martes, 3 de marzo de 2009

Oliverio va queriendo

Oliverio departe con los amigos Alejandro Rey, el gaucho Aparicio y Pascualito.


"Respire bien, carajo", me ordenó el pájaro Sucutrule. "¡Más despacio, no se le entiende nada!", insistió la irascible ave. Sucedió la semana pasada, durante la segunda clase de ventriloquia con el maestro Miguel Ángel Lembo, que autorizó a Sucutrule a marcarme los errores. La dupla Sucutrule-Lembo me indicó deberes para toda la quincena: cinco frases que deberé decir a la perfección con la boca semicerrada para la próxima:

¿Qué tal, Daniel? ¿Todo bien? ¡Qué lindo día! ¡Gracias! ¡Qué sencillo!

Quizá me tome una semana más antes de la próxima clase, para modular mejor y para ensayar más los movimientos de Oliverio. Tal vez prepare un pequeño diálogo con mi amigo. Todavía falta para encontrarle el tono de voz adecuado, pero vamos de a poco.
Ayer asistí a mi primera reunión como socio del Círculo de ventílocuos (Civear), pagué mi primera cuota y presencié un pequeño gran show del pequeño gran Sair y su muñeco Luchito. Nino me dio algunos datos importantes sobre grandes ventrílocuos argentinos de otros tiempos y una posible pista para rescatar viejos videos de aquellos maestros. Luego el ventrílocuo Mariano (Mariano y Vicente) me llevó a Constitución, en un auto en el que también viajaban Mr.Magher (Mr. Magher y Coco) y Brian (Brian y Kazú). Brian regresó conmigo en tren y me explicó algunas claves para una buena presentación callejera.

Llegué a mi casa embaladísimo, pensando en ventriloquia y ventrílocuos, así que estuve viendo en You Tube a Chasman y Chirolita, Tato Cifuentes y Metetín y Jeff Dunham y Achmed, El terrorista muerto. Geniales, todos ellos.

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