miércoles, 25 de noviembre de 2009

La vida continúa

El Maestro está cada vez mejor, ya lo extubaron y todo eso, ya habla. Su evolución, dicen los médicos, es muy veloz y muy favorable. En los últimos días se filtró en Internet el suplemento necrológico que Clarín tenía preparado por si se moría. La mayoría de mis amigos/colegas se divirtieron con este nuevo percance del diario en el año de su guerra feroz con el Gobierno, pero a ninguno le parece repudiable la práctica de escribir necrológicas de gente que todavía está viva. Argumentan que es una tradición en el gremio y que permite ganar tiempo y no correr durante el cierre. Cuando le pregunto a mis vecinos, en el almacén del barrio, qué piensan del hecho, la cosa cambia. Si tuvieran a mano a los colegas que hicieron el suplemento, los cagarían a trompadas. Sin ánimo de juzgar a nadie, cuando me tocó una situación parecida, me remití a la frase de Bartleby: "Preferiría no hacerlo". La única vez que me pidieron una necrológica en vida, cuando agonizaba Freddie Mercury y yo escribía en un diario que no es Clarín, me negué a escribirla. Me pareció que el fin esgrimido (ganar tiempo, tener un cierre tranquilo el día de su muerte) no justificaba ese ejercicio de futurismo. Me pareció que si, en algún lugar del mundo, un hombre peleaba por su vida, bien podía yo tomarme el trabajo de esperar el final de la batalla. En este caso particular, pues, me alegra mucho que al suplemento sobre la muerte de Sandro se lo metan en el culo, y estoy segurísimo de que a los colegas que lo hicieron les pasa lo mismo.