viernes, 28 de noviembre de 2008

Un escritor desaparecido en 2007



Hace un año desapareció nuestro amigo Mario Osvaldo Salvino, escritor, crítico de espectáculos y docente. La última vez que lo vimos fue la noche del 28 de noviembre de 2007. La denuncia se formalizó el 7 de diciembre de 2007, en la Comisaría 8va. Fueron publicados avisos, con foto, en las ediciones dominicales de Página 12 y Clarín, en la revista Hecho en Buenos Aires y otras barriales. El 17 de diciembre se realizaron notas en Crónica TV y Canal 7, y en programas de radio. Un amigo común, el Dr. Pablo Kiel, se presentó a la Justicia, tomando el caso la Fiscalía en lo Criminal de Instrucción Nº 11, sita en calle Paraguay 1536 piso 6º, CABA. Causa Nº 1-11-14989/07. Mario, C.I. Nº 5.906.498, tenía 50 años. Vivía en México 2756 de la CABA. En los teléfonos y correos electrónicos indicados para contactarse nunca recibimos un llamado o mensaje. De la "investigación" judicial ni hablar. Como si lo hubiese tragado la tierra o capturado una nave extraterrestre invisible. Lo que indica que los humanos pueden desaparecer sin dejar rastro, la basura no. Sus amigos insistiremos en buscar alguna pista.
Agradecemos la difusión de este llamado solidario, cualquier información a las direcciones de correo y teléfonos que figuran en el archivo adjunto.

Carlos Suárez.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Czeslaw Milosz regresa

Visité el lugar donde nací,
pero no había
casas,
sólo los desnudos
despojos de un parque,
y el río está
contaminado.

(Basado en la entrevista que concediera el poeta a The Paris Review. En Lo cuarto, obra en construcción.)

lunes, 24 de noviembre de 2008

Conversación fastidiada sobre el oficio de periodista

UNO
Hola Daniel Riera.Me llamo xxxxxxxxxxxx, tengo 18 años y estudio en xxxxx. Para la materia xxxxxx a la que vos viniste TAN GENTILMENTE estoy haciendo una nota relacionada con Buenos Aires Bizarro. Así que te mando unas preguntitas, si me las podes responder lo antes posible (por favor!!!!!! me imagino que sos un hombre muy ocupado pero la urgencia del estudiante lleva a medidas desesperadas) estaría buenísimo!Ya lo respondiste muchas veces, incluso cuando viniste, pero bueno:¿Cómo definirías bizarro y qué califica a Buenos Aires como una ciudad bizarra? Desde ya, muchas gracias.

DOS
Hola xxxxxxx, en efecto ya las respondí tantas veces que no tengo ganas de responderlas de nuevo. Un gran ayudante de los periodistas es el archivo. Te sugiero que, salvo casos de fuerza mayor, no hagas nunca entrevistas sin haber hecho antes un poco de archivo. Por dos razones: 1)Las entrevistas son mucho más interesantes cuando el periodista sabe con quién está hablando; 2) En general el entrevistado se hincha las pelotas cuando descubre que el periodista no se tomó el mínimo laburo de averiguar data sobre el motivo de la entrevista que le tocó en suerte. No soy la excepción.
Sobre el caso particular de B.A.Bizarro hay 21 entradas en mi blog y hasta un sitio web específico que se llama www.buenosairesbizarro.com.ar En ese sitio, no sólo hay unas cuantas notas que no están en mi blog, sino que además está el prólogo del libro. Ahí encontrarás -estoy más que seguro- respuestas a las preguntas que estás planteando.
Saludos,
Daniel.

TRES
Desde ya, muchas gracias!!!Yo quería con mi mail avisarte que iba a hacer una nota en parte sobre vos, porque en el trabajo nos especificaron que teníamos que tener "testimonios hechos especialmente para el trabajo". ¡Muchas gracias por los consejos! La verdad es que hice un cambio radical de tema hoy porque me parecía más interesante hablar de esto que de otras cosas y me encontré en un momento de desesperación. muchas gracias por la información!!!Suerte

CUATRO
Hola xxxxx. Toda la vida atendí a estudiantes de periodismo de xxxxxx y otras escuelas cuando lo requirieron y luego de la aparición de este libro, además de ir personalmente a xxxxx, atendí a otros estudiantes de xxxxx, de xxxxx y otras. No tengo problemas en atenderte, sólo que entiendo que no fue muy seria la forma en que te presentaste, y cuando digo "seria", no quiero decir solemne. Me parece que no tiene ningún valor agregado hacerle una entrevista a alguien para pedirle que repita cosas que ya dijo. Para eso alcanza con el archivo. Y, además, no queda bien. Se supone que si querés entrevistar a alguien es porque querés saber algo nuevo además de lo que ya salió publicado.
En fin. Yo no soy tu profesor, pero creo que tenés mucho tiempo por delante para aprender este oficio y me pareció sano no dejarte pasar estas cosas.
Cuando yo empecé a laburar (1988) no existía Internet. Cada vez que le quería hacer una entrevista a alguien, para hacer archivo tenía que ir a un diario, pedir que me permitieran ver el sobre de papel madera con los recortes, fotocopiar lo que me interesaba. A veces ese sobre no existía o los recortes eran escuetos, por lo cual tenía que irme al archivo de otro diario, o averiguar qué colega lo conocía o lo había entrevistado y había guardado data, para pedírsela prestada. Ahora es infinitamente más sencillo, sobre todo desde que existe el súperbuscador Google (1998). Por eso, creo, es inadmisible que alguien vaya a hacer una nota o envíe preguntas sin haber leído lo suficiente.En fin, no me quiero poner plomo. Ojalá tomes en cuenta lo que te digo.
Saludos,
Daniel.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Dos perritas


Me envían esto. Ojalá alguien se cope con estas amigas en apuros.
¡Hola a todos! somos del grupo de ayuda a mascotas TE NECESITAMOS y nos comunicamos con ustedes en esta oportunidad para ofrecerles estas dos cachorras hermosas de 6 meses que nos quedan. Son dos hermanitas, ambas hembras, una cremita como la que se ve en la foto que está aquí adjunta. La otra es igual, pero negra. Tienen 6 meses y son cruza de un pequinés y una perra mediana que no es de raza. Están en una casa de tránsito junto con muchos otros animales, por eso no pueden ser bien atendidas y van a quedar en la calle. Por favor, necesitamos dos familias que las adopten. Son muy cariñosas y juguetonas. Son de raza pequeña (más no van a crecer) y NO están vacunadas. Por favor ayúdenos, estamos hace mas de un mes ofreciéndolas y no tenemos ninguna respuesta, podés mandarnos un mail a tenecesitamoss@hotmail.com y hacernos todas las preguntas que desees. Ayúdenos porque no podemos tenerlas más acá. Muchas gracias de corazón nuevamente por prestarnos su espacio.

"You don 't have to walk that much to find the bizarre"

Me hicieron una nota para la revista The Nose. Hay que entrar donde dice Preview it on-line y luego dirigirse a la página 15.

martes, 18 de noviembre de 2008

Novela subversiva

De tanto en tanto, periodistas y críticos literarios se preguntan cuál es “la” novela sobre la última dictadura militar. La cantidad de ficciones que han abordado el tema es abundante; su calidad, inevitablemente dispar. Hace unos días, de paso por Córdoba, me regalaron Procedimiento. Memoria de La Perla y la Ribera, de Susana Romano Sued. Quien espere, a partir de ese título, un testimonio naturalista y crudo, un “relato de sobrevivientes” apenas ficcionalizado, se equivoca. La palabra “Procedimiento” remite aquí a los siniestros operativos de los “grupos de tareas”, pero también a lo que hace un escritor cuando trabaja sobre la forma y la estructura de sus textos. La mera didáctica de la denuncia hubiera producido un texto muerto, rancia literatura “comprometida”, un apéndice del Nunca más más o menos “bien escrito” según el caso. Romano Sued prefirió hacer lo que proclamaba Néstor Sánchez:“abrir las formas hasta que no quede nada de ellas”.
En Procedimiento, su primera novela, Romano Sued trabaja sobre la sonoridad de las palabras y sobre el ritmo que surge al combinarlas. Atraviesa la narrativa desde la poesía, pone en tensión el concepto mismo de “narrativa”. Si estamos en un tiempo sin tiempo, si el ámbito del relato es una suerte de eternidad infernal, la cronología no tiene ninguna importancia. Por eso, tal vez, la parodia de cronología: aquí vamos del día tres al día ocho, del día ocho al día dos, del día cuatro al día uno y medio y del día uno y medio al cuarenta y seis y así. Y en el marco radical de esa idea del “no tiempo” no hay lugar para las convenciones de la introducción, el nudo y el desenlace. Lo que hay a cambio es una sucesión de párrafos breves, la (re) creación de una atmósfera irrespirable, envolvente, y la preservación de la voz propia como militancia, como ejercicio liberador.

Acá llueven y salpican vómitos de cincuentaydos desparramándose en mareas sucias de acre resaca involuntaria esparciéndose mientras frisos fríos albergan dientes como dijes, muelas como guijarros, campanillas batiendo hemorragias, derramándose sangres como afluentes brotando desde bien de atrás sin eco de calabozos y picanas que tapen cortejos que arrastran pies y ruedas hacia bosques de mármol y granito moradas últimas flanqueadas por pies acompasados, (compañía de marchas trazando itinerarios a panteones que quisiera mi hogar).
Trato de pensar de qué modo interactúa Procedimiento con otros textos que aluden a la dictadura. Voy a la fundamental Carta Abierta a la Junta Militar que Rodolfo Walsh hizo pública el 24 de marzo de 1977, un año después del golpe de estado. Ahí está todo: la Carta es un vademécum conciso y perfecto que permite saber todo lo imprescindible sobre la dictadura: qué hacían los militares, a beneficio de quiénes y para qué lo hacían. Por qué torturaban y cómo lo hacían, por qué mataban y cómo lo hacían, en qué consistía la política económica y quiénes la dictaban. Ahí está todo. O casi todo, porque Procedimiento agrega la dimensión de lo corporal. Es un libro escrito desde el cuerpo, una materia nueva construida a partir de la materia sojuzgada. Donde Walsh pone datos, Romano Sued pone sensaciones. Cada texto es el complemento perfecto del otro. Son dos maneras –ambas eficaces, ambas necesarias– de encarar el relato de la dictadura.

Acá muslos, pantorrillas, muñecas, cuellos arados, rastrillados por hilos vivientes, ardientes, de cobre, por latas llenas de herrumbre dejando su excavadura tallada en tobillos sin piel, sobre ingles lastimadas, desgarrando tela y epitelios. Latones cargados con desperdicios de alimentos flotando listos para penetrar en lóbulos límbicos en vértigos submarinos remando de través por lagunas de olvido.

Lejos, bien lejos de la épica montonera de Recuerdo de la muerte, de Miguel Bonasso, en Procedimiento no hay héroes. El único gesto heroico posible es la supervivencia. Sólo los sobrevivientes podrán dar testimonio de lo vivido. La voz que narra no habla sólo de la supervivencia del personaje protagónico: habla, también, de la supervivencia de la escritura, de la supervivencia de esa voz particular y única. Por eso, tal vez, sería una injusticia ubicar Procedimiento al lado de Nunca más y/o otros tantos catálogos del espanto: su lugar está, más bien, en otro sector de la biblioteca, cerca de las obras de Néstor Sánchez u Osvaldo Lamborghini, escritores fatalmente más celebrados que leídos, que se ocuparon de diluir las diferencias entre el “narrador” y el “poeta” y escribieron textos inclasificables, incómodos, verdaderos dolores de cabeza para la crítica, momentos de choque entre el arte y la cultura. En su prólogo al tomo I de Novelas y cuentos de Lamborghini, César Aira advierte que “hablar de ‘prosa narrativa’ en Lamborghini es un eufemismo bastante precario, por la omnipresente contaminación de prosa y poesía, por el carácter narrativo de su mejor poesía y por la presencia tenaz de elementos no narrativos en su prosa.” Procedimiento presenta dificultades similares para su clasificación. Es un libro libre, un gran triunfo de la subversión.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Versos imposibles que parecen lindos sólo cuando son cantados por Roberto Carlos

Cada parte de ti
tiene forma ideal
y si estás junto a mí
coincidencia total
de cóncavo y convexo
Así es nuestro amor
en el sexo.

(En Lo cuarto, obra en construcción)

sábado, 15 de noviembre de 2008

Leo en lo de Leo

El jueves 20 de noviembre a las 18:30 en el espacio del taller Poesía con P de Placer, que dicta Leonor Silvestri, poeta amiga, leemos Gabriela Franco, Eduardo Mileo, y yo.
Según dice Leonor en la gacetilla, La cita es en El Gualeguay Libros: Pacheco 2251 - Villa Urquiza - Capital Federal - Tel 4524 3680. Vas con el subte B , 114, 113, 168, 93 y tantos tantos más.
Por favor a no faltar y si tienen ganas de venir a escuchar poesía estan todxs invitadxs sean o no de este taller!!!!!

sábado, 8 de noviembre de 2008

Carta de Daniel Riera

¡¡Hola, qué tal!!Me tomo el atrevimiento de escribir porque ayer una alumna me comentó que había leído un artículo de un escritor argentino llamado Daniel Riera que comentaba la idea de hacer un libro sobre las personas llamadas Daniel Riera y que al final de dicho artículo aparece un link que lleva a un video en donde aparezco. No vi el video, pero me causó gracia. Bueno, en efecto mi nombre es Daniel Riera y soy un bailaor Venezolano. El mote "histeriquín" fue una broma de un programa de mano del espectáculo de una academia, pero la verdad no tengo ningun nombre artístico, sólo Daniel Riera que me gusta jejejeje… Bueno, un placer de verdad que me mencionaras en tu artículo, cualquier cosa estoy a la orden.
Un abrazo.
Daniel Riera

viernes, 7 de noviembre de 2008

La dictadura de Laiseca

No hace mucho leí Su turno para morir, la primera novela de Alberto Laiseca, y –confieso mi ignorancia– también la primera novela de Laiseca que leo. La compré a dos pesos en la librería Libertador, de Corrientes y Talcahuano. Esa librería es para mí una fuente de satisfacción permanente y amerita una larga digresión que no voy a emprender ahora, aunque bien podría, en homenaje a esta novela que es una digresión permanente por la historia, el tiempo y el espacio y que vuelve, al final, al comienzo, cierra no diría el círculo, cierra la cinta de Moebius sobre el poder clandestino y el poder real, los mafiosos oficiales y las instituciones mafiosas. Su turno para morir es una parodia del policial negro, aunque esa definición elemental apenas sirve como punto de partida para su análisis. Es una novela lúdica, vasta en juegos de palabras y situaciones disparatadas, atravesada de tanto en tanto por cierto tono de tragedia shakespeareana. Es una novela de la desmesura, un muy disfrutable ejercicio de la imaginación en acción que le debe mucho al comic y al cine. Hereda de los guiones cinematográficos la convención de los diálogos apenas interrumpidos por paréntesis que marcan las acciones de los personajes. A propósito del cine, tiene indudables ecos de El Padrino, de Coppola: la belleza de algunas masacres, el crimen organizado como herramienta para pensar en la vida y la sociedad contemporáneas.
Es una novela corta, una nouvelle cortísima que empieza en la página 9 y termina en la página 125. Soy incapaz de determinar cuáles rasgos de Su turno para morir serán una constante en la obra posterior de Laiseca. Ya lo dije: es la primera de sus novelas que leo. Su lectura me ha resultado un estímulo formidable para leer las siguientes.
Su turno para morir se publicó en noviembre de 1976. Conociendo la fecha de publicación, la tapa del libro –firmada por C. Quirón– impresiona: es la silueta vacía de un hombre, parada sobre una calle de adoquines. Hacia él, por una calle transversal, viene un auto ominoso, que apenas se ve en la foto. Pero lo importante es la silueta. Es la silueta de un hombre que ya no está. Es lo que ocurría en la Argentina en aquellos días: la gente desaparecía en plena calle, la subían a ominosos autos y se perdía para siempre. La asignación de un valor iconográfico político a la silueta humana es, sin embargo, muy posterior a este libro. Siete años después, el 21 de septiembre de 1983, durante la III Marcha de la Resistencia, las Madres de Plaza de Mayo harán El Siluetazo, una iniciativa de los artistas plásticos Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel. El procedimiento y la obra fueron muy sencillos: siluetas humanas a tamaño natural, miles de siluetas pintadas sobre papeles que luego fueron pegados en las paredes de la ciudad, siluetas que desde entonces se convirtieron en la representación gráfica por excelencia de los desaparecidos.


En la página 45 de la novela, leo el siguiente diálogo:

–¿Ha prestado ya declaración el muerto?
(Jack Mc Grovern):
–Se niega obcecada y de la manera más terminante.
–Continúen el interrogatorio. Traigan más luces. No le den agua y de comida únicamente tocino salado. La fosa y el péndulo. Si continúa, no obstante, atado a viejos esquemas e ideas retrógradas –radio Pekín– le aplicarán la picana en el pupo. Y más abajo.
–Sabe, señor.
–¿Qué cosa?
–No creo que hable, es de los que no hablan.

En la página 46, leo el siguiente párrafo:

Y efectivamente: en sus sótanos privados instaló una silla electrónica para sus condenados a la penúltima pena. Los sentaba y bajando la palanca, muy lejos de sólo quedar atravesando procesos de electrocuciones, los tipos desaparecían desintegrados. Muy poco humo. Cuando el aparato fue perfeccionado, simplemente desaparecían como en las películas.
En la misma página, más adelante, leo:

Cierta vez lo provocaron en una calle oscura –no eran cogoteros, pero si dos borrachones- “¡Eh! vení ¡Qué! ¿dónde vas? eh eh eh”. Lo siguieron durante dos cuadras. “Es puto” “No quiere pelear” “Sí, es puto”. Se paró y dio vuelta. Sólo dijo sacando su silla electrónica: “Ah, sí. Dijo Chuang-Chú”. Y los hizo desaparecer en el más completo silencio. Miró a ambos lados, para ver si debía eliminar además algún molesto testigo, pero la calle estaba vacía. Se marchó.

Su turno para morir no es –por si no ha quedado claro– una novela naturalista, ni mucho menos una novela de denuncia de la dictadura de Videla, Massera y Agosti: de hecho, abundan en el texto las referencias a cierto poder sindical corrupto y omnímodo y hasta las críticas a cierto infantilismo del discurso de izquierda (que contrasta con una irónica pero enfática vindicación de Jean Paul Sartre), que permiten inferir que la primera versión de la obra es anterior al golpe del 24 de marzo de 1976. Y sin embargo, aquí tenemos gente que desaparece en calles oscuras, gente que desaparece gracias a la fabricación de un aparato específico para hacerla desaparecer. Tenemos, también, una desopilante sesión de picana eléctrica con un muerto al que los torturadores acusan de maoísta. Podemos pensar, tal vez, en los 600 desaparecidos de la Triple A, anteriores al golpe de Estado. Se hace difícil, por no decir imposible, leer una novela con ese título, con esa tapa y con los textos citados, desde una perspectiva formalista-estructuralista. Se hace difícil leer una novela argentina publicada en 1976 como si la fecha de su publicación fuese un dato irrelevante. Se hace difícil y un poco pelotudo, digamos. Su turno para morir no es una novela “testimonial”, pero da testimonio de la época que le tocó en suerte. Es una novela “menor” y es justamente su condición de “menor” lo que la hace una gran obra, y el que detecte en esta paradoja cierto parentesco con las ideas expuestas por Baudelaire en el imprescindible El pintor de la vida moderna, tiene toda la razón del mundo. ¡Que vivan, entonces, Laiseca y Baudelaire!

jueves, 6 de noviembre de 2008

Barcelona 147


Viaje al fondo de la ciudad

La editorial Aguilar publicó Buenos Aires Bizarro, del periodista Daniel Riera. Un mapa alucinado con ventrílocuos, restaurantes a oscuras, sacerdotisas paganas y una liga profesional de metegol. Travesía por la ciudad que espera más allá de los circuitos de turismo.

Por Martín E. Graziano

Para un porteño, no hace falta salir de Buenos Aires para viajar. Y ya no para hacerse una escapada, sino para extraviarse lejos, con destinos exóticos, costumbres excéntricas y personajes inverosímiles. El paso cotidiano y el opio de la rutina, dibujan un velo sobre las puertas a los otros mundos que acechan en cada cuadra. Quizás por eso, el periodista y escritor Daniel Riera -secundado por el fotógrafo Diego Sandstede- salió en busca de la travesía: para buscar esas puertas y cruzar su umbral. El diario de todo el periplo quedó registrado en el libro Buenos Aires Bizarro, una asombrosa guía alternativa que explora la ciudad como si se tratara de aquella cosmopista de los autonautas comandados por Cortazar. Buenos Aires como el Aleph de Borges, encerrando en un diámetro el inconcebible espacio cósmico. Buenos Aires como una gigantesca Hidra, bestia mitológica de siete cabezas que, decapitada, de cada cuello degollado afloraban dos nuevas y resplandecientes cabezas.
Daniel Riera salió al ruedo con grabadores y cuadernos para emprender el periplo por su propia ciudad. Como si Marco Polo nunca se hubiera tomado el trabajo de salir de su Venecia natal y los nuevos mundos los hubiera encontrado en la esquina. Los descubrimientos de Riera como avanzado no son poca cosa. Por las páginas de Buenos Aires Bizarro deambulan desde una mujer esculpiendo figuras en nabos y zapallos hasta un viejo restaurador de muñecas de porcelana y un hombre capaz de canalizar espíritus extraterrestres. Hay un atroz museo de cadáveres, una peluquería especializada en futbolistas y un Círculo Chamánico para volar sin psicotrópicos. En Constitución se puede comer al paso en Pancho Sosa, el Varón del Pancho y, en el Paseo de la Recova, se puede visitar una gran estatua para reivindicar al dedo gordo del pie. Una esquina del laberíntico Parque Chas une la calle Bauness con la calle Bauness y, en el Cementerio de la Recoleta, esperan dos fantasmas con el mismo nombre.

LOS PREPARATIVOS

El formato de la guía alternativa por la ciudad –‘la más extraviada de las guías’, según el subtítulo- no es nuevo. El periodista norteamericano Jim Fitzgerald trabajó sobre Los Angeles, y el chileno Sergio Paz hizo lo propio con su Santiago Bizarro. “Fue una propuesta de la editorial –recuerda Riera, actual editor de Barcelona y cronista de revistas como Gatopardo y la colombiana Soho-. Les dije que me interesaba, porque todo ese universo tiene que ver con muchos de mis intereses periodísticos. Era un libro que, a pesar de que me lo habían encargado, podía hacerlo mío tranquilamente, darle mi identidad y mi estilo. Y tenía un gran margen de libertad para laburar”.
Con una perspectiva relajada, pero casi antropológica, el libro se aventura en terrenos extraños. Riera se permite dejarse llevar y asombrar por cada uno de los lugares y los entrevistados: “a veces se usa la palabra bizarro con connotaciones peyorativas o irónicas, y la verdad es que creo que no hay nada más lejano al espíritu de este libro. Me parece que, en este caso, la idea fue muy todo lo contrario: dejar que fluyeran los mundos de la gente que lo protagoniza”. De esa forma, al encontrarse con un peluquero de Chivilcoy, líder del Movimiento Raeliano en la Argentina, el periodista se maravilla con sus revelaciones sobre extraterrestres y clonación humana. “Hubiera sido muy fácil ponerme en Majul, en banana –aclara Riera-. ¡A mi me revienta esa cosa pseudo-incisiva! Yo quería abrirme a cosmovisiones diferentes a la mía y compartirlas con el lector. Me parece que es un libro que tiene cierto espíritu democrático en ese punto. Todo lo contrario al estereotipo televisivo del fachista con la cámara oculta que va a desenmascarar al diferente”.
La estructura, si bien fue cambiando a medida que el trabajo avanzaba, tenía como ejes los capítulos dedicados a los museos menos visitados, las variedades del orbe sexual, los panteones y cultos extraños, deportes inusuales, terapias muy alternativas, comercios extravagantes y fantasmas. “Lo primero que hice fue, quizás para sacarme el tabú de encima, el capítulo Criminal –apunta Riera-. Hice un poco de archivo sobre los lugares donde se habían cometido crímenes famosos y empecé a visitarlos”. Para tratar de eludir la trampa del archivo voluminoso y el poco espacio, se propuso llegar a cada uno de esos sitios y encontrar nuevas lecturas. Así, pudo rescatar perlas que de otra forma se hubieran perdido. Por ejemplo, descubrir que al lado de la casa del Descuartizador de Barracas existe aún hoy un lugar donde se afilan cuchillos. Dice Riera: “ahí estaba la mirada. Observar nuevos detalles que pudieran complementar el relato y disfrutar de ese morbo inocente y aventurero que todos tenemos de estar en el lugar de los hechos. Que también es una de las razones que a veces nos llevan a elegir una profesión como esta”.

EL VIAJE

La travesía discurrió a lo largo de un año. A bordo del Volkswagen Gol del fotógrafo Sandstede recorrían la ciudad con el mapa de los datos que llegaban de maneras insólitas, a menudo fraguados al calor de la improvisación. Durante ese tiempo, Riera, además de obsesionarse y convertirse en el centro de atención en las reuniones con sus amigos, se sometió al aprendizaje con verdadero espíritu explorador: una dominatriz lo encorvó dentro de una jaula redonda con una capucha negra en la cabeza; la doctora Villafañe le sacó una foto a su alma con una cámara Kirlian pero nunca se la entregó (“así que quizás sabe más sobre mí que yo mismo”, sonríe); una especialista en Conciencia Celular interrogó a su cuerpo y, todo parece indicar, su cuerpo contestó.
“Hay un texto muy pequeño en relación con el impacto que me produjo –reconoce el periodista-. Es el dedicado al club swinger. Digamos, yo no soy un tipo tan interesante como para que, si un día me topo con ochenta personas garchando en un mismo sitio, eso no me produzca un impacto duradero. Me quemó la cabeza. Aún así, más allá de que había hablado con el dueño, de que había ido sin fotógrafo y con todas mis reservas, en un momento pensé que no tenía derecho a estar ahí: sentí que estaba participando de una fiesta que no era mía, y que me estaba inmiscuyendo en algo que no me pertenecía”.
Hubo episodios que desbordaron las expectativas. Por ejemplo, el mundo de los ventrílocuos, que terminó ganándose un insospechado capítulo propio en el libro. Riera visitó una de las reuniones semanales del Círculo de Ventrílocuos Argentinos y quedó fascinado: “cuando te encontrás en una misma noche con quince tipos, cada uno con su muñeco, te das cuenta que cada una de esas historias es absolutamente distinta a la del otro, que cada uno de esos mundos tiene una autonomía. Ahora el presidente del Círculo me dijo que querían hacerme Socio Honorario. ¡Será un placer, claro!”

EL RETORNO

Aún cuando finalmente la empresa llegó a su fin, y la editora Aguilar publicó el volumen, continuaron apareciendo lugares y personajes que quedarán para una reedición. La dinámica de Buenos Aires y sus recovecos ocultan siempre una nueva aventura, como la de El Titán, el bar temático del ex-Titanes en el ring Nicky Cruz. “Más allá del stress, siempre sentí que este tipo de cosas enriquecían o embellecían mi vida, en lugar de alienarme o abrumarme. Esos personajes y lugares, a mi me nutren como persona, incluyendo en esto al periodista y al escritor, pero mucho más allá de eso”. Mientras tanto, un rumor permanente, como un mar o un tren lejano, indica que la ciudad sigue andando. Inagotable y secreta.

(En Planeta Urbano, noviembre de 2008)

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Teillier, Mouat

Leo un poema de Jorge Teillier y me lo imagino en la voz de mi amigo Pancho Mouat. Pancho fue la primera persona que me habló de Teillier. Creo que usó la palabra “devoción” para referirse a lo que sentía por la obra del poeta. Este tipo de cosas te unen para siempre a los amigos. Aunque los veas poco, aunque vivan lejos, en un país que no es el tuyo.


domingo, 2 de noviembre de 2008

¡Homero tiene casa!

El amigo en apuros consiguió casa y gente buena que sabrá cuidarlo y quererlo como se merece. ¡Que seas muy feliz, Homero!