viernes, 20 de noviembre de 2009

¡Aguante, querido Sandro!


Me entero por la tele que consiguieron, al fin, un corazón y dos pulmones para trasplantarle a Sandro y que hoy lo operan. Es una operación muy complicada, pero si no se hace no hay ninguna esperanza. En el año 2001 escribí esto en la edición argentina de Rolling Stone. Vaya aquí como un modesto homenaje a un enorme artista, vaya con los mejores deseos y los dedos cruzados para que recupere pronto.


El hombre de la Rosa. Sandro
En el teatro Gran Rex.
Julio y agosto

No hay otro como Él. No en este país. No podés sacarle la mirada de encima. No podés distraerte, ni siquiera podés reparar en sus músicos. No hay nadie que te hechice de ese modo. Es único. Es gigante. Tiene una voz privilegiada. Canta maravillosamente. Querés que cante más canciones. Más de las que canta. Porque canta quince canciones. Sólo quince. Y querés más. Porque te mata cuando las canta. Juan José Camero y Matías Santoianni hacen una obrita de teatro. Entre tema y tema. Una reflexión sobre la vida deshumanizada. En los países del tercer mundo. La obrita sirve para que El descanse. Para que no se agite demasiado. Para que se mantenga entero. Todo el show. Cuando están Camero y Santoianni sobre el escenario, los odiás. Querés que se vayan. Y que vuelva Él. Cuanto antes. Con el sobretodo, con el frac o con la bata. Pero que vuelva. Enseguida. A cantarte. Sortea entre el público un lento. La que gane baila con Él. Gana Mónica de Merlo. Es una mujer de unos 35 años. Es el primer concierto que ve en su vida. No podía elegir mejor debut. Y encima con la yapa de bailar con Él. Las mujeres coparon el teatro. Como siempre. Casi nunca las ves en conciertos. No a estas mujeres. Siempre las ves en el almacén. En la verdulería. En el barrio. Están de fiesta. Lo bien que hacen. Se lo merecen. El repertorio de Él es impecable. Breve, pero impecable. “Con gusto a mujer”. Capo de capos. Si querés criticarle algo, elegí la versión de “Tengo”. Medio de taquito. Una pena. Me gana con “Honrar la vida”. Con “El día que me quieras”, también. Sabía que los iba a cantar. Decía para qué esos temas. Tan trillados. Si Él no necesita temas de otros. Y sin embargo la rompe. Con “Honrar” y con “El día”. Un artista de verdad. Toma lo que otros hicieron miles de veces y hace que parezca nuevo. “Me amas y me dejas”. Fantástico. No canta “Rosa Rosa”. Hace bien. No hace falta. Extrañás “Querida”, “Cómo te diré”, “Ave de paso”, “Una muchacha y una guitarra”. No se puede todo en la vida. Pero después, ay, qué final. “Así”. Impresionante. “Porque yo te amo”. Formidable. “Penumbras”. Fuerte ese aplauso. Los temas que tengo que cantar, dice Él, porque si no ustedes incendian el teatro. Y se toca la cintura. Y el cinturón de la bata. Y ellas se mean. Si te ponés en purista, podés criticarle eso. Pero ellas se mean. Entonces no digas nada. Andá y disfrutalo. Porque no hay otro como Él.

1 comentario:

kekel dijo...

Buenísimo Daniel, debe ser por él que no me mudo de BAnfield.....

Y por vos que sos el nuevo famoso!!!!! jij

Un abrazo capo..