miércoles, 23 de septiembre de 2009

¡Vamos a Viedma!

Mañana, a las 18, a presentar la muestra Contratapa's de Barcelona, y a llevar, de paso, algunos Antilibros. Los datos, acá.

viernes, 18 de septiembre de 2009

¡Discazo!

Saludamos con alegría al Conjunto Falopa por su primer, esperadísimo, gran disco. Este sábado, en Mu (Hipólito Yrigoyen 1440), a las 23.30, allí estaremos con los amigos Paco y Oliverio.

jueves, 17 de septiembre de 2009

viernes, 11 de septiembre de 2009

Antimanifiesto

¡Allí estaremos!

¡ANTILIBROS en el Ciclo Manifiesto!
MARTES 15 DE SEPTIEMBRE, a las 20.15
En ULTRA, San Martín 678. Entrada Gratis.
ANTILIBROS: La editorial creada por Pablo Marchetti, Mariano Lucano, F.G. Mazzeo y Daniel Riera, fundadores de la Revista Barcelona, intervendrá el espacio para dar su Antimanifiesto y presentar sus primeros cuatro libros:
Caprichos, de Lucano
Dialecto pequeño burgués, de Marchetti
Ejercicios para la mano izquierda, de Mazzeo
Familia y propiedad/vergüenza nacional, de Riera

www.antilibros.blogspot.com <http://www.antilibros.blogspot.com/>

Más Matías Capella y Siro Bercetche.

Intelectuales y artistas ponen en escena sus manifiestos estéticos, políticos y existenciales. Los invitados tendrán la libertad de confeccionar textos en los que manifiesten sus creencias o desarrollar una performance artística en la que sienten las bases de su producción. De este modo tomarán una posición frente al mundo, frente a la realidad, frente al arte.
Coordinan: Diego Erlan / Hernán Vanoli

Manifiesto
Género político por naturaleza, más allá de su contenido, el manifiesto implica el deseo de proponer, trazar fronteras, prometer y volver a ordenar el mundo, confiados en la potencia del propio lenguaje. En épocas donde el nihilismo ocupa todos los discursos, decir Manifiesto implica jugarse, implica decir «en esto creo».
Si la vorágine digital y la sobreoferta de escrituras parecen devorar cualquier principio de individualidad, nosotros invitamos adecir: Manifiesto. Grito al aire o microdenuncia cotidiana, el ciclo propone revisitar acciones artísticas, políticas, relacionales, donde la fiesta de su declamación permita que los diferentes manifiestos de músicos, artistas y escritores nos sumerjan en las aguas correntosas de su poética de la transformación.

Barcelona 169

jueves, 10 de septiembre de 2009

No es gracioso

Nos entrevistaron a Pablo y a mí y publicaron unos dibujos de Mariano en Los Inrockuptibles de septiembre. La nota, acá.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Volver a Queen


En los últimos tiempos estoy descubriendo que casi todos los discos “malos” de Queen son entre buenos y buenísimos. Los fans más puristas suelen coincidir: la banda se vino abajo después del extraordinario The Game. Yo mismo creí en este sofisma hasta entrado el siglo XXI, cuando pegué en la Facultad un MP3 con la discografía completa. Es increíble la cantidad de huecos en mi formación como oyente de música que han llenado en estos años las discografías en MP3. Ahora me siento culpable por haber abandonado durante tantos años. Es que en 1982 salió Hot Space y todos creímos que se había terminado todo. Ni "Under Pressure", con el mismísimo David Bowie, alcanzaba para salvarlo. Uno podía pensar,incluso, que si habían tenido que llamar a Bowie para hacer el único tema como la gente de todo el disco, es porque estaban en el horno. Ahora descubro que no era para tanto. The Works, el siguiente, es un buen disco: el mismo boxeador que parecía noqueado en el round anterior, se levantó para seguir peleando y embocó unas cuantas buenas piñas. A Kind Of Magic, en cambio, es buenísimo: ahora el boxeador domina la pelea y la secuencia "Friends Will Be Friends"- "Who Wants To Live Forever"- "Gimme The Prize" es un punto alto para cualquier persona con cierta sensibilidad rockera. Yo crecí entre discos de rock, trabajé en tres revistas de rock, viajé a otros países a ver conciertos de rock y sin embargo tuvo que pasar casi un cuarto de siglo para que escuchara con la atención que se merece un disco tan importante. Y lo más loco es que yo era fan de Queen. Todavía tengo que escuchar con esa misma atención The Miracle e Innuendo (las primeras escuchas tímidas permiten inferir que Innuendo…¡ también está buenísimo!), pero no me hace falta escucharlos para saber que me equivoqué. Siento lo mismo que uno siente cuando se reconcilia con un amigo después de haber estado distanciados durante años: me dedico a disfrutar otra vez de su compañía, no le cuestiono nada, le compro todo. Ya habrá tiempo para matizar un poco. Como dice César Aira:
Para mí lo que vale es el autor, no El castillo o El proceso sino Kafka como obra, como “vida-obra”. Esa es mi forma de tomar las impurezas: no tomar al libro como tal. Saer era un caso extremo de esos cortes. Decía que le gustaba, por ejemplo, El castillo, y tal otro libro no; a mí eso me hace sentir una especie de mutilación. No me gustaría que hicieran eso conmigo, que tomen tal libro y que dijeran: “los primeros siete capitulos sí, los restantes no”. Preferiría que me tomen en bloque, con las impurezas.
El primer disco que me compré en mi vida fue Una noche en la ópera, a los nueve años. El día que lo compré había pasado el velatorio o el entierro de mi tío Tito y mi casa estaba llena de deudos a los cuales yo les hacía escuchar una y otra vez "Rapsodia bohemia". Fue un momento involuntariamente épico: mi madre lloraba la muerte de su hermano mientras sonaba de fondo Mamma Mia Mamma Mia. En febrero de 1981, cuando Queen vino a la Argentina, yo no había cumplido once años. Mi hermano del medio los vio en la cancha de Vélez. Mi hermano mayor viajó solo, con y sin acento, para ver el concierto en Mar del Plata. Yo fui el único de los tres hermanos que no los vio. Mi hermano del medio tenía su programa organizado, con amigos, novia, no sé, no me importa. Mi hermano mayor no tenía problemas en llevarme a Mar del Plata, pero mi padre se opuso. Le parecía que yo era muy chiquito para semejante aventura y quizá no confiara en la capacidad de mi hermano mayor para cuidarme, aunque mi hermano mayor para entonces ya tenía dos hijas. Escuché el concierto de Vélez por la radio de nuestro centro musical Marantz plateado, lo grabé y días después le puse como tapa al cassette la entrada sepia usada que me regaló mi hermano del medio. Los periodistas Fernando Bravo y Carlos Barulich transmitieron el concierto. Vaya uno a saber dónde estará aquel TDK de 90, pero nunca olvidé la siguiente “escena”, si es que se puede llamar así a algo que uno oye:

FREDDIE MERCURY: … Brian May on the piano…
FERNANDO BRAVO: ¿A quién presentó, Carlos?
CARLOS BARULICH: Presentó a John Deacon.

Cuando Queen vino a la Argentina, recién había salido la banda de sonido de Flash Gordon, que tenía dos temas perfectos (el primero y el último) y una música incidental que era buenísima para la película, pero un poco embolante para escuchar por sí sola. Yo lo compré importado en la disquería del barrio: aún recuerdo el relieve del título, el celofán, pero sobre todo el perfume especial que tenían los discos importados. Después vino el desencanto: salió Hot Space, la prensa coincidió en catalogarlo como un desastre y escuché por ahí algunos temas sueltos que así parecían confirmarlo. Desde entonces no le di más bola a Queen: quiero decir, seguí escuchando los discos que ya tenía: sobre todo Noticias del mundo, Una noche en la ópera y The Game, y entre esos tres, sobre todo The Game. Mi hermano mayor opinaba que The Game era un gran disco y que sin embargo anunciaba la decadencia de la banda. Mi hermano mayor era un fan del rock progresivo y un disco tan llano como este le hacía pensar en un Queen vendido al sistema, pop, comercial, etc. Por estúpido que parezca en el siglo XXI, en la perspectiva de los rockeros argentinos de los 70 los discos y los grupos eran o “progresivos” o “comerciales”. Es decir, o habían transado con el sistema o se le oponían tenazmente. Para muchos, The Game fue el disco en el cual Queen transó con el sistema. Para mí fue, en cambio, el disco que tenía nuevos lentos para bailar con las nenas de sexto grado, nuevos lentos para sumar a "Love Of My Life", como "Play The Game" o "Save Me". Y "Crazy Little Thing Called Love" fue el tema que me invitó a averiguar quién había sido Elvis Presley.
En 1985, Queen pasó cerca. Quiero decir, tocó en el festival Rock In Rio. Yo les había perdido un poco el rastro, pero pensé que los veía entonces o no los veía nunca más. Le propuse a mis padres que me tomaran como cadete en su negocio. Aceptaron. Habían terminado las clases o algo así. Yo necesitaba plata para ir a Rio. Cuando mi padre se enteró que yo quería ir me preguntó si estaba en pedo. Entonces dejé de trabajar como cadete. Ahora comprendo que en el lugar de mi padre yo hubiera hecho lo mismo: si tuviera un hijo que aún no cumplió los 15, no lo dejaría ir solo a Rio, y menos a ver un megafestival de Rock. Quizá por eso hice bien en no tener hijos: la transferencia de miedos es acaso la parte más desagradable del paquete de la paternidad.
Pasaron los años y no le di más bola a Queen. Seguí escuchando de tanto en tanto los viejos discos, me compré Queen, el primero, supe de los temas de difusión cuando los pasaban por la radio, me apené con la muerte de Freddie y me hinché las bolas con esas apariciones ridículas de esa entelequia de Queen-sin-Freddie. Está claro que muerto Freddie se terminó todo: ahora da lo mismo que contraten a Mauricio Macri como cantante si quieren… Pero los discos de Queen –entendiendo el nombre como el que remite a la banda de Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor– han vuelto a acompañarme con regularidad. Aprendí que cualquier disco “malo” de Queen es buenísimo al lado de la mayoría de los discos de los demás y es mejor que cualquier disco “bueno” de muchos. Hace poco vi en una librería el primer libro de Brian May. Lo escribió con Patrick Moore y Chris Lintott y se llama Bang! La historia completa del universo. Está bien: por algo se empieza… Quizá eso mismo sea lo que me conmueve de Queen. Si te proponés contar la historia del universo en un libro de 192 páginas, es natural que pretendas conquistarlo con tu banda de rock. Y es natural que lo logres.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Día de la historieta por dos


Al hípercierre de anoche, supe que, además de la celebración de la Biblioteca Nacional -que comienza a las 15, con la participación de Paco y Oliverio en algún momento entre las 17 y las 18- el Día de la Historieta se celebra también en el Centro Cultural Plaza Defensa, Defensa 535. Allí, las actividades comienzan a las 14 y -novedad de ultimísimo momento- Paco y Oliverio también serán de la partida, a partir de las 15. Vamos a romper todo. La foto es ideal para ilustrar la ocasión, ya que Paco y Oliverio se hallan en la residencia del amigo Langer.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Paco, Oliverio, Oesterheld y Solano López

Paco y Oliverio celebran el Día de la Historieta. Viernes 4 de septiembre. En la Biblioteca Nacional. A eso de las 5 de la tarde.