martes, 28 de abril de 2009

Prólogo a Invasores

Alejandro Agostinelli.

Imaginemos que un extraterrestre está leyendo este libro. Que cada lector elija al biotipo extraterrestre que más le guste. No importa, en este caso, cuál es la apariencia física del extraterrestre, ni su planeta de origen, ni el carácter pacifista o guerrero de sus intenciones. No importa cómo se alimenta, en el caso de que precise alimentarse, ni como copula, en el caso de que lo haga, ni cómo funciona su aparato excretor, en el caso de que lo tenga. No importa el diseño de sus naves espaciales ni tampoco la tecnología que las impulsa. No importa adónde está leyendo este libro: si en su planeta, si a bordo de su nave o en la base que, como todo el mundo sabe, los extraterrestres tienen en Roswell. Lo único que importa, en este caso, es que es un extraterrestre y que está leyendo este libro. Es indudable que este será un libro imprescindible en toda biblioteca extraterrestre, y no lo digo por sus historias sobre extraterrestres: al fin y al cabo, todo extraterrestre más o menos informado las conoce o al menos ha oído hablar de ellas. Es indudable, decía, que éste será un libro imprescindible en toda biblioteca extraterrestre, porque éste es un gran libro sobre seres humanos. Y si ellos, los extraterrestres, planean visitarnos, o bien en son de paz, o bien para invadirnos, este libro puede resultarles muy útil para conocernos.
La materia prima del trabajo de los buenos periodistas –y Alejandro Agostinelli es uno de los mejores que conozco– son las personas, y no la política, la economía, los deportes, el arte, la ciencia o los extraterrestres. Los buenos periodistas terráqueos no olvidan jamás que cada episodio que describen, cada historia que cuentan, trata sobre seres humanos.
En octubre de 2002, el maestro Ryszard Kapuscinski dictó un inolvidable seminario en la Argentina, cuyo contenido completo fue recogido en el libro Los cinco sentidos del periodista. Kapuscinski dijo, entonces, lo siguiente:

El periodismo, en mi opinión, se encuentra entre las profesiones más gregarias que existen, porque sin los otros no podemos hacer nada. Sin la ayuda, la participación, la opinión y el pensamiento de otros, no existimos. La condición fundamental de este oficio es el entendimiento con el otro: hacemos, y somos, aquello que los otros nos permiten. Ninguna sociedad moderna puede existir sin periodistas, pero los periodistas no podemos existir sin la sociedad.
De allí se deriva que una condición fundamental para ejercer este oficio consiste en ser capaz de funcionar en conjunto con los otros. En la mayor parte de los casos nos convertimos en esclavos de situaciones donde perdemos autonomía, donde dependemos de que otro nos lleve a un lugar apartado, de que otro decida hablarnos acerca de aquello que estamos investigando. Un periodista no puede ubicarse por encima de aquellos con quienes va a trabajar: al contrario, debe ser un par, uno más, alguien como esos otros, para poder acercarse, comprender y luego expresar sus expectativas y esperanzas.


Escuchar a los demás. De eso se trata. Y escuchar con atención y respeto. Aprender de los demás. Con o sin extraterrestres en el medio. Dos hermanos extrañan a su padre muerto; un padre pierde a su hija y sobrelleva el dolor como puede; una mujer se cansa de la rutina de la ciudad y del marido y se marcha lejos, acompañada por su hija; otra mujer se enfrenta a la imposibilidad de tener un segundo hijo; una barra de amigotes se divierte como puede. Los problemas de la gente que ha visto platos voladores, ha conversado o ha hecho el amor con extraterrestres se parecen mucho a los problemas de los que no hemos tenido esta clase de experiencias. Y todos queremos saber por qué nos pasa lo que nos pasa. Sobre todo cuando nos duele.
Alejandro Agostinelli ha dedicado buena parte de su vida a investigar este tipo de casos: me consta que podría escribir 20 libros tan buenos como este sin repetir una sola historia. Como lector, deseo que lo haga. En el principio fue un ufólogo crédulo, como algunos de sus entrevistados; luego, un militante del escepticismo, como aquellos refutadores de leyendas que Alejandro Dolina inmortalizara en sus Crónicas del Ángel Gris. Durante su paso por ambos lados del mostrador, Agostinelli descubrió que cuanto más lo apasionaba la casuística extraterrestre, más se afirmaba en nuestro planeta y en los seres que lo habitan. Comenzó a preguntarse, entonces, por qué ven a los extraterrestres aquellos que los ven, por qué deciden alzar sus ojos al cielo para verlos y por qué, finalmente, encuentran lo que buscan. De esa maravillosa materia está hecho Invasores, concebido y escrito para que lo disfruten los lectores de todo el universo, pero sobre todo, los que residen en la Tierra.
DANIEL RIERA

1 comentario:

Alejandro Agostinelli dijo...

¡Gracias Dany! Es un honor que mi primer libro lleve tu prólogo. Sumado con el de Pablo Capanna fue un hermoso combo. Abrazo