martes, 31 de marzo de 2009

Algo hablamos

Collage: Mariano Lucano.

Creo que no conté nada de mi tercera clase. Uno se cuelga, a veces. Lo importante es que Oliverio salió de la casa del maestro Lembo diciendo algunas cosas (una pequeña rutina basada en la formación de Lanús), lo importante es que salí sintiendo que era posible. Lembo hace hablar a las piedras: mi caso lo va demostrando. Luego Oliverio y yo fuimos a visitar a un amigo internado en el hospital. Mi amigo recibió un minishow sorpresa. Oliverio hizo bardo, nombró a los once jugadores titulares del Grana, se asustó ante la presencia del enfermero, le tiró los galgos a la hermana de mi amigo. Estoy muy orgulloso de mi muñeco, que hizo reír a la gente en un escenario difícil. Ya mejoraremos la técnica: faltan kilómetros de recorrido, pero algo hemos avanzado. Y, sobre todo, vamos perdiendo el miedo.



miércoles, 25 de marzo de 2009

jueves, 19 de marzo de 2009

Instantáneas muñequeriles

Sucedió el lunes pasado en la reunión del Círculo de ventrílocuos argentinos. Carlos Magó consultó a los presentes sobre el flamante bronceado de su muñeco Cholito. Oliverio juzgó que Cholito está muy elegante con su nuevo look, pero no lo dijo porque por ahora, hay que reconocerlo, habla bastante poco.
Después, Dani y Cebollita hicieron una selección de su nuevo espectáculo: nos hicieron reír mucho y nos asombraron con una canción... ¡¡a dúo!! Cebollita tiene un vozarrón grueso y parece buena gente. Como verán, usa kipá (es el primer muñeco con kipá que vimos Oliverio y yo), porque trabaja mucho en fiestas de la colectividad judía. Oliverio me sugirió que los viera en acción. El consejo es interesado: Oli sabe que, en la medida que aprenda de los que saben, hablará más y mejor que ahora.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Wilson está entre nosotros



Ayer el maestro Miguel Angel Lembo y yo visitamos a Wilson -según la opinión de los que saben, el más grande ventrílocuo argentino vivo (en la foto, junto a su famoso muñeco Panchito)- en el geriátrico de Belgrano donde está internado. Wilson tiene 90 años y se puso contento al recibirnos y conversar un rato con nosotros sobre sus recuerdos de artista, sus viajes por el mundo, la inmaculada vestimenta que supo lucir Panchito. Lembo le regaló un ejemplar de su libro Ventriloquia y Humorismo. Técnicas para el arte de hacer reír, señalado con tarjetas en cada una de las páginas que menciona a Wilson. Hubo que investigar para encontrarlo: los ventrílocuos y varios de sus amigos le habían perdido el rastro desde hace casi cuatro años, porque la mayor de sus hijas se había negado varias veces a dar señales de su paradero a quienes lo solicitaron. Según contó el propio Wilson, esa misma hija le destruyó a Panchito. Ella había consultado a una adivina, la adivina le dijo que alguien de su familia le quería hacer daño (es lo que dicen siempre las adivinas: en las personas sugestionables suele surtir efecto), ella dedujo que quien quería hacerle daño era Wilson y le pegó donde más le dolía, destrozándole a su muñeco. En su momento, los ventrílocuos del Civear (Centro de ventrílocuos argentinos) le habían propuesto hacerse cargo de los gastos de un nuevo Panchito similar a su antecesor, pero Wilson no quiso saber nada, tristemente convencido de que algo se había roto para siempre. Por fortuna, pudimos saber que Wilson tiene otro hijo y otra hija que lo protegen y lo quieren bien. Su hijo me indicó dónde estaba, su hija estaba presente en el momento en que llegamos al geriátrico y nos recibió con amabilidad y alegría. Lo que sigue ahora (como activo presidente del Civear, Lembo ya se puso en campaña) es el homenaje en vida que Wilson se merece. Ayer no le sacamos fotos porque estaba en pijama, despeinado como toda persona que despierta de una siesta. La próxima vez que lo visitemos se producirá para la ocasión. Entonces habrá retratos del Wilson modelo 2009, sin Panchito, pero de pie.

lunes, 16 de marzo de 2009

Las luces de la librería

La librería de las luces está en Avenida de Mayo al 900. Ahí me compré La pasión del arte, un epistolario de Flaubert, a 4 pesos, y por el mismo precio, Roberto Arlt, el torturado, de Raúl Larra. Uno puede bananear un poco y encontrarle algunos defectos a la perspectiva analítica de Larra, pero bueno sería no olvidar que se trata de la primera biografía de aquel a quien César Aira, con toda la razón del mundo, llama "El más grande novelista argentino", y que la primera versión data de 1950, a ocho años de la muerte de Arlt. El apéndice del libro, además, contiene cartas de amor del Maestro a una dama llamada Ivonne.
En una mesa de libros a 10 pesos, en la misma librería pueden comprarse varios de los mejores títulos de la formidable Biblioteca básica argentina, de Centro Editor. Me refiero a El limonero real, de Juan José Saer; Los suicidas, de Antonio Di Benedetto; Un dios cotidiano, de David Viñas, y Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, de Oliverio Girondo, aunque este último es un poco más fácil de conseguir que los anteriores. En la mesa de libros a 15 pesos hay algunos ejemplares de Cuerpo a cuerpo, la novela de Viñas sobre la dictadura que también me compré y espero leer pronto. Tengo la sensación de que Viñas -reconocido por su vastísimo trabajo crítico sobre la literatura argentina- no ocupa el enorme lugar que se merece como narrador. Deslizo esa idea como quien piensa en voz alta. Seguramente, con el tiempo escribiré un ensayito para desarrollarla.

viernes, 6 de marzo de 2009

Procedimiento


El viernes 6 de marzo a las 19 invitamos a uds. a participar de la presentación del libro Procedimiento. Memoria de La perla y La Ribera, de Susana Romano Sued. Estarán presentes la autora y el periodista y escritor Daniel Riera, quien en su comentario sobre el libro dice: “La palabra “Procedimiento” remite aquí a los siniestros operativos de los “grupos de tareas”, pero también a lo que hace un escritor cuando trabaja sobre la forma y la estructura de sus textos “. El abordaje por la forma es lo que queremos enfatizar, ya que nos parece un tratamiento muy novedoso desde la escritura.
Creemos que la presentación será de fundamental interés para asistentes a talleres de escritura, ya sea de poesía, cuento o novela, y para todos aquellos que anhelan escribir en verso o en prosa, ficción o no ficción.
Susana Romano Sued es cordobesa, licenciada en Letras y ejerce como profesora de Estética y Crítica Literaria y Moderna en la Universidad de Córdoba, además de ser investigadora del Conicet.
Daniel Riera es escritor (su último libro publicado fue Buenos Aires bizarro) y periodista, se desempeña en este momento como editor de la revista Barcelona y escribe en diferentes publicaciones de Latinoamérica.
Se solicita confirmar asistencia a este mail o al 4798-2965
Librería Tierra de Libros, Albarellos 826, Acassuso

Para más datos sobre la autora, ver su página.

jueves, 5 de marzo de 2009

Tata



Nueve de las fotos de la muestra Cuarenta, de Diego Sandstede, las que conforman la serie Tata, incluyen a su padre. O tal vez todas las fotos de la muestra lo lo incluyen. Tal vez es más correcto, más preciso, decir que en nueve de las fotos de la muestra Cuarenta, Diego Sandstede retrató a su padre. Lo que se ve es una mueca de autoridad; lo que esa mueca de autoridad refleja, del otro lado de la lente (del otro lado de la foto), es la tensión entre el temor infantil y la necesidad imperiosa y adulta de superarlo para conocer al otro y para reconocerse en el otro.
Las fotos del padre de Diego Sandstede son, inevitablemente, fotos espejadas: fotos de un padre y fotos del hijo de ese padre, aunque el rostro de ese hijo aparezca en una sola de las nueve fotos. Si tantas veces hemos leído que el artista trabaja para vencer la resistencia de los materiales, en este caso la técnica y el afecto son una misma cosa: el procedimiento para desmontar, para acercarse, para intentar comprender a un hombre duro. El padre de Diego Sandstede mira altivo, como si pensara en la posteridad. El padre de Diego Sandstede levanta el brazo derecho, enfatiza vaya a saber qué con el dedo, desde su posición privilegiada en la cabecera de una mesa –no sabemos si laboral, familiar: da lo mismo–, arenga a los demás sobre algo de lo cual parece convencido. El padre de Diego Sandstede toca la guitarra. Vestido con una robe de chambre, observa desde arriba una partitura apoyada en el piso. El padre de Diego Sandstede abraza a alguien: al abrazarlo, apoya la mano extendida sobre la cabeza del abrazado, como si estuviera apuntalándolo para que no se caiga. Cada uno quiere como puede y, seguramente, el padre de Diego Sandstede amó mucho a su hijo y, seguramente, le costó mucho demostrarlo. Siempre es más o menos igual: primero crecemos gracias a nuestros padres, luego a pesar de ellos, finalmente contra ellos. A veces (no siempre), tenemos la posibilidad de reencontrarnos a la vuelta del camino. El padre de Diego Sandstede murió el año pasado. Lo sobreviven nueve fotos. Lo sobrevive un hombre: un artista que, sin habérselo propuesto, lo convirtió en el padre de todos nosotros.

(Cuarenta se puede ver en la Fotogalería del Teatro San Martín, Corrientes 1530, hasta el 5 de abril.)

martes, 3 de marzo de 2009

Hoy

A las 19. En la Fotogalería del San Martín.

Oliverio va queriendo

Oliverio departe con los amigos Alejandro Rey, el gaucho Aparicio y Pascualito.


"Respire bien, carajo", me ordenó el pájaro Sucutrule. "¡Más despacio, no se le entiende nada!", insistió la irascible ave. Sucedió la semana pasada, durante la segunda clase de ventriloquia con el maestro Miguel Ángel Lembo, que autorizó a Sucutrule a marcarme los errores. La dupla Sucutrule-Lembo me indicó deberes para toda la quincena: cinco frases que deberé decir a la perfección con la boca semicerrada para la próxima:

¿Qué tal, Daniel? ¿Todo bien? ¡Qué lindo día! ¡Gracias! ¡Qué sencillo!

Quizá me tome una semana más antes de la próxima clase, para modular mejor y para ensayar más los movimientos de Oliverio. Tal vez prepare un pequeño diálogo con mi amigo. Todavía falta para encontrarle el tono de voz adecuado, pero vamos de a poco.
Ayer asistí a mi primera reunión como socio del Círculo de ventílocuos (Civear), pagué mi primera cuota y presencié un pequeño gran show del pequeño gran Sair y su muñeco Luchito. Nino me dio algunos datos importantes sobre grandes ventrílocuos argentinos de otros tiempos y una posible pista para rescatar viejos videos de aquellos maestros. Luego el ventrílocuo Mariano (Mariano y Vicente) me llevó a Constitución, en un auto en el que también viajaban Mr.Magher (Mr. Magher y Coco) y Brian (Brian y Kazú). Brian regresó conmigo en tren y me explicó algunas claves para una buena presentación callejera.

Llegué a mi casa embaladísimo, pensando en ventriloquia y ventrílocuos, así que estuve viendo en You Tube a Chasman y Chirolita, Tato Cifuentes y Metetín y Jeff Dunham y Achmed, El terrorista muerto. Geniales, todos ellos.