarnos en paracaídas. No sabía que teníamos un paracaídas, pero lo teníamos, cada uno tenía el suyo como una joroba que cargaba sobre la espalda, has visto que en los sueños suceden muchas cosas extrañas.
Así fue como nos tiramos del avión y cada uno tomó la precaución de tirar de la piola de su paracaídas y caíamos en un enorme estadio donde miles de personas nos aplaudían como si fuéramos jugadores de béisbol o estrellas de rock y, puestos a elegir, los dos elegimos ser estrellas de rock: tú pedías una guitarra, yo pedía un micrófono y cuando empezabas a tocar y yo empezaba a cantar el estadio se esfumaba y se transformaba en un pastel de cumpleaños, ahora los que cantaban eran los demás, que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, no sé si me lo cantaban a mí, no sé si te lo cantaban a ti, pero a los dos nos alegraba estar allí. El problema es que desafinaban más de lo habitual y de pronto no se pudo soportar más y la canción fue un ruido aterrador, el ruido de mi despertador, el ruido que indicaba que los sueños, sueños son, que tienen un principio y tienen un fin, quieras o no, ahora empezó, ahora terminó, como todos los cuentos, como este cuento que a ti te cuento.

lunes, 26 de mayo de 2008

domingo, 25 de mayo de 2008

Esclavos del deseo

Tiene sus años y tal vez hoy la escribiría distinto. Me costó un año de laburo y me quemó la cabeza. Me parece, sin embargo, que fue mi primera crónica como la gente.

(De Crónicas Filosas. Los mejores relatos de Rolling Stone, 2007, publicada originariamente en RS Nº 20, noviembre de 1999.)

sábado, 24 de mayo de 2008

1705

Salgo rápido de casa porque no quiero que llegues y me veas así,
porque tengo la cara roja y porque hiervo
y esas cosas no se van con un baño
y esas cosas tardan en irse.

(De Sexo telefónico, 2005.)

viernes, 23 de mayo de 2008

La figura paterna

Ayer te cruzaste con tu padre por la calle y no lo reconociste: se fue de tu casa cuando tenías ocho años y no lo volviste a ver hasta ayer, cuando lo viste pero no lo reconociste porque se había dejado la barba las canas las arrugas la ausencia. Él tampoco te reconoció: caminaba abstraído, pensando en el cáncer de próstata que lo matará dentro de seis meses. Jamás te enterarás de su muerte: nadie en su otra familia, la única que le importa, moverá un dedo para encontrarte, para avisarte que el hombre que golpeó a tu madre abusó de tu hermana y te abandonó abandonó también este mundo. El día que tu padre se muera será un día como cualquier otro, otro más entre los muchos días que viviste sin saber nada de él y sin siquiera pensar en ello.

(De Familia y propiedad, inédito hasta dentro de poco.)

miércoles, 21 de mayo de 2008

Japoneses

Asami dice nunca me sentí infeliz porque era infeliz todo el tiempo. Lo dice a las 3 de la mañana, por I-Sat, mientras le corta el cuello con un cable al tipo que minutos antes le quemó la concha con un hierro caliente.

(De Familia y propiedad, inédito hasta dentro de poco.)

Cómo vive la gente que tiene trabajo, pero no mucho

(Mi amigo y compañero de trabajo Tomás Eloy Martínez Biral me pidió que subiera una crónica que escribió para la revista Barcelona. Tanto me insistió que decidí hacerle caso.)

Voy a compartir un secreto con los lectores de Barcelona (y ahora, también con los del blog de mi amigo Daniel): estos son días propicios para la llamada “Literatura del Yo” y, por lo tanto, quizá mi confesión sea bien recibida por lectores y crítica. Me refiero a que ando con poco trabajo en estos días. Quiero decir, más allá de esta crónica que estás leyendo, lector amigo, no tengo mucho para hacer. Y debo decirte, lector amigo, que esta crónica que leés cada tanto no me alcanza para ganarme la vida. Estoy negociando con el director de esta revista la puesta online de mi propio blog, pero Joan Marí Carbonell y Figueres se toma su tiempo para evaluar mi propuesta, y mientras tanto, ay, me van a comer los piojos. Le había pedido a Joan Marí que me hiciera lo que los chicos llaman “una onda” en el diario de Lanata, pero su salida intempestiva del flamante Crítica (que aprovecho para recomendar desde esta humilde crónica) generó un efecto dominó y evitó lo que hubiera sido mi ingreso triunfal y mi posibilidad de pagar el alquiler, que ahora se ve un tanto dificultada por ciertos problemas que prefiero calificar como financieros y no como económicos en la medida en que el término “financieros” presupone una dificultad momentánea que el tiempo resolverá apenas tenga tiempo. En fin. Este cronista sabe que el periodismo es una profesión dura, mal paga, una mierda. Pero es lo único que sabe hacer. Y no lo hace mal. Me atrevería a decir que lo hace bien. Que lo hago bien. Me atrevo a decirlo en primera persona, tan estúpida me suena esa impersonal tercera persona cuando estoy hablando o en este caso escribiendo sobre mi vida, ni más ni menos, y no sobre otra cosa. Sobre mi vida y sobre mi oficio de periodista. Mi querido oficio, que tan poco ejerzo últimamente.
Es cierto: tengo trabajo. Escribir esta crónica es un trabajo: hay que sentarse frente al monitor, pensar una idea, escribirla, llegar poco más, poco menos a los 4 mil caracteres, corregirla, adjuntar el archivo, enviarla, etc. No es poco. Pero no es mucho. Lo digo porque no me toma mucho tiempo, porque podría aprovechar el tiempo libre para hacer otras cosas que me dieran dinero, poco o mucho, pero dinero. Todo suma. Quiero decir, un poco más de dinero siempre es bien venido. Sobre todo cuando no abunda, como en este caso. Y así es como le propongo a la empresa que edita Barcelona y a las otras empresas que editan otros diarios, otras revistas (incluso al diario de Lanata, en tanto lo que pasó con el señor Joan Marí Carbonell y Figueres escapa a mi incumbencia, más allá de que, por supuesto, sea mi amigo personal y tan generosamente me haya ofrecido este espacio que representa, hoy por hoy, mi única fuente de ingresos) que aprovechen mi tiempo libre. Yo estoy dispuesto a resignar una parte de mi tiempo libre a cambio de un poco más de trabajo y una remuneración razonable a cambio de ese trabajo. No pido mucho, lo que no quiere decir que pida poco. Pido algo. Ni más ni menos que algo. Algo de dinero. En los últimos tiempos he descubierto que la vida del que tiene algo de trabajo, pero no mucho, es un poco dura cuando uno no tiene la vaca atada y debe trabajar para vivir. Es así, no hay con que darle: el dinero no hace la felicidad, pero da calorcito. Y cuando digo “calorcito”, lo digo metafóricamente, me refiero a un pedazo de queso Mar del Plata, un buen lever, el diario (aunque sea el de ayer) sobre la mesa, una longaniza, un Gancia, una conexión de banda ancha a Internet, unos mangos para invitar al cine a alguna colega, una tarjeta para recargar mi celular, un paraguas que no se me descuajeringue ante la primera ráfaga de viento, un viaje con los gastos pagos de tanto en tanto aunque más no fuera a Jeppener o a Bragado o a Añatuya, un limoncito para echarle a la ensalada, ya no digo un kilo de papas porque están carísimas, pero al menos dos tomatitos, dos plantas de lechuga mantecosa, un par de cebollas grandes, qué se yo, no es mucho lo que pido, dada mi trayectoria, y creo que me lo merezco, y por eso te digo, amigo lector, que si sabés de algún laburo (tenemos la confianza suficiente como para decir “laburo” y no “trabajo”) me lo hagas saber. Este viejo profesional con décadas de oficio, acaso desaprovechado en estos días, te lo va a agradecer.

(Martínez Biral, Tomás Eloy. En Barcelona 130, marzo de 2008.)

martes, 20 de mayo de 2008

Los fantasmas de la casa de mi tía

Me dijeron que en la casa de mi tía había fantasmas y yo no lo quise creer, hasta que una vez la visité y vi una manzana que volaba por el comedor y unos dardos que se arrojaban solos y que daban siempre en un blanco que había en la pared del living. El problema mayor estaba en el baño, porque el papel higiénico se me escapaba cuando lo quería agarrar y entonces me tenía que quedar un rato largo sentado en el inodoro hasta que los fantasmas se cansaban y me permitían usarlo. A veces sonaba el timbre y no había nadie llamando a la puerta. A veces alguien se gastaba el dedo apretando el timbre, pero los de adentro no escuchaban ningún sonido. La verdad es que los fantasmas de la casa de mi tía nunca le hicieron daño a nadie, pero a mí me daban mucho miedo. Es lógico: uno está acostumbrado a que las manzanas no vuelen, a que los dardos no se arrojen solos, a que el papel higiénico no se escape cuando uno lo necesita y a que el timbre suene cuando tiene que sonar y no suene cuando no tiene que sonar.
Los fantasmas actuaban cuando alguien estaba solo en alguna habitación de la casa de mi tía: si, por ejemplo, yo veía que una manzana se había echado a volar y la llamaba a mi tía, cuando mi tía llegaba la manzana estaba invariablemente en su sitio y mi tía pensaba que yo estaba loco. Los problemas del timbre, para mi tía, indicaban que el timbre funcionaba mal y que había que llamar a un electricista. Mi tía vivía sola y la molestaban mucho los fantasmas, pero mi tía nunca le contaba nada a nadie porque no lo quería reconocer: pensaba que los fantasmas no existían y que las cosas raras que le pasaban debían tener otra explicación. Hasta que un día me dijo que quería hablar conmigo de tía a sobrino y me lo confesó. Los fantasmas le destejían los abrigos que tejía, le cambiaban de canal el televisor y le agregaban azúcar al café que tomaba. Le pregunté si le daba miedo cuando sucedía todo eso y me dijo que le parecían como travesuras de un niño, que a veces se enojaba y perdía la paciencia con los fantasmas, pero que no les tenía miedo como yo.
Una vez fui a la casa de mi tía a tomar la merienda y mientras charlaba con ella se me ocurrió una buena idea. Le dije: yo les tengo miedo, desde hoy no les tengo miedo; a vos te hacen enojar, desde hoy ya no te hacen enojar. Ellos quieren llamarnos la atención: desde hoy los vamos a ignorar. Y así fue que una vez una manzana se echó a volar, pero yo estaba leyendo un libro y no le hice caso. Y así fue que una vez le destejieron el abrigo a mi tía y mi tía aprovechó para mirar una película en la tele. Y así fue que los fantasmas le cambiaron de canal y mi tía se quedó mirando el programa deportivo que habían puesto. Y así fue que una vez los dardos se arrojaron solos y yo seguí haciendo los deberes de la escuela como si nada. Y así fue que los fantasmas le agregaron azúcar al café que tomaba mi tía y mi tía decidió agregarle más azúcar todavía y tomó una especie de azúcar con café, muerta de risa. Y así fue que me quitaron el papel higiénico cuando estaba en el baño y los dejé jugar hasta que se cansaron y lo pusieron en su sitio (me había llevado un cómic para leer en el baño, así que podía esperar todo el tiempo del mundo). Tanto los ignoramos una y otra vez que al final se fueron y nos dejaron de molestar para siempre.
Ahora las manzanas no vuelan, los dardos no se arrojan solos, el papel higiénico está siempre al alcance de la mano, mi tía teje que te teje y nadie se lo desteje, nadie le cambia de canal y nadie le pone a su café más azúcar de la debida. El timbre suena cuando tiene que sonar y no suena cuando no tiene que sonar. No les voy a negar que a veces me aburro un poco en la casa de mi tía, pero cuando eso sucede, le pido que me cuente un cuento y el aburrimiento se me pasa en seguida.

lunes, 19 de mayo de 2008

El Purvi


Conocí al Purvi una mañana que había salido de testigo en un juicio (yo, no el Purvi), una causa justa, una buena declaración, la querellante muy contenta, desde la ventana del juzgado se veía el chalecito de la 9 de Julio y a las 10 y media de la mañana estaba en la calle y yo estaba sin perro y quería un perro y me metí en un ciber a mirar páginas de adopción de perros (encantador fundamentalismo: uno dice, leí que acá regalaban un perrito; le responden no, no, hay una confusión, no “regalamos perritos”, los damos en adopción) porque quería un perro y me negaba y me niego y me negaré a comprar un perro: ¡Los perros no se compran! Anoté cuatro o cinco nombres de perros cuatro o cinco teléfonos y todos los perros habían sido adoptados y cada nuevo ya fue me lastimaba más, y entonces me dije es evidente que mucha gente acostumbra navegar por internet. Era el 8 de febrero de 2006 y hacía calor y se me ocurrió que hay mucha gente que acostumbra navegar por internet, pero tal vez poca gente que acostumbra visitar la Sociedad Protectora de Animales Sarmiento, pero tal vez muchos perros en la Sociedad Protectora de Animales Sarmiento, en Santiago del Estero 649 y allí fui, caminando, no estaba muy lejos estaba nervioso muy nervioso muy nervioso cuando entré a buscar a mi perro entre todos los perros, entré en un patio lleno de jaulas cada jaula con un perro adentro y todos los perros ladraban, me ladraban para que los mirara, todos los perros me decían sacame de acá pero yo no podía sacarlos a todos, tenía que sacar a uno solo, era como esas películas cuando la abogada visita el penal y camina por el pasillo acompañada por el guardiacárcel, presos a los costados aferrados a los barrotes, presos que la miran en busca de un dato que les cambie la suerte.
El Purvi estaba ahí y lo llamaban Pancho y yo dije ningún Pancho, este es el Purvi, me querían dar a Marlboro que era lindo perro Marlboro, pero a mí me gustaba más el Purvi, me hicieron recorrer el patio y la pensé un poco porque todos los perros tenían lo suyo, pero siempre volvía al Purvi que se llamaba Pancho que ladraba y que me miraba distinto de los demás, como si supiera. Entonces dije es este y le abrieron la jaula y el Purvi que se llamaba Pancho saltó y corrió y corrió atravesó el patio y corrió por el pasillo hasta la puerta corrió como el correcaminos como correría cualquiera cuando le abren la jaula corrió miamigomío y mientras corría le prometí que nunca más estaría en una jaula y cuando se quedó quieto le dieron la antirrábica, se las pagué y me lo llevé. Era la primera vez que tenía un perro a mi cargo y no recuerdo qué pregunté pero pregunté mucho, cuánto come, qué come, el cronograma de vacunas, ese tipo de cosas, les demostré a la vez mi absoluta ignorancia en materia de perros y la mejor de las buenas voluntades. Les pregunté si lo podía llevar caminando hasta Constitución, no porque pretendiera ahorrarme el taxi sino porque me pareció que el Purvi querría ver la calle, mear los árboles, caminar, es lo que querría yo si me pasara el día en una jaula, era lo que quería él porque no se quejó en ningún momento y caminó, parando en todas pero caminó trece, catorce cuadras. Nos tomamos el tren en Constitución, yo sentado, él recostado en el suelo, mientras sacaba el boleto en la maquinita lo vino a saludar un perro solitario y, creo, solidario, y tal vez garrapatudo, y me asusté, pero el perro todo bien, quería jugar nada más, pero yo, todavía sobreprotector, todavía ansioso por llegar, subí al tren, el perro solitario solidario subió, también, pero bajó antes que el tren arrancara, lo quise llevar a upa (¡Quinterno!) pero al Purvi no le gustaba, y en todas las estaciones se quería bajar, pero teníamos que bajar en Banfield y nos bajamos en Banfield y nos tomamos ahora sí, un taxi hasta mi casa, temblando yo para que no meara el taxi, lo cual era imposible si consideramos la cantidad de árboles que había meado a lo largo de catorce cuadras, si consideramos que había meado los primeros árboles y a los otros les amagaba pero no los meaba, tenía un mear heterodoxo en aquella época, acaso porque tenía un año nomás, a veces meaba clásico levantando la patita a veces meaba como nena estirándose sin levantar nada, ahora mea siempre clásico levantando la patita.
Y llegamos a mi casa y le dije a Moni te traje una sorpresa o tengo una sorpresa, no sé, verbo en primera persona del singular + una sorpresa y Moni me quería matar habíamos hablado del asunto, íbamos a tener un perro pero la tomé de sorpresa (¡Tenía una sorpresa!) y se enojó y me dijo no había uno más lindo, lo que parece mentira porque ahora ella está convencida de que no, no hay no puede haber un perro más lindo que el Purvi, pero eso se lo debemos a la infinita capacidad seductora del Purvi, que estaba sediento ese primer día, luego de la secuencia catorce cuadras + tren + taxi y estaba nervioso y andaba de acá pa llá y estaba mugriento qué decir, mugriento es poco mi amigo brilla ahora de toda brillantez el superperro mi amigo vino a este mundo a brillar.
Cuando bajó al jardín por la escalera caracol fue el acabóse, Purvi corriendo una larga distancia en círculos (¡Yes!), Purvi de la jaula al verde Purvi cavando un pozo en la tierra, Purvi en busca de lo profundo, existencialista Purvi.
El Purvi combina el negro y el vainilla de los manto negro o los ovejeros, pero carece de la forma castrense de éstos (El Purvi tiene la cabeza redonda y un cuerpo de proporciones dudosas, patas que parecen poco para sostener tanto perro… ¡eppurvi si muove!) y no es nada guardián y mucho menos policía. El Purvi es mestizo, como dicen los veterinarios, o atorrante o raza perro o como se diga, como lo demuestra además ese tercer color, ese triángulo blanco de toda blancura a la altura del pecho. Y es morrudón, 13 kilos de perroperro, de súperperro y tiene los mejores ojos que un perro haya tenido jamás, es un perro pyme, un chiquimediano, es nuestro auténtico sostén emocional, porque nos contiene, el Purvi, de los infiernos heredados, enorme responsabilidad sobre su lomo (los perros no tienen hombros) y ni cuenta se da. El Purvi se llama Purvi porque Purvi era uno de esos apodos cariñosos de circulación interna entre novios que teníamos con Moni, y fue el que más nos duró, o sea pasaron Pupi (¡Zanetti!), Pucú, Puquita, empalagoso etc. Y el Purvi lleva el nombre de nuestro amor porque eso es, en efecto, el fruto de nuestro amor (¡Freud!) y lo tratamos en consecuencia, aunque nada se compara (¡Prince!) al modo en que nos trata él. O sea, el veterinario le dijo Te sacaste la lotería, mi amigo, cuando los que nos sacamos la lotería fuimos nosotros. El Purvi es la Lotería mesma, la Lotería de Cuatro Patas. Luego supe que Purvi era un nombre hindú. El Purvi ya lo sabía, estoy seguro. ¡¡¡Qué perro, señores!!! Llego a casa le pregunto ¿Cómo está el amigomío que tanta alegria nos da? ¡¡¡Qué perro, señores!!! No da la patita, pero hace el muertito (¡Solari!), largos ratos en busca de largos mimos, y hace jueguito con una media y se roba las medias, avanza sigiloso hasta las medias y se las lleva y las tira para arriba (¡Mateos!) describen parábolas las medias sobre todo las sucias las con olor las que saca de adentro de las zapatillas porque las medias limpias al Purvi no le interesan nada, ¡¡¡Qué perro, señores!!! El Purvi hace el tristecito para que lo saque a pasear y nos habla, aunque no siempre entendemos lo que nos quiere decir. ¡¡¡Qué perro, señores!!! ¿Acaso qué? El Purvi mueve su plato rojo con el hocico y con las patas hasta que eyectan las piedritas de alimento balanceado y nunca pero nunca, jamás de los jamases come cuando nosotros no estamos. ¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa perro perro?
El Purvi está castrado, así venía de la Sarmiento, y sin embargo cada tanto se emociona: es como si cogiera con el aire, avanza en cuclillas unos pasos en actitud uno-dos uno-dos (¡Burgess!) y después guarda su Purvipito y la vida sigue. Cuando salimos a pasear, el Purvi baja la escalera con su propia correa entre los dientes y ladra hasta el momento exacto en que pongo la llave en la cerradura, en la calle el Purvi se hace amigo de los perros pyme como él (el más amigo perro perro es uno al que llamamos Puchuflo) y apura con coraje guevarista a los perros grandotes, a los idiotas de cabeza cuadrada los perros poca onda los guardianes de 50 kilos que por ahora, felizmente, lo ignoran, o sea se niegan a confrontar con el Purvi, y no queda sino lamentar las limitaciones de un Purviescrito, que sólo puede ser concebido si uno admite que no hay un texto definitivo, que habrá más más y más, y que la suma de los Purviescritos diseminados a lo largo del tiempo y a lo largo de los libros representará, aunque sea, una leve aproximación al Purvimundo, que es el mejor de los mundos posibles y que es, también, gracias a la buena voluntad del Purvi, mi mundo.
(De La venganza del Sea Monkey, inédito.)

sábado, 17 de mayo de 2008

Fernando Noy, el presidente de la noche

Fue hace catorce años y se publicó en su momento en la revista La Maga. El poeta Fernando Noy habló sobre noches compartidas con Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Osvaldo Lamborghini, Julio Cortázar (por teléfono), Tanguito, los personajes de Cemento (Errata ridícula: donde dice "Genial" debe decir "Geniol") y el fantasma de Jimi Hendrix.

http://sololiteratura.com/php/docinterno.php?cat=miscelanea&doc=357

Trabajar por centavos

El link donde la encontré es rarísimo. La publiqué en la desaparecida TXT y en la revista dominical del diario El Universal de México.

http://www.alcoholinformate.org.mx/saberdelmundo.cfm?articulo=93

viernes, 16 de mayo de 2008

La industria

Dice el texto escrito en la contratapa de Sacrificios en días santos, de Antonio Dal Masetto: La novela cumple con todos los requisitos de la mejor ficción: impecable desarrollo del arco dramático, ímpetu narrativo constante y asombrosa y precisa definición. Si el texto dice la verdad, estamos ante la peor novela de todos los tiempos, la que cumple con todos los requisitos para su digestión inmediata por parte de cualquier estúpido. Pero sabemos que los textos escritos en las contratapas de los libros siempre exageran un poco y suponemos, entonces, que Sacrificios en días santos es una novela bastante mala, pero no la peor de todos los tiempos. De este modo, hasta el más leve interés historiográfico desaparece.

(De La vergüenza nacional, inédito)

jueves, 15 de mayo de 2008

Hollywood

Contra todos los pronósticos
me dieron el Oscar
al mejor actor de reparto
Derroté a Michael Caine
a Sean Penn
a Gene Hackman
y a John Turturro
y subí al escenario a disfrutar
mi momento de gloria
Jeff Bridges me dio la estatuilla
Parecía tan feliz como yo
y eso que apenas lo conozco:
pero a quién le importaba Jeff Bridges esa noche
Estaba ahí para darme el premio
mi premio
Estaba ahí para que yo brillara más
más todavía
con mi Oscar al mejor actor de reparto
Sabía que podía suceder
confiaba en mí y sabía que los jurados
podían llegar a apreciar mi trabajo
Cuando subí al escenario dije
Saben, estoy muy contento,
Uh!
y las estrellas que estaban en la ceremonia
me aplaudieron mientras me secaba
la transpiración con un pañuelo
Si son capaces de aplaudirlo a uno
por decir Uh!
y por secarse la transpiración con un pañuelo
la batalla está ganada de antemano
Eso pensé y no me equivocaba
Primero le agradecí a la Academia
Dije Gracias a todos los que me votaron
Este es un honor muy grande para mí
Lo miré a Michael Caine y dije
Michael: eres grandioso
y las cámaras lo tomaron a Michael Caine
aplaudiéndome y mordiendo el polvo
y cientos de millones de personas
en todo el mundo
pudieron ver cómo
me aplaudía ese hijo de puta
Lo miré a Sean Penn y dije:
Sean, eres un ejemplo para todos nosotros
y Sean Penn alzó su pulgar derecho en mi honor
cuando todos sabíamos que en realidad
deseaba alzar su dedo mayor
Lo miré a Gene Hackman y dije:
Gene: sabes que te admiro desde La Conversación
Fue una manera elegante de decirle que ya era hora de retirarse
y Gene Hackman entendió el mensaje
porque nadie creyó en su sonrisa pretendidamente amistosa
(y eso que Gene Hackman es un gran actor)
Lo miré a John Turturro y dije:
Johnny, perdóname, eres grande, pero hoy me tocó a mí
y Johnny alzó su copa en un brindis imaginario
Puede que no lo parezca, pero Johnny es buena gente
No digo que deseaba perder el Oscar, pero sé que me aprecia
Yo también lo aprecio y lo admiro mucho
pero no se vayan a creer que me dio lástima romperle el culo
Después dije: Harvey, gracias por haber confiado en mí
Matthew, eres maravilloso, ha sido un placer trabajar contigo
Stanley, ese guión fue increíble,
El cine es un trabajo de equipo: a todos nos alegra
llevarnos a casa uno de éstos
Uh!
pero sólo es posible cuando estamos bien dirigidos por
profesionales talentosos como Matthew, cuando contamos historias
tan redondas y tan perfectas como la que escribió Stan y cuando
los psicópatas como Harvey no dejan ningún detalle librado al azar
Después que aplaudieron todos
cuando empezaban a hacerme señas para que redondeara
dije
Lisa, mi amor
tu sabes que esto te pertenece
Las cámaras la enfocaron a mi mujer
que estaba esplendorosa con su vestido de Galliano
con su piel blanca y su escote, el escote
del que todo el mundo hablaría
millones de personas masturbándose al unísono
con el escote de Lisa
millones de personas que acaso esa noche se enterarían
que estoy casado con una de las cinco mujeres
más hermosas de los Estados Unidos
Lisa fue tapa de Vanity Fair
y me ayudó mucho con mi papel de cornudo
mi papel de esposo negador
humillado por una puta que no lo respeta.

(De Familia y propiedad, inédito hasta dentro de poco.)

lunes, 12 de mayo de 2008

¡Oyola me leyó!

Me envían esto. Parece que a Leonardo Oyola le gustó El carácter Sea Monkey y lo dijo en público. Me alegro mucho.

http://www.lalaurette.com.ar/blog/index.php/emporio/2008/05/09/title-10

I

Este es el libro del tiempo muerto y de la ropa vieja, una mezcla más o menos azarosa de diván y piquete, la última bala que me queda. Sé que nos veremos y que beberemos pronto: juraría que a vos también te hartó este desquicio. Mañana va a llover o tal vez no: lo peor es que ha dejado de importarnos. Alguien va a llamar después de las once de la noche para dar la misma noticia más o menos fatal de siempre. Lo malo de las letanías es el infinito; lo bueno, no lo sé. Este cansancio tiene el olor de los infartos, pero un buen corazón puede hacer mucho quilombo segundos antes de quedarse quieto.

(De La vergüenza nacional, inédito.)

sábado, 10 de mayo de 2008

1987

El primer poema es impublicable
Por eso lo saqué de este libro
Porque es malo, porque es falso
porque huele tan mal como suena
Es de esos poemas que presuponen
que hay un principio unívoco para las cosas
y que ese principio está siempre lejos de uno.



(De Sexo telefónico, 2005)