viernes, 9 de abril de 2010

Carlos González

Una vez, a fines del 2007, fui a pasar el día con mi familia al Polideportivo del club Lanús. No hacía mucho tiempo que el Grana había salido campeón. Cuando llegué, me enteré que alguien había decidido organizar en uno de los quinchos un festivo asadito para los socios que se acercaran. Me acerqué a garronear un choripán: el señor canoso, amabilísimo, que atendía la parrilla y cortaba los panes, me preguntó si quería el chorizo a punto o bien cocido. Lo reconocí, no sin cierto asombro: era Carlos González, cuatro veces presidente de Lanús. Entendí todo: para el hombre que me preparó y sirvió el choripán, el club era su casa; los socios, su familia. González agarró un club devastado y empezó a laburar y a laburar y a laburar. Lanús le debe mucho de su increíble crecimiento. Carlos González, un extraordinario dirigente, murió ayer por la tarde. Lo vamos a extrañar.

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