lunes, 5 de enero de 2009

1º de octubre de 1975

Nadie olvidará jamás lo que hiciste, le dijo
Eddie Futch a Joe Frazier segundos antes
de tirarle la toalla, segundos antes
del último round de la pelea
con Muhammad Ali.
Eddie veía desde el rincón
las huellas que dejaba
la sangre de su pupilo
en la memoria de los hombres
y consideró que eran
suficientes.
Frazier no lo entendió en ese momento:
perdido por perdido, quería
tres minutos más
sobre el cuadrilátero, tres minutos más
hasta encontrar
el Knock Out salvador o
morir en el intento.
Los psicoanalistas llaman
“poner el cuerpo”
a cualquier cosa: la conversación pendiente
con la mujer deseada, la amonestación
al hijo rebelde, la concreción
de todo proyecto
más o menos importante, más o menos
banal.
Tal vez porque esta clase
de metáforas le eran ajenas, Joe Frazier
consideró que “poner el cuerpo”
era poner el cuerpo
Alí le había arrancado el
protector bucal le había
deformado el rostro y
le había cerrado los dos
ojos pero Frazier
quería seguir
peleando quería
intentar el último
cross en la
mandíbula el último
uppercut
en el estómago dónde
se ha visto eso
de golpearse el pecho
como Tarzán y gritar
soy el más grande
soy el más grande
voy a sacarte a golpes
ese orgullo estúpido
decía Joe Frazier
y de veras quería
intentarlo en el
último round pero
Eddie Futch
tenía otra idea
Joe es un buen
padre decía Eddie
y quiero que vea
crecer a sus hijos
Eddie también era
un buen padre
por eso tiró la
toalla y le dijo a
Joe Frazier Nadie
olvidará jamás
lo que hiciste,
nadie olvidará
jamás lo que
hizo Eddie Futch
porque nadie olvida,
jamás,
a un buen padre.

(En Familia y propiedad/La vergüenza nacional, inminente)

4 comentarios:

tetrabrik dijo...

inminente? lo esperamos

Daniel Riera dijo...

A fines de marzo, se supone...

Sebastián dijo...

Uaaaah. Qué buen material, che.

José O. Dalonso dijo...

Daniel:
Casi sin darme cuenta llegué a tu blog y me topé con este poema. Sin ser fanático del box ni mucho menos (soy un futbolero leproso a muerte)me siento marcado por esa pelea de Clay y Alí. Una vez escribí este poema (aclaro: soy docente, investigador y periodistas, y no me dedico a la poesía):


Alí-Frazier

La pelea Alí-Frazier fue increíble.
la recuerdo, porque los dos se pegaron como locos,
como desesperados, como si fuera la bolsa o la vida
–creo que apostaron la bolsa–, como
si la pelea no fuera 15 rounds, sino a matar o morir.
Teníamos un televisor en blanco y negro y yo no pasaba
los nueve años. Y yo quería que perdiera Alí,
porque me parecía fanfarrón e invencible.

Esa noche Alí ganó por abandono.

Dicen que él no quería salir
cuando sonó la campana. Pero su entrenador
le dijo, levantate, porque Frazier es
el que abandona.
Y Alí salió mareado y tambaleante
sólo para levantar los brazos
y después volver a su rincón, desplomarse,
llegar al vestuario, ponerse hielo y tratar de olvidar
esa noche terrible.

Hacé como Alí me digo. Cuando pelees,
por cualquier boludez cotidiana,
pegá, pegá, pegá y
si se te ocurre dejar
mirá al que tenés al lado.
Seguro tiene menos fuerza que vos
para seguir en el baile. Y va a bajar los brazos.

Espera que esto pase y, luego, plantate en el
centro del ring y
levantá los brazos.
Y volvé al rincón y llorá, donde nadie te vea.

Bueno, chau.
No sé si lo verás a Alejandro Seselovsky. De ser así, mandale un fuerte abrazo de parte de José O. Dalonso, y que me gustaría cruzar algún correo con él. En 2001 compartimos un curso en la FNPI de Cartagena de Indias.

jodalonso@express.com.ar